Frank Bruni
Periodista norteamericano
Frank Bruni
- 10 enero 2015
Jeb y Hillary; Hillary y Jeb. La cosa está llegando al grado de que la mención de uno suscita la referencia a la otra, en que los dos son semánticamente inseparables y se conjugan presidencialmente. ¿Deberemos dar un paso más, ahorrarnos algunas sílabas y teclazos? Ya muchos están vislumbrando la contracción onomástica para el 2016: Jebary. O, de forma aun más económica, Heb.
La fascinación con esta pareja como posibles rivales para la Casa Blanca es perfectamente lógica pues desafía el sentido común. Estamos hablando del mañana traficando con nombres del ayer. Estamos diciendo que debemos darle vuelta a la página para regresar a un capítulo anterior.
Somos un país de auto-invención (al menos eso dice el mito), esclavo de los legados y bajo el dominio de dinastías, absorto por el apellido más poderoso en la política demócrata moderna y por su análogo republicano, imaginando no solo un choque de titanes sino una refriega entre los sucesores.
Sería una repetición de la contienda
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