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Rusiagate: el Congreso acorrala a Trump

Comisiones investigadoras citaron al echado director del FBI; el presidente ataca a la prensa.

Acorralado por uno de los mayores escándalos políticos de los últimos años en Estados Unidos, el presidente Donald Trump apeló ayer a una de sus estrategias preferidas: escudarse en que es permanentemente hostigado por los medios de comunicación, a los que hace tiempo les declaró la guerra.

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"Miren la forma en que he sido tratado recientemente, especialmente por la prensa. Ningún político en la historia, y lo digo con gran seguridad, ha sido tratado peor o más injustamente", dijo Trump en un acto de promoción de nuevos cadetes de la Guardia Costera, en New London, Connecticut.

Esta fue la primera comparecencia pública de Trump desde que el diario The New York Times revelara este martes que, en febrero pasado, el mandatario pidió al entonces director del FBI, James Comey, que pusiera fin a una investigación sobre los nexos con Rusia del exasesor de Seguridad Nacional Michael Flynn.

El mandatario evitó cuidadosamente hacer referencia al cataclismo político que generó en Washington esta denuncia. Sin embargo, dijo a los cadetes que su gobierno estaba logrando "cosas enormes en muy corto tiempo".

"Y el pueblo entiende lo que estoy haciendo, y eso es lo más importante. No me eligieron para servir a los medios de comunicación de Washington o a los intereses especiales, me eligieron para servir a los hombres y mujeres olvidados, y eso es lo que estoy haciendo", sentenció.

Luego adoptó una actitud paternal con los cadetes. "A lo largo de sus vidas, les van a ocurrir cosas que ustedes no merecen y que no siempre son justas. Pero ustedes tienen que resistir y luchar, luchar, luchar", afirmó Trump.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: AFP.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: AFP.

Más presión.

The New York Times aseguró poseer un memorando interno escrito por Comey, en el que el exdirector del FBI dice que el presidente le pidió que abandone la investigación sobre Flynn y sus lazos con funcionarios rusos.

El 9 de mayo el propio Comey fue despedido por Trump, quien además le advirtió por Twitter que guarde silencio y le sugirió que poseía grabaciones de todas sus conversaciones en la Casa Blanca.

En medio de un clima de desconfianza generalizada, las presiones se concentraron ayer miércoles en el Congreso, y especialmente sobre el Partido Republicano. El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, alegó que el Congreso no debe "concentrarse en especulaciones" sino en "hechos". Y tomó una posición claramente a favor del presidente. Ryan indicó que es "obvio" que hay gente que quiere "dañar" a Trump con la filtración de documentos del exdirector del FBI.

Por su lado, el presidente de la Comisión de Supervisión en la Cámara Baja, el también republicano Jason Chaffetz, solicitó formalmente al FBI que envíe al Congreso el memo que cita el NYT. A esto se sumó que la comisión de Asuntos de Inteligencia del Senado envió ayer miércoles a Comey una carta invitándolo a una audiencia pública y a una privada. El martes, Comey había rechazado hablar en una sesión a puertas cerradas. El vicedirector de esa comisión, Mark Warner, dijo ayer miércoles que "es difícil, para un legislador de cualquier partido, no darse cuenta que esta investigación es el asunto más serio que tenemos en manos hasta el momento".

Por su parte, la oposición demócrata ha recalcado la gravedad de estas acusaciones y ha exigido una investigación independiente. El líder de la minoría demócrata del Senado, Chuck Schumer, aseguró que "se está poniendo a prueba al país de un modo sin precedentes". El demócrata de más alto rango del Comité de Inteligencia de la Cámara Baja, Adam Schiff, dijo "ya basta" y que "hay que llegar al fondo de esto".

Rusia al rescate.

El escándalo sobre el supuesto pedido de Trump a Comey para que se olvide de Flynn es de tal magnitud que dejó de lado otra controversia que atormenta a la Casa Blanca desde hace varios días, como es la revelación de que Trump compartió información confidencial con el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. Durante una reunión con Lavrov el miércoles 10 en el Salón Oval —al otro día de haber despedido de Comey—, Trump le habría revelado al diplomático ruso que el grupo yihadista Estado Islámico (ISIS) planeaba ataques a Estados Unidos usando computadoras portátiles en vuelos, una información que aparentemente Washington recibió de Israel con la condición de no traspasarla a nadie.

Sin embargo, coincidiendo con la versión de la Casa Blanca, Rusia descartó que Trump haya dado a Lavrov cualquier información reservada, al punto que el presidente Vladimir Putin se ofreció para proporcionarle al Congreso estadounidense una transcripción de la conversación entre Trump y su ministro.

Putin señaló que había en Washington un clima de "esquizofrenia política". Y mostró su tradicional sarcasmo para dejar claro que, a su juicio, la acusación de que Trump había revelado información secreta era absurda. "Hoy hablé con él (Lavrov)", dijo Putin con una sonrisa. "Me veré obligado a darle una reprimenda porque no compartió estos secretos con nosotros. Ni conmigo, ni con los representantes de los servicios de inteligencia de Rusia. Fue algo muy malo de su parte", añadió.

"¿Qué van a inventar ahora esas personas que ventilan estas tonterías? Si no entienden que perjudican a su propio país, son simplemente estúpidos. Si entienden todo, son peligrosos y deshonestos", dijo el líder ruso.

La Casa Blanca no reaccionó ayer a la oferta de Putin.

Trump admitió este martes en Twitter que compartió con Rusia cierta información relativa al terrorismo en esa reunión y aseguró que tiene "el derecho absoluto" a hacerlo, mientras que la Casa Blanca ha insistido en que el presidente no hizo nada "inapropiado" ni puso en riesgo la seguridad nacional.

Premio a un shérif negro y de extrema derecha.

Donald Trump recompensó el apoyo de un controvertido shérif negro ultraconservador y lo nombró en un puesto clave del departamento de Seguridad Interior. David Clarke, quien se convierte en uno de los adjuntos del ministro, John Kelly, anunció su nombramiento en una radio de Wisconsin, el estado donde se hizo célebre. Clarke se encontró recientemente en dificultades a causa de que un hombre que sufría problemas mentales murió de "deshidratación aguda" en una prisión de Milwaukee bajo su responsabilidad. Al detenido, de 38 años, considerado demasiado ruidoso por sus guardianes, se le cortó el agua durante siete días en su celda. Clarke defiende la construcción del muro en la frontera con México, y critica regularmente a Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan), un movimiento de denuncia de los abusos policiales.

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