ZARPAZOS CRIMINALES

Vidas segadas por la saña terrorista

Historias de algunas de las 247 víctimas, de 26 nacionalidades asesinadas en dos semanas.

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"Describir este dolor es imposible", dijo Michel Visart tras el asesinato de su hija. Foto: Reuters

El ritmo y alcance de las matanzas marean. Unos 300 integrantes de diferentes familias destrozadas por las explosiones de bombas cuando celebraban el final de Ramadán, en Bagdad. Cuarenta y nueve muertos en el aeropuerto de Estambul, 40 más en Afganistán. Nueve italianos, siete japoneses, tres estudiantes en universidades estadounidenses y una mujer salvajemente agredida en el distrito diplomático de Dhaka, Bangladesh. Los cuerpos se amontonaron en un ómnibus en Somalia, en una mezquita y en un video club en Camerún, así como en un santuario situado en Arabia Saudita.

Esas matanzas ocurrieron en solo una semana, en lo que parece ser una interminable corriente de ataques terroristas. Después siguieron Orlando, Beirut, París, Niza y St. Etienne-du-Royvray, en Francia, Alemania, Japón y Egipto. Cada bomba o cada bala degarrando hogares y comunidades.

Detuvimos el reloj en dos semanas de marzo de este año cuando hubo ataques con amplia repercusión, en lugares en los que casi se han convertido en rutina. En ese periodo contamos 247 hombres, mujeres y niños asesinados por extremistas islamistas en matanzas masivas perpetradas contra objetivos civiles en seis países.

Ocho parejas fueron asesinadas. Muhammad y Shawana Naveed llevaban tres meses de casados y salieron a caminar por un parque de Paquistán en una jornada dominical.

Stephanie y Justin Shults, contadores que se conocieron en la Universidad Vanderbilt y vivían en Bruselas, habían dejado a la madre de ella en el aeropuerto.

Zeynep Basak Gulsoy y Nusrettin Can Calkinsin, los dos de 19 años y estudiantes de Derecho, retornaban a su hogar después de haber ido al cine. Se conocieron en el liceo. "Nunca te dejaré solo", escribió ella en un anuario. "Siempre estoy a tu lado y seguiré contigo". Ahora, estan sepultados en tumbas contiguas.

Ellos fueron dos de los 36 asesinados en una plaza pública en Ankara (Turquía), el 13 de marzo. Esos crímenes abrieron dos semanas sangrientas.

Queríamos ver las conexiones y aspectos distintos entre las víctimas, pero también para profundizar las consecuencias del terrorismo que define a nuestro tiempo. Contamos 1.168 familiares directos que sobreviven, 211 personas que perdieron a uno de sus padres y 78 que se quedaron sin el conyuge.

"Esto es dolor que no podemos describir", dijo Michel Visart, cuya hija Laurie fue asesinada en la explosión en la estación del metro de Bruselas.

"Mi hijo era la vela que iluminaba el hogar", señaló Khaleel Kadhum, quien había mudado a su familia de Baghdad a una zona relativamente segura del Sur de Irak, pero su hijo Ahmed encontró al terrorismo allí. "La vela fue apagada y la felicidad de la familia desapareció".

Terrible.

La víctima de más edad fue Sevinc Gokay, un funcionario público jubilado de 84 años, quien murió en Ankara. Los más jóvenes ni siquiera habían nacido: dos mujeres embarazadas fueron ultimadas con los bebés que estaban gestando; una tercera, Songul Bektas, sobrevivió pero perdió el embarazo en el tercer trimestre. Su marido dijo que les informaron que hubieran tenido una niña, a la que le pensaban dar el nombre de Elif, que en turco significa delgada y alta.

Hubo 17 víctimas que tenían diez o menos años, y 27 de entre 11 y 17 años.

Ahmed Aasim Abdulkhuder, de 10 años, fue uno de los chicos que murió en la explosión provocada por un atacante suicida en un estadio de fútbol de Irak, Su madre, Ibithal, dijo que su hijo era fanático de Barcelona y habitualmente se vestía con los colores de ese club. Murió mientras llevaba la camiseta de Barcelona, que era una de las cosas que más quería.

Una de las víctimas del ataque terrorista en el metro de Bruselas fue Loubna Lafquiri, de 34 años, profesora de gimnasia, con tres hijos, oriunda de Molenbeek, la misma zona donde vivía Saleh Abdeslam, uno de los sospechosos de los ataques contra París, en noviembre de 2015.

"Molenbeek no es solo Saleh Abdeslam", dijo Mohamed El Bachiri, el marido de Lafquiri. "Molenbeek también es Loubna Lafquiri".

Entre las 247 víctimas de las dos semanas de marzo analizadas, hubo estadounidenses, chinos, congoleños, franceses, alemanes, israelíes, libaneses, macedonios, peruanos y polacos. En total, 26 nacionalidades. La mayoría murió a menos de 16 kilómetros del lugar donde residía. Pero, el ciudadano chino Deng Jingquan estaba en el aeropuerto de Bruselas, a más de 11.000 kilómetros de su hogar, cuando se produjo el ataque terrorista.

Las víctimas en las dos semanas incluyeron a músicos, académicos, docentes, funcionarios policiales, mozas de bares, amas de casa, agricultores y estudiantes.

Apuntan a judíos y cristianos, pero también mueren 151 musulmanes.

Hay judíos, cristianos, ateos y un hindú entre las víctimas de las dos semanas de marzo, pero 151 de las personas que murieron (61%) eran musulmanes, igual que sus asesinos. Un grupo Talibán que reivindicó el atentado en el parque de Lahore (Paquistán), dijo que tenía a cristianos como blanco. Pero, la mayoría de las personas que mataron eran musulmanas, como es el caso de Zubaida Amjad, de 40 años, quien conocía el Corán de memoria y le estaba eñsenando a recitar los versículos a su hija de doce años, Momina Ajmad. La niña también murió en el ataque.

Entre los muertos en otras zonas del mundo, están Abassi Quattara Moussa, Gervais Kouadio NGuessan y Hamed Diomande, quienes sirvieron en las fuerzas especiales de Costa de Marfil. Fabienne Vansteenkiste trabajaba en el mostrador de check-in en el aeropuerto de Bruselas, cuando atacaron los terroristas. Avraham Goldman, un estadounidense-israelí, fue asesinado mientras estaba de vacaciones en Estambul. Había sido propietario de una fábrica textil y después de retirarse, trabajaba como guía turístico.

Zainami Mustapha cortaba y vendía leña en Ummarari (Nigeria). Su compatriota Bamaina Usman compraba y vendía pollos. Jidda Muhammed, quien murió junto con ellos, se desempeñaba como herrero.

También está Ahmed Chandio, funcionario del departamento de irrigación de Paquistán, que murió en el parque de Lahore junto con tres de sus seis hijos.

ESCENARIOS SANGRIENTOS.

Salvó a su esposa, en último acto.

Entre las personas asesinadas por el terrorismo están algunas que tuvieron vidas llenas de logros, como es el caso de André Adam, un ex embajador de Bélgica ante Naciones Unidas, quien había visto las consecuencias de la violencia política durante su misión diplomática en Argelia y Congo. Sus familiares destacaron que su último acto fue proteger a su señora, Danielle, de la explosión en el aeropuerto de Bruselas. Ella sufrió graves heridas, pero sobrevivió.

Alrededor de la mitad de las 247 víctimas de las dos semanas de marzo murieron cuando estaban al lado de una persona que conocían. Jean Edouard Charpentier, de 78 años, un guardabosques jubilado oriundo de Francia, había terminado un paseo en bicicleta en Grand Bassam (Costa de Marfil) con su amigo Jean-Pierre Arnaud, de 75 años.

En el estadio de fútbol atacado, la mayoría había concurrido a ver un partido con amigos, hermanos o primos.

En Bruselas, Ankara y Estambul, los ataques terminaron vidas que se habían desarrollado en relativa seguridad. En Nigeria, Irak y Paquistán, donde el terrorismo y la violencia acechan en cada esquina, las familias comparten el dolor.

Al menos tres de los asesinados en una mezquita en Nigeria habían huido de zonas de su país donde la insurgencia era incontenible. Bukar Umar, un político en ascenso, dejó su poblado después que Boko Haram incendió su casa. Muhammed Hauwa, de 70 años, se instaló en Ummarari, donde encontró tierra fértil para su actividad de granjero y creyó que estaba bastante seguro.

Otro granjero, Bunu Modu, logró escapar después que extremistas lo ataron en su poblado natal y tenían planes de matarlo. Fue maestro de una escuela islámica con 10 alumnos, bajo un árbol.

En Nigeria, Muhammed Ali recuerda la última vez que vio a su padre, Ali Kolo, tres días antes de que fuera asesinado durante el rezo de la mañana en la mezquita de Ummarari. Habían transcurrido seis meses del fallecimiento de su señora y le dijo a su padre: "Me encantaría casarme de nuevo".

Las vidas segadas son de personas que esperaban un ómnibus, el metro o para tomar un vuelo. Algunos estaban en una playa, otros esperaban para recibir un trofeo en un partido de fútbol, rezaban o simplemente paseaban por un parque.

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