LA BITÁCORA

Todos contra Qatar

La traición, la intriga y la conspiración siempre existieron entre los gobernantes árabes. Sin embargo, el aislamiento al que acaban de someter a Qatar las otras monarquías de la Península Arábiga genera estupefacción.

El panarabismo naufragó por la eterna tendencia a la rivalidad soterrada. Ni siquiera los regímenes gobernados por el partido Baas en Siria e Irak lograron aliarse. Por el contrario, Hafez el-Asad y Saddam Hussein fueron enemigos íntimos que mantuvieron a sus respectivos estados en disputa permanente.

En el marco de esta regla, la relación entre los petroestados del Golfo parecía la excepción. Siempre tuvieron en común ser monarquías absolutistas y abrevar en las vertientes teológicas más radicales del Islam, como el wahabismo.

Esos rasgos de identidad les permitieron crear el Consejo de Cooperación de los Estados Árabes del Golfo en 1981. Desde entonces, jamás se había producido una crisis de la magnitud de la que está confinando a Qatar al aislamiento.

Los reinos vecinos acusan al trono Al-Thani de financiar el terrorismo de ISIS y Al Qaeda, al mismo tiempo que actúa secretamente a favor de la injerencia iraní en la Península Arábiga.

Es curioso que Arabia Saudita acuse a Qatar de financiar a ISIS, cuando esa fuerza demencial y genocida que expresa al supremacismo sunita más delirante, recibió también financiación de las arcas sauditas. Probablemente, todas las monarquías del Golfo hayan aportado al engendro liderado por Bakr al-Bagdadí, para que luche contra el régimen sirio por ser parte del Eje Chiita.

La financiación al terrorismo sunita es una excusa. Lo que posiblemente han detectado y constituya el verdadero motivo de la ruptura con Qatar, es que el emir Tamim al-Thani les estaba haciendo a sus aliados árabes lo mismo que le hizo a su padre Hamad para quitarle el trono: traicionarlos. ¿Cuál sería su traición? Entenderse secretamente con Irán. De hecho, el monarca catarí fue duramente criticado por felicitar a Hasan Rohani al ganar la reelección presidencial en la República Islámica.

Es posible que Qatar juegue a dos puntas en el conflicto entre sunitas y chiitas, tejiendo pactos secretos con la teocracia persa. Eso es considerado alta traición por Arabia Saudita, que tiene una comunidad chiita en su población, y sobre todo por Bahréin, en cuya sociedad el chiismo es abrumadora mayoría.

Pero añadir a esa acusación la de financiar a ISIS y Al Qaeda en Siria y Yemen, es una hipocresía de quienes también han financiado al terrorismo sunita.

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