CIERRE DE LA GIRA DE TRUMP POR ASIA

Trump en buena sintonía con el polémico líder filipino Duterte

En público evitaron hablar sobre el tema derechos humanos, que en privado se trató “brevemente”.

Socios: Trump y Duterte en Manila: "tenemos muy buena relación". Foto: Reuters
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Donald Trump exhibió ayer lunes en Manila su buena sintonía con Rodrigo Duterte, el controvertido presidente filipino que lleva a cabo una sangrienta guerra contra el tráfico de estupefacientes y asegura haber matado a puñaladas a un hombre, cuando era adolescente.

Sentados uno al lado del otro, Trump y su homólogo filipino aparecieron muy distendidos, haciendo bromas al inicio de su primera reunión.

"Somos aliados" de Estados Unidos, "somos un importante aliado" dijo Duterte, de 72 años, uno menos que Trump.

Pero los dos presidentes hicieron pocas declaraciones ante los periodistas, ignorando en particular los temas sobre derechos humanos. La "guerra contra la droga" llevada a cabo con medios expeditivos por Duterte le vale, a nivel internacional, una oleada de críticas.

"Tenemos muy buenas relaciones" subrayó Trump, en esta reunión celebrada al margen de la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean). Luego, habló del tiempo: "En Filipinas, el tiempo siempre acaba siendo bueno...".

En cambio, Trump —que termina en Filipinas una gira que lo llevó a cinco países de Asia— no dijo nada cuando se le preguntó por el tema de los derechos humanos.

"No es una conferencia de prensa, es una reunión bilateral" intervino Duterte, sentado a su lado, sin corbata.

El asunto de los derechos humanos no fue tratado durante la entrevista de 40 minutos entre Trump y Duterte, según el portavoz del presidente filipino, Harry Roque.

En cambio, Sarah Sanders, portavoz de la Casa Blanca, aseguró que el tema fue tratado "brevemente". "La conversación estuvo focalizada en ISIS (Estado Islámico), drogas ilegales y comercio", dijo Sanders. "Los derechos humanos aparecieron brevemente en el contexto de la lucha de los filipinos contra las drogas ilegales", agregó.

Las relaciones entre Filipinas y Estados Unidos, países aliados que tienen un acuerdo de defensa, han sufrido vaivenes tras la llegada al poder en 2016 del populista filipino.

Hace un año, durante una cumbre en Laos, el entonces presidente Barack Obama anuló una entrevista con Duterte tras haber sido tratado por este de "hijo de puta".

Duterte —quien ha sido llamado el "Trump del Este" por su estilo atrevido y lenguaje provocador—, mantiene una alta popularidad en Filipinas. Hace algunos días contó cómo, a los 16 años, había matado a puñaladas a un hombre durante una "trifulca".

Su entorno, sin embargo, sugiere que no hay que tomarlo al pie de la letra, ya que es un adepto de la "hipérbole".

Tanto para el caso de Filipinas como para otros países acusados de violar los derechos humanos, la administración Trump afirma que no permanece inactiva pero que prefiere la discreción más que las denuncias públicas.

"Rodrigo, quiero agradecerle su extraordinaria hospitalidad" dijo Trump, un poco más tarde, en torno a una mesa redonda, reflejando la complicidad entre los dos hombres, a diferencia de lo que ocurrió bajo la administración Obama.

Duterte fue elegido en 2016 y prometió erradicar el tráfico de droga matando hasta 100.000 traficantes y presuntos adictos.

Desde su llegada al poder hace 16 meses, la policía anunció haber matado a 3.967 personas. Grupos de desconocidos mataron a 2.290 sospechosos en casos de droga. Miles de otras personas fueron ultimadas en circunstancias poco claras, según las cifras de la policía filipina.

Filipinas es sede hasta hoy martes de la cumbre de Asean. La creciente amenaza del grupo Estado Islámico en el sudeste asiático, y los esfuerzos por presionar al dictador norcoreano Kim Jong-un para que abandone sus ambiciones nucleares, centran la agenda de esta cumbre en Manila.

"El terrorismo y el extremismo ponen en peligro la paz, la estabilidad y la seguridad de nuestra región, pues esas amenazas no conocen fronteras" dijo Duterte en su discurso de apertura de la cumbre.

Por otro lado, la llegada de Trump a Filipinas fue acogida por unos 2.000 manifestantes hostiles, según la policía que los dispersó, que portaban pancartas en las que se podía leer: "Trump go home".

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