Javier García
Diputado del Partido Nacional
Javier García

Bonomi, el peor ministro

Los ministros y todos los jerarcas no deben ser evaluados en virtud de sus discursos ni de las excusas, sino por sus resultados. El ministro Bonomi se transformó en un gran acusador, usando su dedo índice para señalar a todos. Todos tienen la culpa de la inseguridad, menos él.

Por su dedo acusador pasó, obviamente, la oposición que crea alarma pública, pasó la Justicia, pasó el Comisionado Parlamentario, pasó por supuesto la prensa, pasó hasta la luz solar porque una vez explicó en el parlamento que había más delitos en verano porque los días eran más largos y había más ocio y la gente se tomaba alguna copa de más y se ponía violenta. No quedo nada ni nadie como excusa de su incapacidad de gestión.

Al ministro Bonomi hay que evaluarlo, como a cualquiera, teniendo en cuenta las herramientas con que cuenta para su trabajo. Y a este ministro no le ha faltado nada de lo que necesita. Tiene las dos cosas que todo funcionario quisiera tener: por un lado mayorías parlamentarias propias que le dan la posibilidad de tener cuando quiera y en el tiempo que quiera sin tener que negociar nada con la oposición las leyes que necesite.

Y además tiene todos los recursos económicos que pidió. No se le puede pedir lo mismo a quien cuenta con esto que a quien lo hace sin dinero o con conflictos políticos. Contando con estas dos cosas Bonomi batió récord en su ministerio de índices de violencia.

Bajo su mandato se registra el mayor número de homicidios y de rapiñas que se recuerde. No asume que él está en lo más alto de una pirámide jerarquizada como la Policía y que hay un viejo principio que dice que se delega el mando, pero nunca la responsabilidad.

Los políticos, los gobernantes, tenemos más responsabilidades que derechos. Bonomi hace jugar sus derechos pero a la hora de las responsabilidades anda de dedo acusador sacándose el lazo. Cuando hace esto pierde autoridad, de la cual salvo por su capacidad de sancionar ya no le queda nada.

Puede infundir temor a sus subalternos, pero no autoridad. Esto último es para quienes asumen la responsabilidad no para quienes huyen de ella. Es muy “valiente” para destituir a comisarios, pero no para hacerse cargo de lo que le toca.

A un comisario que es jefe de una comisaría donde no se envió un patrullero a una rapiña lo remueve pero él, que está a cargo de un ministerio que debe garantizar derechos esenciales como la seguridad de las personas, no asume su fracaso. No infunde respeto porque para tenerlo hay que saber conducir una fuerza como la Policía, liderarla y respaldarla en el marco de la ley y no tenerle rencor a sus subalternos y menos faltarles el respeto.

No se puede ni se debe respaldar lo que está fuera de la ley pero tampoco dejar de responsabilizarse de un mando que en última instancia es de él, aunque lo delegue a sus subalternos. Desde que es ministro anunció varias reformas de la Policía y pasaron distintos jefes, pero la cosa va de mal en peor. ¿No asumió que el que no da la talla es él?

Pensamos durante mucho tiempo que en estos gobiernos del FA entre el ex ministro Díaz y su liberación de presos y la ex ministra Tourné se llevaban las palmas. Pero no, el peor ministro de Interior es Bonomi, no sólo del FA, sino desde la restauración democrática.

Los números trágicos de la violencia en Uruguay son dramáticos y son de su responsabilidad política. De ellos no puede huir.

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