ALEMANIA DECIDE:DIVERSIDAD DE OPCIONES

Ultraderecha habla poco, pero amenaza con dar el batacazo

Encuestas indican que la AFD ingresará al Parlamento y puede salir tercera.

Angela Merkel responde al apoyo de los militantes en un encuentro realizado en Berlín. Foto: Reuters
Angela Merkel responde al apoyo de los militantes en un encuentro realizado en Berlín. Foto: Reuters

Las sedes de los partidos que hoy se disputan la elección en Berlín son todo color, globos, carteles gigantes y militantes que le sonríen a todo el mundo. Esto es así en todas, menos en la de la Alternativa para Alemania (AFD). Ellos eligen el escondite, la sombra. Las oficinas centrales están en un edificio común y corriente, ni en la puerta figura el nombre de la organización. Dicen que no le temen a nada ni a nadie, pero lo cierto es que han sido blanco de una serie de escraches por parte de los otros partidos, sobre todo de la izquierda Die Linke. Por eso los actos se convocan en secreto. Por eso no cuentan a donde van a ir a repartir volantes.

Los candidados de la AFD son Alexander Gauland, un abogado y publicista que en el pasado fue miembro del CDU, y Alice Weidel, una joven economista que el partido usa como caballito de batalla para quienes los tachan de ultraderehistas, por su condición de homosexual y feminista. No hay muchos carteles de ellos en Berlín. Y de los que hay y muchos tienen dibujados en sus rostros bigotes como el de Adolf Hitler —sobre los otros candidatos las pinceladas son inocentes: un diente negro, un parche en el ojo, un sombrero.

El hombre que recibe a la prensa en el oculto edificio es el único de todos los representantes de los partidos que habló con El País con la condición de que su nombre no aparezca. Tiene un traje azul impecable, un chaleco gris y una barba cana un tanto desprolija. También tiene unos lentes que se acomoda cuando dice cosas que, para él, son importantes. Sostiene que la AFD no puede ser comparada con la ultradederecha francesa de Marion Le Pen, ni tampoco con el gobierno estadounidense de Donald Trump. Dice que ellos están "a la izquierda" de todo eso. Y repite el canto que ya se ha hecho moda en muchos políticos del mundo: "No somos ni de derecha, ni de izquierda. Esa es una concepción vieja de la política. Lo único que queremos es lo mejor para los alemanes".

Dice que no son homofóbicos, y para demostrarlo nombra a Weidel. Que tampoco son xenófobos, que solo quieren regular mejor el tema de los inmigrantes que han llegado de Siria, África y Medio Oriente. Se acomoda los lentes y aclara que no están de acuerdo con el Brexit —la salida del Reino Unido de la Unión Europea—, que les gustaría buscar un camino intermedio, ni irse ni pagar rescates millonarios.

Pero una cosa es lo que dice y otra los hechos. Los volantes que aún repartían ayer en la calle tenían leyendas como "El islam no pertenece a Alemania", "Fuera de la zona Euro" y "¿Tradicional? Nos gustas" acompañado la foto de una familia conformada por un hombre, una mujer y dos hijas.

En una esquina se puede ver a un grupito de militantes repartiendo volantes, lapiceras, encendedores y patitos de goma azules —el color del partido— con la leyenda "Estoy volando a Tegel", en protesta de los planes de los partidos mayoritarios y los ecologistas de cerrar este aeropuerto, algo que está previsto para 2019.

"Ellos son personas peligrosas", señala un alemán de pelo negro, traje negro y anteojos negros, que se acerca para decirles que "le hacen mal a Alemania". El hombre, de unos 50 años, que no quiere decir su nombre "por miedo", sostiene que la receta de la AFD consiste solo "en echar a los inmigrantes; se creen que cuando seamos solos alemanes vamos a vivir mejor, ¿y qué importa si somos o no todos alemanes? ¿En qué cambia?", cuestiona.

Andrea Despot, directora de la Academia Europea de Berlín, cuyo objetivo es "comprender Europa" y sus vínculos con Alemania, señala que "no es descabellado que la AFD pueda lograr un tercer puestos en las elecciones". Algunas de las últimas encuestas confirman esto.

Lo cierto es que la AFD ha logrado más de lo que se podía imaginar. El miembro anónimo del partido vuelve a acomodarse los lentes para decir que si llegan al 10% de los votos van a ser "muy felices".

—¿Y si llegan a obtener más?

—Con el 10% estamos conformes, porque ahí vamos a poder dar pelea dentro del Bundestag.

LOS PARTIDOS Y SU FORMA DE PENSAR.

CDU/CSU:

Son votantes más bien conservadores. Viven en zonas rurales. Hay muchos mayores de 60 años. También se trata de propietarios de pequeñas empresas y personas en general de los niveles educativos más bajos y medianos.

SPD:

Tradicionalmente son el partido de la clase trabajadora, los comerciantes y los sindicalistas. Muchos de los votantes pertenecen a las regiones industriales más pobladas en el oeste.

Die Linke:

Son de izquierda y tienen la simpatía de muchos votantes que en el pasado han apoyado a la RDA. Las encuestas demostraron que una gran cantidad de los militantes jóvenes de este partido se cambiaron a la nacionalista AFD en los últimos dos años.

Partido Verde:

Pisan fuerte en las principales ciudades de Alemania occidental, sobre todo en aquellas que tienen universidades. Sus votantes fueron tradicionalmente veinteañeros, pero hoy solo el 10% tiene menos de 35 años.

FPD:

Es el partido de los liberales. Las encuestas señalan que su fuerte está en los profesionales y en aquellos que perciben mejores ingresos. Ha logrado sacarle votos tanto al CDU como al SPD.

AFD:

Sus adeptos son aquellos que perciben menos ingresos y que tienen niveles educativos bajos, aunque estos no son los únicos que los apoyan. Solo el 15% de los miembros de la AFD son mujeres. Rechazan el euro, los rescates a los países de la Unión —como el que ha servido a Grecia para salir del pozo— y el ingreso de inmigrantes a Alemania. Sus actos los hacen sin aviso previo, evitando así posibles escraches.

ESCENARIO.

Alivio para Merkel por el regreso de liberales.

Las encuestas marcan que el Partido Demócrata Libre (FPD), liderado por Christian Linder, volverá al Bundestag, luego de quedar afuera en las elecciones de 2013, por no poder pasar el umbral mínimo de votos que es del 5%. Esto puede ser un alivio para la canciller Angela Merkel que, en caso de aceptar algunas concesiones, podría formar un gobierno de coalición con este.

En uno de sus últimos actos Linder dijo que con los liberales en el gobierno "no se hubiera aprobado el último paquete económico para Atenas", que se habilitó en 2015. También ha señalado que en caso de que Merkel quiera negociar, lo hará reclamándole el puesto de Ministro de Economía como condición para sellar una alianza. Este posible pacto preocupa a la zona euro, sobre todo a los países con menos recursos.

En la calle los liberales hacen campaña con globos amarillos, como los del PRO del presidente argentino Mauricio Macri y con bandas de jazz, y con volantes con un fondo azul, avioncitos blancos y letras amarillas que piden no cerrar el aeropuerto de Tegel. Este mismo reclamo es el que hacen los ultraderechistas.

Los niños son actores vitales de la campaña.

Los niños son vitales en la campaña alemana. El líder del SPU, Martin Schulz, hace un largo spot publicitario en el que habla del futuro de las nuevas generaciones: él no aparece en escena, solo acompaña con la voz las imágenes de niños jugando, comiendo helado, estudiando y hasta uno tocando el violín. En su cierre de campaña había una rueda de la fortuna en las que los niños jugaban y se ganaban premios: remeras, gorros y lancheras (todo, claro, con el logo del partido). En la calle también son importantes. Militantes de la ultraderechista AFD les regalaban ayer patitos de goma que hicieron para protestar por el cierre del aeropuerto de Tegel. Hartmut Ebbing, candidato al Bundestag por el FPD, en tanto, les obsequiaba banderitas de colores con el logo de los liberales a los niños que pasaban: había rozadas, azules y amarillas. "Son el futuro, este país necesita mejor educación. Tenemos que pensar en los niños", decía sonriente Ebbing.

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