LA BITÁCORA

Silencio que no es silencio

En "El opio de los intelectuales", Raymond Aron sostiene que apoyar al bolchevismo después de 1945 "era un acto de ceguera moral".

¿Quiénes están moralmente ciegos en Argentina? ¿Los intelectuales kirchneristas que, junto a Horacio González y Mempo Giardinelli, dicen que la manifestación de hoy es parte de "un golpe de Estado en marcha"?; ¿o quienes, junto a Beatriz Sarlo y Santiago Kovadloff, convocan a reclamar "verdad y justicia" ante la situación de "extrema gravedad institucional" del país?

Si tiene razón Mempo Giardinelli al ver dictadura militar y narcotráfico en la organización de la marcha, entonces no la tiene el sociólogo y constitucionalista Roberto Gargarella al sostener que "la marcha es grito, silencio y lágrimas ante la impunidad".

¿Cuál de ellos incurrió en la ceguera moral de la que habló Raymond Aron?

Las encuestas insinúan que, para una inmensa mayoría de argentinos, los que no quieren ver, son los oficialistas. Probablemente, la razón es que, ni bien el fiscal Nisman anunció que imputaría a la presidenta, los pensadores kirchneristas, igual que el polo mediático oficialista, los funcionarios y la propia Cristina Fernández, descalificaron duramente una investigación que ignoraban. También porque fueron parte del coro que se ensañó sin piedad con el cadáver del fiscal, sin cuestionar al gobierno que no declarara el duelo de rigor, ni diera la condolencia a la familia.

Otro factor que influiría en la percepción mayoritaria es que, aún si a la investigación de Nisman le faltaran pruebas contundentes para imputar a la presidenta, le sobran grabaciones telefónicas para demostrar que un legislador oficialista y un dirigente ultracristinista, entre otros habitantes del planeta K, negociaban en nombre del gobierno lo que los excancilleres kirchneristas Bielsa y Taiana confirmaron como propuesta varias veces formulada por el régimen iraní: abandonar la denuncia contra Irán, a cambio de suculentas relaciones comerciales.

El kirchnerismo no cuestionó a quienes, actuando como intermediarios entre Teherán y la Casa Rosada, complicaron tan gravemente a la presidenta. Tampoco ella reprochó o exigió explicaciones a quienes hicieron funcionar una "diplomacia paralela". ¿Por qué?

Parece que son muchos los que se hacen esa pregunta. También quienes no creen que sea "golpista" marchar por una muerte tan oscura.

Al fin de cuentas, esa misma acusación es la que hicieron los gobiernos feudales de Catamarca y de Santiago del Estero, cuando por los asesinatos de dos jovencitas humildes, y contra la impunidad de "los hijos del poder", las multitudes marcharon en silencio.

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