Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

Encuentro populista

Hace unos días, el politólogo Adolfo Garcé arriesgaba una recomendación de posicionamiento estratégico para la oposición, en su columna de El Observador. Llamado a elegir entre dos enfoques alternativos —el de la similitud o el de la diferencia respecto a la propuesta ideológica del FA— Garcé se inclinaba resueltamente por el segundo. Partía de la idea de que "de acuerdo al enfoque de la similitud, para capturar frenteamplistas desengañados, la oposición tiene que articular un discurso centrista, moderado, inclinado a la izquierda, con tonalidades frenteamplistas", citando como ejemplos de esa dirección la "entonación socialdemócrata" del batllismo y el wilsonismo.

Pero en cambio, su preferido enfoque "de la diferencia", pondría a la oposición en el rol de "no ajustar su discurso a las preferencias de los votantes del FA más centristas sino en modificarlas, persuadiéndolos de optar por políticas públicas market-friendly".

El aporte parece ideológicamente coherente pero, según mi humilde opinión, no se ajusta a la realidad política. Porque parte del prejuicio de que el posicionamiento del FA es el de un "enorme esfuerzo en el plano de las políticas sociales", con el Estado cumpliendo "un papel decisivo a jugar en el bienestar de los ciudadanos". Y eso, que puede ser un objetivo programático del oficialismo, está lejos de verificarse en los hechos.

Lo más conveniente para la coalición que gobierna el país desde hace doce años es una oposición poniendo en entredicho la concepción socialdemócrata de la gestión pública y reivindicando un liberalismo a ultranza. De esa manera podría seguir anatematizando a la "derecha neoliberal e insensible", para justificar sus sonados desaciertos de gestión e irregularidades con visos de ilicitud.

Porque si algo ha demostrado el gobierno del FA, sobre todo en el período Mujica, ha sido el uso dispendioso de los recursos y el aumento sin pausa de los empleados públicos, sin resultados de gestión que los justificaran. También consolidó una mentalidad pobrista, a través de políticas de educación pública que en lugar de estimular la movilidad social, la bloquearon, y un asistencialismo que mejoró niveles de ingreso pero cercenó oportunidades de autorrealización. ¿Eso es "entonación socialdemócrata"? No, doctor Garcé, eso es populismo. Un manejo irresponsable de la década de bonanza, que no se tradujo en mejor educación, salud, seguridad, infraestructura e inserción internacional, sino en clientelismo, impuestazos, ambulancias de ASSE, carguitos en ANEP, regasificadora y Antel Arena. De su loable intención de ser "un encuentro progresista", con los años el FA ha devenido en una máquina de poder, que conjuga a algunos socialdemócratas bienintencionados con no pocos neoliberales travestidos y unos cuantos populistas de ocasión.

Asignar a los partidos opositores el rol de defender la visión liberal de los años 90 puede ser justo en teoría, pero un total y absoluto desacierto en la práctica. Porque no hay que ser experto en marketing político para comprender que los partidos no están para defender el pasado sino para diseñar el futuro, y que lo que podía ser válido hace veinte años no tiene por qué trasplantarse acríticamente al presente.

El camino para Uruguay, como desde hace un siglo, es el de la socialdemocracia. Pero no una repartidora de cargos y prebendas, sino una en serio: económicamente sustentable, austera y promotora de oportunidades.

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