COPA DE MUNDO DE LA FIFA

Rusia salva la prueba y va por un Mundial de éxito

Convence en estadios, transporte, seguridad y las entradas.

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San Petersburgo: el estadio fue el escenario de la final de la Copa Confederaciones. Foto: Reuters

Rusia ha demostrado en la Copa Confederaciones que está preparada para el Mundial de 2018, al recibir una nota alta tanto de la FIFA, como de los futbolistas, técnicos y aficionados.

"Decían que los equipos no querían venir, hablaban de violencia, hinchas violentos y racismo, pero no hubo nada de eso. No hubo ningún incidente. Todo transcurrió de manera ideal. La infraestructura también es magnífica", manifestó Gianni Infantino, presidente de la FIFA.

Rusia ha convencido a los escépticos en todas las categorías: organización, estadios, infraestructuras de transporte, seguridad, voluntarios, burocracia y entradas.

Los cuatro estadios —San Petersburgo, Kazán, Sochi y Spartak Moscú— han asombrado a todo el mundo por su belleza, modernidad y funcionalidad. El Kazán Arena, que incluye la pantalla de televisión más grande del mundo en su fachada, ha sido considerado el más bonito por muchos de los asistentes al torneo.

El del Spartak Moscú, situado a apenas unos cientos de metros de una boca de metro, el más cómodo; mientras el Fisht (Sochi) es el más espectacular, tanto por estar junto al mar Negro, como por su techo en forma de caparazón.

El buque insignia del torneo fue el San Petersburgo Arena, sede del partido inaugural y de la final, un estadio de casi 70.000 asientos con techo retráctil junto al Golfo de Finlandia.

Obviando los retrasos y algunos escándalos que rodearon su construcción, el mayor contratiempo de la Copa Confederaciones ha sido el estado del terreno de juego, criticado por el propio Cristiano Ronaldo.

De hecho, en una decisión sin precedentes, los equipos finalistas no pudieron entrenar en el estadio en víspera de la final con el objetivo de evitar un mayor deterioro.

Las infraestructuras de transporte también se mostraron preparadas para recibir a los cientos de miles de seguidores que acudieron a los partidos, que podían desplazarse gratuitamente entre las ciudades sede solo con enseñar su entrada.

Solo se echó de menos un tren rápido entre Moscú y Kazán, ya que 12 horas en tren nocturno es un viaje demasiado largo para la distancia que separa ambas ciudades.

Las medidas de seguridad es lo que más ha impresionado a los extranjeros, ya que en su vida habían visto tantos policías como en Rusia, donde las autoridades se han tomado muy en serio evitar cualquier atentado terrorista o choques entre aficionados.

Además de cachear detenidamente a hinchas y reporteros en los accesos de los estadios, patrullas con perros garantizaban la seguridad en el metro, las principales calles y plazas de las ciudades, y frente a los hoteles.

Con la excepción de un apuñalamiento entre huinchas chilenos, no hubo otro incidente violento, a lo que contribuyó sin duda las listas negras elaboradas por las autoridades para evitar la repetición de lo ocurrido en la Eurocopa de Francia.

El pasaporte de aficionado, una de las grandes novedades del torneo, ha demostrado que ha sido todo un éxito, tanto a la hora de identificar a posibles infractores, como para facilitar la estancia de los extranjeros.

Contra lo que aventuraban los más pesimistas, los aficionados de Chile, México, Portugal o Alemania no tuvieron dificultades a la hora de solicitar la entrada y rellenar los formularios por internet.

Los centros habilitados para recibir los pasaportes de aficionado (Fan ID) estaban situados en el corazón de las ciudades y cerca de los estadios, aunque para el Mundial se abrirán muchos más, ya que el flujo de extranjeros será mayor.

Cuatro ciudades no son once, que son las que acogerán partidos mundialistas en 2018, y si bien faltan varios estadios por inaugurar, Rusia ha demostrado que se ha tomado en serio su tarea y no piensa repetir los errores de Brasil.

Voluntarios eficaces y 40.000 por partido.

En materia de visas para los hinchas, no surgieron problemas, pese a que Rusia es un país conocido por sus numerosos requisitos burocráticos.

Por ese motivo, la asistencia a los partidos de la Copa Confederaciones rondó los 40.000 espectadores —en la final entre Alemania y Chile superó los 57.000— para un total de 600.000.

El gran número de voluntarios, muchos de los cuales hablaban español o portugués, ha contribuido, sin duda, a que la atmósfera durante el torneo fuera festiva, ya que cualquier aficionado en dificultades sabía que tarde o temprano se toparía con alguien que le sacaría del apuro.

En particular, los alemanes quedaron tanto satisfechos del trato, de las medidas de seguridad y de la buena organización que el capitán del equipo, Julian Draxler, escribió una carta abierta en la que agradeció a los rusos la hospitalidad.

El alemán Joachim Löw y el portugués Fernando Santos coincidieron con la FIFA en que Rusia ha organizado la copa a un nivel altísimo y que el Mundial de 2018 será todo un éxito.

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