LA PERSPECTIVA DE CHINA

Xi manda en la potencia que crece

Ingeniero químico, de 64 años, apodado “Tío XI” y casado con una cantante.

Xi Jinping asume enormes responsabilidades en la conducción de una potencia. Foto: Reuters
Xi Jinping asume enormes responsabilidades en la conducción de una potencia. Foto: Reuters

Acaba de obtener sin sorpresas, el miércoles pasado, un nuevo mandato a la cabeza del Partido Comunista Chino (PCC), y por lo tanto de China: Xi Jinping, de 64 años, consolidó y ratificó rápidamente la autoridad que ejerce desde su llegada al poder a fines de 2012.

Omnipresente en los medios, Xi es presentado como el rostro tranquilizador de un país actualmente seguro de sí mismo y que mira hacia el futuro soñando con "un gran renacimiento", tras un siglo y medio de declive y humillaciones infligidas por los occidentales.

"Representa lo que los chinos quieren en términos de gobierno: un país bien dirigido, una China fuerte y respetada", observa el sinólogo Jean-Pierre Cabestan, de la universidad Bautista de Hong Kong.

De rostro redondo y oronda figura, el hombre fuerte de Pekín, apodado afectuosamente "Tío Xi" por los medios y el gran público, a veces es comparado con el fundador del régimen, Mao Zedong (1893-1976), por el culto que se le rinde y el poder que acumula.

Secretario general del PCC, presidente de la República Popular y de la Comisión Militar Central, Xi Jinping cumple todas estas funciones al frente de la segunda potencia económica mundial.

Los múltiples cargos reflejan su estatus como uno de los líderes modernos más infuyentes de China. Sin duda, su título más importante es el de Secretario General, la posición más poderosa en el Partido Comunista. En el sistema de partido único, esa jerarquía le da autoridad casi sin límites sobre el gobierno. Ha usado su estatus para librar una campaña devastadora contra la corrupción, que es la marca de su gestión: en los últimos cinco años, más de un millón de directivos han sido sancionados y otros están entre rejas. Hay quienes sospechan que esta campaña trata de encubrir una purga de la oposición interna.

En su calidad de máximo jerarca de la Comisión Militar Central, Xi supervisa a las Fuerzas Armadas y los asuntos de seguridad, como pilares del poder del Partido Comunista. Ha buscado nuevas maneras de demostrar su seria intención de construir una fuerza militar moderna que pueda rivalizar con otras potencias, sobre todo con Estados Unidos.

Asimismo, encabeza la Comisión de Seguridad Nacional, que tiene amplios poderes sobre la política interna y externa, incluyendo las leyes de contraespionaje.

Casi cotidianamente, su figura abre el gran telediario de la noche: recibiendo a dirigentes extranjeros, discutiendo con ciudadanos corrientes o brindando un discurso en una asamblea de directivos de empresas, quienes lo aplauden con frenesí.

Su omnipresencia mediática recuerda el más puro estilo soviético, todo ello acompañado por un retorno de la ideología, la propaganda y la represión contra quienes amenazan la estabilidad, empezando por las redes sociales, estrechamente vigiladas.

Rumbo.

"Xi Jinping se presenta como el anti Gorbachov. Es alguien que quedó traumatizado por la caída de la URSS, lo que explica la represión de la sociedad civil y el retorno de la ideología tras su llegada al poder", según analiza el periodista François Bougon, autor de un reciente libro sobre el dirigente chino.

"Si nos desviamos del marxismo, o lo abandonamos, nuestro partido perderá su alma y su rumbo", advertía Xi el mes pasado, como si su partido no hubiera dado gigantescos pasos hacia la economía de mercado desde fines de los años 1970.

Xi Jinping nació en un entorno acomodado. Es hijo de Xi Zhongxun, uno de los fundadores de la guerrilla comunista y perteneciente a la casta de los "príncipes rojos", descendientes de los revolucionarios que llegaron al poder en 1949, antes de ser purgados por Mao.

Intentó hacer olvidar estos orígenes y cultiva una imagen de dirigente cercano al pueblo. La prensa oficial insiste en su vida en el ámbito rural durante la "revolución cultural" (1966-76), cuando vivía en una gruta.

Al final de los disturbios de la era maoísta, Xi Jinping se diplomó como ingeniero químico en la prestigiosa universidad de Tsinghua en Pekín aunque acabó haciendo carrera en el aparato del partido, en el que entró con apenas 21 años.

El presidente chino ya conocía entonces Estados Unidos: estuvo en Iowa en 1985 para estudiar agricultura.

Xi Jinping fue gobernador de Fujian en 2000 y jefe del partido en Zhejiang en 2002, dos provincias costeras que son un escaparate de la China reformista. El presidente Hu Jintao recurrió a él en 2007 para pedirle que pusiera orden en Shanghái, donde el jefe del partido había caído por un escándalo de corrupción. Ese mismo año, Xi Jinping entró en el comité permanente del buró político, cenáculo del PCC, a cuyo mando se puso en noviembre de 2012.

Divorciado, en 1987 se casó con la cantante Peng Liyuan, por aquel entonces mucho más famosa que él. El matrimonio tiene una hija.

escándalo mundial

Logra cada vez mayor influencia.

Ninguna parte del mundo parece demasiado pequeña, cercana o lejana para el presidente trotamundos de China, Xi Jinping. Ha viajado a las diminutas islas Fiji en el océano Pacífico, recorrido las naciones vecinas de Asia Central y expresado su interés en la Antártida en una visita a Tasmania, cerca de la costa sur de Australia. Este mes, envió buques de guerra chinos a atracar en Londres, como un recordatorio de los enormes cambios que se han producido en el mundo desde que la diplomacia británica de los cañones humilló a China en el siglo XIX.

Al centro de sus ambiciones se encuentra la gran decisión de devolver a China al lugar que considera merece como potencial global.

Xi ha tenido gran éxito ampliando la esfera de influencia de su país, no solo en Asia, sino también en África, Europa y Sudamérica. Ha aprovechado la elección del presidente Donald Trump, que le facilitó la tarea de presentar a China como una opción estable y responsable.

El frente externo es complejo.

La política exterior que aplica Xi Jinping ha provocado algunas fricciones, como en el caso de Australia, cuyo gobierno cuestiona algunas acciones de China como interferencia en la política interna. En Europa, los políticos alertan por las agresivas tácticas comerciales que ha puesto en marcha al adquirir tecnología extranjera. Las relaciones con Japón e India siguen tensas y Xi enfrenta una situación precaria en la península de Corea, pues tanto Corea del Norte como Corea del Sur lo han desafiado.

De cualquier manera, en el discurso ante el Congreso del Partido Comunista, Xi dio a entender que aumentaría las inversiones para impulsar a China a ser un gran país a nivel mundial, para que el Ejército se convierta en un combatiente de primera línea con alcance global y para su programa de infraestructuctura en el exterior, el llamado proyecto del "Cinturón y la Ruta de la Seda".

Las potencias en ascenso siempre enfrentan resistencia. En el caso de China, la resistencia es de Occidente y también de algunos vecinos.

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