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Resiste, asesina y domina por terror

Los analistas de inteligencia de Estados Unidos identificaron siete edificios en la ciudad de Raqq, en el Este de Siria, como la central de operaciones del Estado Islámico (EI). Sin embargo, los edificios no han sido tocados durante los diez meses de campaña de bombardeos aliada.

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Pese a algunas bajas por bombardeos, el Estado Islámico expande su poder. Foto: Reuters.

La semana pasada, convoyes con combatientes del EI fuertemente armados hicieron un desfile triunfal por las calles de la capital provincial de Ramadi, en el Oeste de Irak, después que obligaron a huir a las tropas iraquíes. Siguieron avanzando y salieron indemnes de las incursiones de los aviones de la coalición.

Los aviones de combate de Estados Unidos y sus aliados están equipados con el arsenal más preciso que se ha desplegado hasta ahora. Sin embargo, las autoridades estadounidenses dicen que no están golpeando objetivos significativos —y obvios— del EI por temor a que los ataques maten a civiles por accidente. La muerte de inocentes puede significar un gran golpe de propaganda para los combatientes y alienar a los musulmanes suníes locales, cuyo apoyo es crítico para expulsar a los extremistas.

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Pero, muchos comandantes iraquíes y funcionarios de Estados Unidos coinciden en señalar que ejercer tanta prudencia con los ataques aéreos es un gran motivo por el cual el EI, también conocido como ISIS o Daesh, ha podido ocupar un vasto territorio en los últimos meses en Irak y Siria. Esa prudencia —sumada a la renuencia del presidente Barack Obama para comprometer un poder de fuego significativo de Estados Unidos en una guerra que la Casa Blanca declaró había terminado en 2011, cuando las últimas tropas de combate estadounidenses se retiraron de Irak— ha llevado a quejas persistentes de funcionarios iraquíes de que Estados Unidos ha sido demasiado cauto con su campaña aérea.

Funcionarios iraquíes dicen que los ataques aéreos limitados han permitido que columnas de combatientes del EI tengan libre movimiento en el campo de batalla. "La alianza internacional no provee suficiente apoyo en comparación con la capacidad del EI en el terreno en Anbar", dijo el mayor Mohamed al-Dulaimi, un oficial del Ejército de Irak en la provincia de Anbar, donde se encuentra la ciudad de Ramadi. "Los bombardeos áereos de Estados Unidos en Anbar no permitieron que nuestras fuerzas de seguridad resistieran y enfrentaran los ataques del EI. Perdimos gran parte del territorio en Anbar, debido a la ineficiencia de los ataques aéreros de la coalición liderada por Estados Unidos".

En gran medida, la cautela de Estados Unidos deriva de la experiencia. Las muertes civiles causadas por bombardeos de Estados Unidos durante las guerras de Irak y Afganistán, a veces, no fueron reconocidas o resultaron disminuidas por los militares, lo que provocó mucha ira. Es un motivo de la actual reticencia de Estados Unidos y lo que los comandantes dicen es la meta prevaleciente de evitar muertes civiles.

De acuerdo con el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, un grupo de monitoreo con sede en Gran Bretaña, que sigue el conflicto a través de una red de contactos en Siria, más de 120 civiles murieron por los ataques de la coalición en territorio sirio.

Giro.

La manera cómo actúa el EI ante la nueva realidad que enfrenta quedó demostrada en la ciudad histórica de Palmira, en Siria, donde horas después de ocupar la urbe, los extremistas cometieron decenas de ejecuciones sumarias y dejaron los cuerpos de las víctimas —incluyendo a decenas de soldados— en las calles.

Los residentes relataron que después comenzaron a actuar como funcionarios municipales. Repararon la central generadora de energía eléctrica, pusieron en funcionamiento las líneas de bombeo de agua, sostuvieron reuniones con líderes locales, abrieron la única panadería de la ciudad y comenzaron la distribución gratuita de pan. Izaron su bandera negra en el punto más alto de los lugares históricos y ruinas de Palmira, que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, pero no los saquearon ni destruyeron como hicieron en otros sitios arqueológicos.

A continuación se produjeron decenas de ataques aéreos lanzados por el gobierno de Siria, los que mataron a algunos civiles. Eso operó en favor del EI: en pocos días, algunos residentes habían desviado su ira y temor hacia esos ataques.

El EI parece afianzar su poder en Palmira, mediante una serie de pasos que preparó durante los dos años en los que acumuló territorio en Irak y Siria, en su plan de constituir un Califato.

Sin embargo, Palmira presenta un nuevo giro: es la primera ciudad siria que el grupo arrebató al gobierno del presidente Bashar Assad, y no a otros grupos insurgentes. En Raqq, más al Norte, y en Irak, el grupo actuó con rapidez y dureza contra todos los que considera rivales.

Los extremistas del EI alternan entre aterrorizar o cortejar a los habitantes. Toman las instituciones y buscan desplazar a la oposición al gobierno, presentándose como los campeones del pueblo —o al menos de los musulmanes suníes— contra las autoridades centrales opresivas. El método ayudó al grupo a atrincherarse en las ciudades de Raqqa, en Siria, y Mosul, en Irak, y ahora lo aplica en Palmira.

Terrible.

La toma de Palmira fue detallada por seis residentes, incluyendo a partidarios y opositores al gobierno, a través del teléfono o mensajes electrónicos. Indicaron que el EI mató a 20 soldados en el antiguo anfiteatro romano. Otros vieron a soldados quemados vivos o decapitados por los extremistas. "Hicieron una masacre", exclamó el propietario de un café, antes de referirse a los bombardeos que hace el gobierno: "Solo Dios sabe qué están bombardeando. ¡Esto asusta!".

"Los extremistas tratan a los residentes de Palmira como si estuvieran capturados como escudos humanos por el régimen", dijo otra persona oriunda de la ciudad, quien agregó que el mensaje que dan a todos parece querer decir: No tenemos nada contra ustedes. Sabemos que están bajo este régimen y nadie los ayudó".

Un opositor al gobierno, Khaled al-Homsi, quien dijo que tiene un pariente en el EI, pudo sentarse a conversar con varios extremistas. La mayoría son extranjeros, pero hay muchos sirios, dijo. Lo único que le exigieron fue que tirara el cigarrillo y le indicaron que podía fumar en su casa, pero no en un lugar público.

Surgieron otros relatos de habitantes que vieron ejecuciones y situaron el número de cuerpos entre 30 y 80, en su mayoría soldados y algunos civiles, incluyendo algunos que eran conocidos como reclutadores para milicias partidarias del gobierno.

Al-Homsi indicó que vio numerosos cuerpos de soldados quemados en un camión, que quizás intentaron huir, en tanto otros cuatro que se negaron a salir de una casa fueron quemados dentro de la misma.

Los habitantes también relataron que en discursos emitidos desde los alminares de las mezquitas, el EI ha establecido reglas. Ordenó a los pobladores que entreguen a soldados que se encuentren escondidos en sus casas. Asimismo, distribuyó chadores negros —el velo con el que las mujeres musulmanas se cubren parte de la cabeza y el rostro— a los comercios e indicaron que las mujeres deben usarlos. Declararon que los habitantes solo pueden salir de la ciudad con permiso.

Hasta ahora, el EI parece haber elegido a Palmira como un nuevo puesto de avanzada de su autodeclarado Califato, y se abstuvo de destruir las magíficas ruinas greco-romanas.

Tiene bajo su régimen a 6,5 millones de personas.

"El autoproclamado Estado Islámico es un movimiento militante que ha conquistado territorio en el Oeste de Irak y el Este de Siria, donde ha hecho una apuesta para establecer un estado en territorios que comprenden a seis millones y medio de residentes", señala el Council on Foreign Relations, centro de análisis e investigación, fundado en 1921, en Estados Unidos, para ayudar a comprender hechos mundiales. El informe agrega que el EI "no solo emplea tácticas terroristas y de insurgencia, sino también las más convencionales de una milicia organizada".

En junio de 2014, su líder Abu Bakr Al-Baghdadi, proclamó el Califato.

A su vez, el Pentágono, en un informe del 10 de abril de este año, indicó que el EI ha retrocedido en partes del Norte y Centro de Irak y no opera libremente en un 25% a 30% de áreas pobladas donde pudo hacerlo en otros momentos.

REPERCUSIONES.

Restringen ataques y evitan bajas de civiles.

Defensores de los derechos humanos señalan que no resulta claro cuántas vidas civiles han sido salvadas en Irak y Siria por las restricciones en los ataques aéreos lanzados por la coalición. "En efecto, Estados Unidos ha aplicado políticas y procedimientos rigurosos para minimizar el daño a los civiles, pero sin tropas para combatir en el terreno, resulta difícil evaluar el grado de éxito de esas políticas", dijo Federico Borello, director ejecutivo del Centro para Civiles en Conflicto.

Sin embargo, las tropas del EI parecen sacar ventaja de las limitaciones, ya que los combatientes pelean desde posiciones entre la población civil para frenar los ataques.

En Irak, más del 80% de los ataques aliados son en respaldo de las tropas iraquíes en zonas intensamente disputadas como Ramadi y Beiji, donde está una de las mayores refinerías de petróleo. Muchos de los ataques se centran en los llamados objetivos que saltan —pequeños convoyes de militantes con armas pesadas que se desplazan. Han sido una de las máximas prioridades de la campaña, aunque solo alrededor de una de cada cuatro misiones enviadas a atacar a los extremistas ha lanzado bombas.

El resto de las misiones retornó a la base sin haber podido encontrar uno de los objetivos que tienen permitido atacar bajo reglas estrictas de enfrentamientos destinadas a evitar bajas civiles.

Campaña aérea mató a 12.500 terroristas.

Las voces críticas describen un intrincado proceso para aprobar los objetivos a atacar y sostienen que hay insuficiente número de aviones realizando escasas misiones bajo demasiadas restricciones.

De todos modos, la campaña aérea de la coalición liderada por Estados Unidos ha logrado varios éxitos al realizar 4.200 ataques que lanzaron alrededor de 14.000 bombas y otras armas. Se estima que la campaña mató a 12.500 combatientes del EI y ayudó a las fuerzas iraquíes a recuperar 25% del territorio de Irak tomado por los extremistas, de acuerdo con cifras de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

Los ataques han desbaratdo el avance de combatientes del EI en la mayor parte de las zonas, obligándolos a dispersarse y esconderse. Aviones aliados atacaron refinerías de petróleo, depósitos de armas, búnkers de comandos y centros de comunicaciones en Siria como parte del plan para dañar la capacidad del EI de sostener sus operaciones en Irak y alterar las comunicaciones entre sus líderes.

Sin embargo, funcionarios de Estados Unidos admiten que el EI muestra resiliencia y capacidad de adaptación. Los extremistas se mezclan con los civiles más que nunca. Los comandantes del EI cambian sus métodos de comunicación para evitar ser detectados. Por ejemplo, aprovecharon una tormenta de arena para avanzar en el ataque a Ramadi.

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