UN DIPLOMÁTICO EJEMPLAR

Piden poner punto final al misterio de un héroe

Raoul Wallenberg salvó a 50.000 judíos; fue detenido por la URSS.

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Sobrevivientes del campo, luego de ser liberados. Foto: AFP.

Suecia trata de poner punto final, al menos legalmente, al misterio en torno a Raoul Wallenberg, el diplomático que salvó a 50.000 judíos húngaros de la maquinaria de la muerte nazi durante la II Guerra Mundial y que desapareció en Budapest con la llegada del Ejército Rojo.

"Se ha solicitado la declaración de muerte de Raoul Wallenberg", indica el anuncio que la Agencia Tributaria sueca publicó en dos periódicos locales exigiendo que el aludido, que tendría en la actualidad 104 años, se presente ante las autoridades personalmente antes del 14 de octubre de este año.

De no ser así, la Agencia Tributaria podría declararlo oficialmente muerto, cumpliendo con la voluntad de los familiares de este valiente diplomático que han instigado este trámite legal para, de alguna forma, tratar de pasar página.

La declaración legal de su fallecimiento "es la forma de afrontar el trauma" de su desaparición, indicó la familia el pasado noviembre en un comunicado, cuando pidieron a las autoridades que iniciase este proceso, recoge la radio pública "Sverige Radio".

Wallenberg nació en una familia acomodada en 1912 y, tras estudiar en Estados Unidos, este arquitecto y empresario fue designado, con apenas 30 años, enviado especial de Suecia a la Hungría de la II Guerra Mundial, dominada por los fascistas locales y los nazis alemanes. A comienzos de 1944, cuando fue consciente de que el Gobierno húngaro empezaba a deportar de forma masiva a judíos húngaros a los campos de exterminio próximos, como el de Auschwitz, en la actual Polonia, extendió salvoconductos para cuantos judíos pudo. Estos documentos, denominados "pasaportes protectores", identificaban a sus poseedores como nacionales suecos esperando ser repatriados, con lo que se imposibilitaba en la práctica su deportación.

En total, según diversas estimaciones, Wallenberg salvó a miles de judíos húngaros gracias a sus "autobuses blancos", los transportes con los que los enviaba hasta su país natal.

Wallenberg, sin embargo, no podría escapar con vida de la Segunda Guerra Mundial. En 1945 fue detenido por militares soviéticos en las afueras de Budapest y trasladado a una cárcel de Moscú y, según reconoció una década más tarde el Gobierno ruso, el diplomático sueco murió en 1947, aún en prisión, de un ataque al corazón.

Estas explicaciones nunca convencieron a la familia del desaparecido, que ha pasado décadas buscando la verdad.

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