Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

Nada Land

En su mensaje del primero de marzo, el presidente Vázquez se refirió a un nuevo Plan Nacional de Cultura, de futura aplicación. Que esa haya sido la única noticia relevante en el área resultó descorazonador. ¿Hacía falta perder un año entero preguntándose qué hacer con este tema, como si no estuviera más que claro?

En su mensaje del primero de marzo, el presidente Vázquez se refirió a un nuevo Plan Nacional de Cultura, de futura aplicación. Que esa haya sido la única noticia relevante en el área resultó descorazonador. ¿Hacía falta perder un año entero preguntándose qué hacer con este tema, como si no estuviera más que claro?

Estudios realizados por el MEC sobre las industrias culturales son contestes en la importancia de la producción audiovisual como generadora de riqueza y empleo. Menguados subsidios estatales, como los del FONA y el ICAU, contrastan con la generosidad con que el dinero de los contribuyentes subvenciona a la industria cervecera y las carreras de caballos. Lo más curioso es que desde hace más de cinco años, en el parlamento duerme y ronca un megaproyecto de inversión que no nos costaría un solo peso y significaría un poderoso estímulo al sector del cine, catapultándolo al mundo.

Se trata de la creación en Maldonado de una zona franca audiovisual, en torno a un parque de sets de filmación denominado “Punta del Este Film Studios”.

Contra viento y marea, la viene luchando el empresario Nicolás Aznárez, que ha proyectado esa construcción con el apoyo de inversores privados, sobre un predio total de 30 hectáreas, capaz de atraer a productoras de todo el mundo para filmar en nuestro país. La inversión final se estima en 150 millones de dólares y solo falta que el sistema político tome un par de decisiones: aprobar el marco legal que permita echarla a andar y autorizar la exoneración de impuestos. Como ha explicado Aznárez, las empresas internacionales necesitan dicho estímulo no para ahorrar dinero, sino para optimizar sus costos de producción.

Está más que claro que los beneficios que traerá al país la oportunidad de rodar películas y series, superan la renuncia fiscal: ingreso de divisas, creación de fuentes de trabajo, demanda de servicios (hoteles, gastronomía, transporte) y hasta la promoción del país ante el mundo. No es casual que la idea haya sido avala- da por la Dirección del Cine y Audiovisual Nacional (ICAU), la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA), GremioCine, productores locales y hasta la Liga de Fomento de Punta del Este.

Ha trascendido además que cuenta con la anuencia y entusiasmo del equipo económico. Pero por las discusiones internas del oficialismo está encajonada desde hace un lustro.

Han sido escasas las coproducciones internacionales que pudo captar Uruguay. Se recuerdan Blindness, Miami vice, The Informers, la reciente serie de HBO El hipnotizador e incluso la temporada de Curro Jiménez, que Sancho Gracia trajo a Uruguay hace más de una década, guionada por el inolvidable Taco Larreta.

En todos esos casos, inversores extranjeros dieron trabajo a actores y técnicos uruguayos, cuya capacidad y talento los han posicionado competitivamente a nivel internacional. Es fácil imaginar cuántos proyectos más de este tipo existirían con un simple incentivo fiscal, que se otorga en cambio tan prestamente cuando de celulosa se trata.

El gobierno desaprovecha además la oportunidad única de volcar recursos genuinos al desarrollo del sector local, tanto por el derrame de la inversión externa como por el pago del canon de zona franca que dejaría el emprendimiento.

Ya perdimos cinco años. ¿Somos tan lentos o alguien está apostando a que esto no salga? Es hora de que lo expliquen fuerte y claro.

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