La Bitácora

Las tres victorias derrotadas

Las PASO tienen la extraña característica de ser el ensayo general de un libreto que puede cambiar. Su otra rareza es que, como en los torneos infantiles en los que todos se llevan una medalla, logró que los tres candidatos de la pole position tuvieran algo para festejar.

Sin embargo, en los tres casos el triunfalismo esconde derrotas. Sergio Massa festejó lo que, en definitiva, fue un triunfo sólo sobre las encuestas: sacó ocho puntos más de lo que le vaticinaban los sondeos de opinión. Mauricio Macri sólo pudo festejar haber quedado en posición de ser el candidato opositor que dispute con Daniel Scioli el balotaje, si lo hubiera. Mientras que Scioli festejó haber sido el candidato más votado, pero sin alcanzar los porcentajes que necesita para eludir en octubre un balotaje en el que crece el riesgo de que lo derroten. A pesar de las apariencias, los que menos tienen para festejar son el kirchnerismo y Macri. El kirchnerismo, porque tuvo que postular al aspirante más competitivo pero menos kirchnerista, y éste, aún subiendo el techo de la fuerza oficialista, quedó muy lejos de pasar el 50 % que justifica ideológicamente a todo movimiento mayoritarista, que es a lo que aspira el populismo.

Sin siquiera alcanzar el 40 %, el kirchnerismo es un mayoritarismo fallido. Para colmo, las cifras obligan a Scioli a deskirchnerizar aún más su discurso. Si hasta aquí dijo igual cantidad de veces "profundizaremos lo que haya que profundizar" y "cambiaremos lo que haya que cambiar", de aquí a octubre dirá muchas más veces "cambiaremos lo que haya que cambiar". Sucede que el primer discurso le alcanzó para sumar parte del "no kirchnerismo", pero la estadística demostró que, para ganar en octubre, necesita sumar también votos anti-kirchneristas.

Pero Macri no la tiene más fácil. Los resultados mostraron su error y su culpa. Si sumando los puñaditos ínfimos de Sanz y Carrió apenas alcanzó el 30 %, quedó claro su gigantesco error al rechazar el acuerdo de ir a las PASO en un espacio común opositor que le hizo reiteradamente el Frente Renovador (peronismo massista) y que él rechazó, por dejar la estrategia en manos del publicista ecuatoriano Durán Barba, como éste si fuera Winston Churchill. De haber integrado con Massa un mismo espacio, el principal conglomerado opositor podría ostentar el 50 %, dejando instalada una imagen poderosa, en lugar de arañar el escuálido 30 % que alcanzó sumando los porotitos que aportaron Sanz y Carrió.

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