Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

Papá cannábico

La periodista Camila Bello informó hace unos días en El Observador que, a mediados de junio, una bebé de menos de un año ingresó a la emergencia del Pereira Rossell con convulsiones. Los exámenes realizados determinaron que la sustancia que originó ese cuadro neurológico fue el cannabis.

La periodista Camila Bello informó hace unos días en El Observador que, a mediados de junio, una bebé de menos de un año ingresó a la emergencia del Pereira Rossell con convulsiones. Los exámenes realizados determinaron que la sustancia que originó ese cuadro neurológico fue el cannabis.

La madre interpretó el diagnóstico como una acusación y se fugó del hospital con la bebé. Con la ayuda de la Policía, los médicos del Pereira lograron ubicarla, para que la internara de nuevo.

El hecho, según el subdirector del centro hospitalario, Dr. Gabriel Peluffo, no fue una excepción. Contó que en lo que va de 2017 ya recibieron diez niños intoxicados por la misma sustancia, más de uno por mes, una cantidad que “no está lejos de lo frecuente”, ya que por año se internan por dicha causa unos veinte. Peluffo explicó que el consumo recreativo de marihuana está extendido entre los padres que llevan a sus hijos, y que si bien no se constatan casos en que se la provean directamente, existen varias vías accidentales de intoxicación, como su consumo por parte de la madre durante la lactancia, o incluso porque los niños que empiezan a caminar, ingieren las colillas que sus progenitores dejan tiradas…

En el mes en que supuestamente la droga será vendida en farmacias, se suma esta nueva perla al collar de barbaridades que motiva la ley del porro.

En un país que hizo escuela en el mundo con el combate al tabaco, lograron lo imposible: naturalizaron tanto el consumo de cannabis y bajaron con tanta eficacia su percepción de riesgo, que dentro de los hogares hay padres enfermando a sus propios hijos.

Los infaltables activistas pro cannabis, que suelen hablar más con la adhesión emocional que con el raciocinio, incendiaron las redes sociales. Desde la ya habitual acusación a “la prensa de la derecha”, hasta los manidos argumentos de que el alcohol y los psicofármacos también hacen mal, pasando por el rimbombante “no al narcotráfico”, nada falta en el repertorio de excusas ya conocido con que pretenden tapar lo obvio. Porque las campañas que prometía la ley, hoy brillan por su ausencia. Hicieron una sola en que las advertencias sanitarias se susurraban casi con vergüenza, para dar paso a encendidos discursos justificatorios del desastre.

Mientras tanto, en las cajillas de tabaco aparecen imágenes muy chocantes, siguiendo una política de comunicación altamente compartible. Pero en cambio, los porros estatales no vendrán con la foto de un bebé intoxicado, al contrario: acumularán puntos en San Roque.

Sé que hacer leña del vicepresidente Sendic es la práctica de moda en estos días. Pero tengo la sensación de que este tema es mucho más serio, por menos obvio e indicativo del manso acostumbramiento, la aceptación pasiva y resignada que estamos teniendo los uruguayos, que nos incapacita para enmendar las cosas mal hechas. Y eso vale tanto para el más humilde de los ciudadanos como para el Presidente de la República, cuyo innegable compromiso personal con la promoción de salud hacía esperar otra actitud. Por lo menos debió derogar el dislate de la distribución en farmacias y liderar una verdadera campaña de desestímulo al consumo. No lo hizo, tal vez por un internismo político minúsculo, que él bien sabe que no importa más que una veintena de niños internados por año en un solo centro asistencial.

Pero aún está a tiempo. Los que ya perdimos la mansedumbre, aguardamos.

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