DESASTRES NATURALES

Vidas en desorden y con penurias

Habitantes de Puerto Rico siguen sin luz ni agua en medio de destrucción.

Habitantes de San Lorenzo, cruzan a pie un río, después que el puente fue destruido.. Foto: Reuters
Habitantes de San Lorenzo, cruzan a pie un río, después que el puente fue destruido.Foto: Reuters

En una isla de 3,4 millones de habitantes, donde el 90% de la red eléctrica está caída, el sistema de agua potable se encuentra comprometido y los soldados realizan incesante tarea de distribución de alimentos a las personas que pasan hambre en las montañas, David Díaz se toma un momento para despejar su cabeza, parándose sobre ella.

Díaz, un personal trainer de 37 años, hizo el movimiento de yoga con confianza en un manto de cesped frente a La Ocho, un lugar muy conocido donde rompen las olas en la parte antigua de San Juan. ¿Qué otra cosa podía hacer? Las vidas de sus clientes, como las de la mayoría de los habitantes, se encuentran en desorden. Nadie quiere pagar para hacer ejercicio estos días.

Diaz dice que, al menos, puede ir hasta ese lugar. "Uno encuentra paz interior", señala y enfoca "las cosas que uno valora más: los amigos y la familia. No hay tormenta que nos pueda quitar eso".

Dos semanas y media después que el huracán María devastó Puerto Rico y otras islas del Mar Caribe, un poco de vida ha retornado a San Juan, la ciudad capital fundada hace 494 años. Pero, es una vida que dista de ser normal. Las esperas de ocho horas para obtener nafta en los días siguientes a la tormenta ahora se han reducido a minutos. Pero, los negocios y el comercio siguen en desorden, muchos habitantes continúan careciendo de agua potable y energía eléctrica y obtener los productos esenciales muchas veces requiere conectarse con la antigua internet callejera del "cuchicheo".

Para quienes conocen La Habana, se siente un clima similar. Surgen los datos de una señal fuerte de Wi-Fi en algunos hoteles. Se pasan unos a otros la información de que hay hielo en un supermercado. También hay rumores de un vendedor del mercado paralelo que ofrece el precioso gasoil necesario para hacer funcionar los generadores eléctricos.

Si le pregunta a un chef cómo hizo para conseguir verduras frescas, lo más probable es que responda: "Conexiones".

La gratificación instantánea ha sido reemplazada por el arte de la espera. Unas dos docenas de personas acamparon cerca de un supermercado, con sus rostros cubiertos de transpiración. Una máquina de hielo producía cada media hora el contenido de dos bolsas. Muchos en la fila decían que hacía más de tres horas que esperaban. Un hombre ensayó una suerte de baile cuando el precioso producto llenó una bolsa.

"Hay que esperar por todo", señala Andrews Szorenyi, de 50 años, un videografista que observaba la escena y relató que creció en Hungría, en los tiempos del comunismo. "Me siento como en aquella era".

Szorenyi señala que optó por ir al supermercado, que tenía energía de un generador. para disfrutar del aire acondicionado durante un rato.

Sentimiento.

En San Juan, todos saben que la situación es mucho peor en el interior de Puerto Rico, donde los gobiernos locales se han esforzado para obtener alimentos y agua de los puntos de distribución del gobierno federal y entregarla ayuda a través de caminos bloqueados y convertidos en un barrial.

Por eso, no resulta sorprendente que algunos de los primeros indicios de normalidad hayan aparecido primero en San Juan, una ciudad de 395.000 habitantes y corazón cultural, político y económico de la isla. Después de la tormenta, la Gobernación impuso la prohibición de venta de alcohol. Fue levantada hace ocho días para alivio de muchos. Pero, en los últimos días se aplicaron prohibiciones de 19:00 a 21:00 horas y el miércoles hasta la medianoche.

En la capital, al levantarse la ley seca se desató una tradición de reunirse, cerveza en mano, frente a los comercios de conveniencia que funcionan las 24 horas. Iván Pérez, un chef de 42 años, terminaba una cerveza en una calle más oscura de lo habitual en el barrio de moda de Condado, rodeado de un grupo de jóvenes. Quedarse en casa no es una opción muy agradable, indica porque en su apartamento no hay energía ni tiene generador. Pero, se acerca la hora de la prohibición, y en ese momento no tendrá opción y deberá retornar a su hogar.

Mientras disfrutaban de la sociabildidad en la isla quebrada, Pérez reconoce cierto sentimiento de culpa por disfrutar de un momento frívolo de esparcimiento. Pero, él también es una víctima. Su restaurante está entre que los que volvieron a funcionar —si bien con un menú limitado— pero ha pasado más de una semana sin recibir el salario y le preocupa el pago de la hipoteca. "Me gustaría ayudar a todos en la isla, si pudiera", señala.

Es mejor estar al aire libre que en un apartamento sofocante. Por ello, los que hacen jogging volvieron a correr a lo largo de La Laguna del Condado, y los surfistas retornaron a La Ocho, para aprovechar sus famosas olas, mientras otros en el barrio de moda Ocean Park y en el de trabajadores Barriada Figueroa amontonaban muebles mojados y arruinados y retiraban árboles de las azoteas.

Un año después, comunas de Haití siguen sin recuperarse.

Más de 500 muertos y 2.000 millones de dólares de daños: el saldo del pasaje del huracán Matthew en Haití -el más fuerte que golpeó el país en una década- ha sido enorme y, un año después, las consecuencias de esos dos días de desastre siguen afectando al país.

Como todos los municipios costeros del departamento del Sur, Roche-à-Bateaux fue arrasada por las inundaciones. Desde entonces el alcalde lamenta la inacción para reducir la vulnerabilidad de la ciudad.

“Se han hecho estudios para definir los trabajos que deben realizarse para limpiar los lechos de los ríos, pero luego no se ha hecho nada”, lamenta Frisnel Chery. “Actualmente una simple lluvia basta para inundar la ruta nacional que atraviesa la ciudad (...) Si un huracán como Matthew pasara mañana, la situación será más grave”, se alarma el alcalde. El municipio de 23.000 habitantes no dispone de medios para equiparse con maquinaria pesada y depende de las autoridades nacionales. “El problema es que las 18 comunas del departamento enfrentan las mismas necesidades: los esfuerzos del Estado se concentran primero en las capitales departamentales, no en los pequeños municipios como Roche-à-Bateaux”, lamenta. Fuente: AFP

LA NUEVA EMIGRACIÓN.

100 mil se van y evitan privaciones.

Miles de puertorriqueños colman los pocos vuelos comerciales programados y charters para huir hacia el territorio continental de Estados Unidos, y no sobrellevar varios meeses sin energía eléctrica, servicios de telefonía celular y agua potable.

Algunas personas venden sus autos, otros abandonan sus casas convertidas en ruinas y dejan otras propiedades en manos de familiares que han optado por permanecer. Algunos esperan volver después de unos meses en el territorio continental, en tanto otros no volverán.

Los aeropuertos se han convertido en escenario de emotivas despedidas de los que parten para vivir con familiares en Florida, Nueva York, Washington o donde sea. Esas y otras ciudades se preparan para recibir el flujo de personas que necesitarán ayuda para encontrar viviendas, trabajo y colegios. En el estado de Florida —ya es hogar de un millón de puertorriqueños— se espera el arribo de 100.000 a Orlando y la zona de Tampa Bay.

Deuda alta y un 10% de desempleo.

El nuevo éxodo de familias acelera la caída de la población que ocurre desde hace una década y que ha tenido como resultado que Puerto Rico haya perdido 400.000 habitantes durante el periodo de dificultades económicas. Los expertos señalan que la nueva ola migratoria suscita preocupación respecto de quiénes asumirán la reconstrucción de la infraestructura dañada de la isla y cómo una economía sofocada por un endeudamiento de US$ 73.000 millones y una tasa de desempleo del 10% podrá resurgir si decenas de miles de habitantes, de pronto, se van. "Va a ser una estampida", señala Jorge Duany, profesor de Florida International University, que estudia la migración desde y hacia la isla. Él es uno de los que salió hace años. "Pensé en retornar para el momento en que decida el retiro. Pero, ahora creo que me va a llevar más tiempo".

Duany señala que en la última década los adultos en edad de trabajar fueron el grueso de la migración. Pero, el huracán induce a alejarse para obtener atención médica y salvar el año lectivo.

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