LA BITÁCORA

Régimen rico con economía pobre

Mientras se producen saqueos de comida y se perpetra un golpe contra el Poder Legislativo, Nicolás Maduro hace lo que han hecho muchos presidentes de países africanos devastados por sequías bíblicas: pedir ayuda alimentaria a la ONU.

Venezuela no sufre una sequía y tiene las reservas petroleras más grandes del mundo. Sin embargo, su economía no puede alimentar ni proveer medicamentos a la población.

Lo curioso es que, con semejante bancarrota y en la cornisa de una guerra civil, el régimen está fuerte. Su abrumadora incapacidad para revitalizar la economía y bajar la segunda mayor inflación del mundo, contrasta con su capacidad para acumular poder.

¿Cómo hace para fortalecerse mientras el país se empobrece? ¿Por qué tiene poder si ha quebrado la economía? Porque aunque haya miseria económica, el régimen es rico. Y con esas riquezas compra voluntades adentro y afuera de las fronteras.

Las arcas públicas están quebradas, pero debe haber otras arcas que están repletas. De ellas sale el dinero que soborna disidentes para que dividan la oposición. También se financian conspiraciones para que los "enemigos internos" giren en círculos, sin avanzar en alguna dirección. ¿Y cómo se llenan esas arcas ilegales? Quizá traficando petróleo. Siempre hay compradores. ISIS financió su genocidio contrabandeando petróleo robado a Irak y Siria.

Otra fuente de ingresos clandestinos puede ser la sociedad entre una parte de la cúpula chavista y el narcotráfico. Que el vicepresidente Tarek el Aissami es nexo entre jefes militares y gubernamentales con el narcotráfico, no solo lo afirma la DEA. También lo reveló el capo narco Walid Makled, cuando lo atraparon en Colombia.

La riqueza de un poder que se erige sobre la pobreza de un país, quizá no solo explica las divisiones y autosabotajes que inutilizan a la oposición. Podría explicar, además, el triste rol de mediadores extranjeros que solo fueron útiles para que Maduro gane tiempo. También el silencio de una región que, en los noventa, supo conjurar el golpe de Fujimori, imponiéndole sanciones y un riguroso aislamiento, pero le permite al chavismo secuestrar los atributos del Poder Legislativo y deja en soledad al titular de la OEA, Luis Almagro, en su esfuerzo para que la urna sea la brújula que rescate a Venezuela del laberinto donde deambula extraviada.

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