LA BITÁCORA

El triunfo de la decadencia

Cuando le preguntaron cómo hicieron los dirigentes de partidos tan disímiles para firmar el pacto de la Moncloa, uno de los negociadores respondió: "porque todos estuvimos dispuestos a conceder más de lo que obtendríamos".

La dirigencia española actual es la contracara de aquella estirpe de estadistas. La mezquindad los encerró en la negación a conceder para acordar, y dejaron el país un largo tiempo sin gobierno. La misma decadencia dirigencial llevó a Brasil a esta etapa políticamente gris.

Parece remota aquella dirigencia que supo sostener a José Sarney cuando le tocó asumir la presidencia por la muerte inesperada del presidente electo Tancredo Neves. Así, con semejante pérdida, empezó la transición democrática, pero la mayoría de los políticos estuvo a la altura del desafío.

Aquel Brasil, como el de hoy, realizó un impeachment que terminó con una presidencia. Pero la diferencia entre lo ocurrido en 1992 y lo ocurrido ahora, tiene una dimensión oceánica.

Fernando Alfonso Collor de Mello era un millonario frívolo cuya caída se originó en una interna familiar parecida a un culebrón de la televisión brasileña. Su hermano Pedro, celoso porque "mamá Leda" eligió a Fernando para la carrera política, delató a la prensa los manejos turbios de los fondos de campaña que hacía el tesorero partidario Paulo César Farías. El escándalo derivó en juicio político y Collor terminó abandonando la presidencia. Rousseff era una joven estudiante que militaba en la insurgencia cuando Collor era un playboy que derrochaba la fortuna familiar en Maceió. Ella pasó años en la cárcel cuando la matriarca de clan Collor decidía que Pedro debía prepararse para manejar las empresas familiares y Fernando para escalar hacia el poder político. Y como gobernante, Collor fue responsable de la corrupción por la que perdió la presidencia, mientras que Dilma Rousseff fue, más bien, víctima de la corrupción generalizada que manchó a una dirigencia decadente y acosada por procesos judiciales.

Resulta paradójico que Dilma haya corrido la misma suerte que Fernando Collor de Mello, pero eso no implica que no tenga responsabilidad alguna en su debacle. Su responsabilidad está en la caída de la economía y su incapacidad para revertirla.

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