La Bitácora

Scioli corre con el cepo kirchnerista

Cristina pudo completar el blindaje de su poder, porque las negligencias de sus rivales dejaron un flanco abierto.

Imponiendo a Carlos Zannini, la principal neurona ideológica del "proyecto", como compañero de fórmula de Daniel Scioli, quedó diseñado el paso de un sistema hiper-presidencialista a un parlamentarismo fáctico.

¿Qué significa esto? Significa que, si hay un Kirchner en la Casa Rosada, entonces el sistema político es hiperpresidencialista y el Congreso no es más que una escribanía que aprueba expeditivamente todo lo que decide el presidente.

Pero si no es un Kirchner quien ocupa la presidencia, entonces, para evitar que tenga el presidente vuelo propio, el poder se traslada al Congreso, convirtiendo el sistema en un parlamentarismo de hecho.

La intención de la líder kirchnerista es que Carlos Zannini sea una suerte de primer ministro (jefe de Gobierno) y que Scioli ejerza una presidencia como las de Alemania, Israel y otras repúblicas parlamentarias: con atribuciones meramente protocolares y sin poder real.

Con Zannini presidiendo el Senado y el ultrakirchnerista Wado de Pedro al frente de la Cámara baja, a Scioli le quedan dos alternativas: ser un títere y convalidar todo lo que decidan y le indiquen la expresidenta y su vicepresidente; o enfrentar al kirchnerismo y gobernar mediante decretos de necesidad de urgencias (DNU), volviendo irrelevante al Congreso.

Lo que hará Scioli si llega a la Presidencia con el cepo que le pusieron, es un enigma.

Lo que está claro es que Cristina pudo colocarle un cepo al candidato propio más despreciado en el kirchnerismo pero más popular en el país, porque Mauricio Macri y Sergio Massa cometieron negligencias que restan posibilidad de triunfo opositor.

Si Massa se hubiera bajado de la candidatura presidencial para postularse a la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, habría recobrado competitividad y habría detenido el éxodo de intendentes bonaerenses hacia el kirchnerismo. Pero en lugar de lanzarse a la competencia en la que puede ganar, insistió en una candidatura presidencial fallida.

El propio Macri debió convencer a Massa de ir por el gobierno de la provincia más grande y electoralmente determinante, en lugar de humillarlo rechazándole propuestas de alianza.

Y Massa debió, aún sin acuerdo con Macri, postularse a gobernador y vencer a la débil fórmula del PRO.

Pero que los dos hayan hecho mal los cálculos, posibilitó finalmente a Cristina Kirchner colocar en la fórmula oficialista un candidato a vicepresidente que le garantice a ella el blindaje político y judicial que necesitará en el futuro, en lugar de garantizarle a Daniel Scioli el triunfo sumándole competitividad.

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