LA BITÁCORA

Periodismo o linchamiento

Un debate revelador sacude al periodismo argentino. En la vereda de los periodistas que eran críticos del kirchnerismo, se levantaron varias voces cuestionando como linchamiento mediático la difusión de las imágenes del exvicepresidente al ser detenido en su departamento.

Amado Boudou fue enviado a prisión por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. Foto: Prefectura Nacional Argentina
Amado Boudou fue a prisión por enriquecimiento ilícito. Foto: Prefectura Argentina

La reiteradísima imagen de Amado Boudou en pijama y descalzo fue considerada una humillación por Ernesto Tenembaum, un periodista intachable y prestigioso. Muchos le dieron la razón, pero otras figuras vigorosas del periodismo argentino, como Jorge Lanata, rechazaron que fuera un trato humillante o un linchamiento.

Estos dos exponentes de las miradas contrapuestas, dieron argumentaciones válidas. Ciertamente, la monumental impunidad de la que gozaron los últimos caídos por el despertar oportunista de un aparato judicial que se mueve en la dirección del poder, explica el ensañamiento de los medios. Aunque es igualmente cierto que los medios tienen la naturaleza de los buitres, abalanzándose con saña sobre los que caen.

Quizá lo más cuestionable de la prensa que se ensaña con los caídos y de los oficiales policiales y magistrados que le filtran imágenes que no debieran filtrarles, es que difundan conversaciones telefónicas de la expresidenta con sus colaboradores, tratándose de grabaciones ordenadas por la Justicia. ¿Quién y por qué filtró tales grabaciones? ¿Cuál es la razón por la que se permite que sean difundidas en los medios audiovisuales?

Sin embargo, en estos debates hay algo que pasa desapercibido, a pesar de su alta significación: el periodismo que fue crítico del kirchnerismo y denunciaba tenazmente la corrupción y el autoritarismo, no es un bloque monolítico, sino una vereda donde no sólo se difiere en la manera de posicionarse frente a las detenciones que están diezmando el elenco del poder en la era K, sino también en la cantidad y el tono de las críticas al gobierno de Mauricio Macri.

Algunos lo critican poco y otros lo critican mucho. Unos son muy suaves y otros son muy duros. Y es precisamente esa variedad de voces lo que contrasta con el periodismo orgánico que hacía de coro de ángeles para los gobiernos de Néstor y Cristina, al mismo tiempo que difamaba y estigmatizaba a quien osara cuestionar a sus líderes, o denunciar la visible estructura de corrupción que operaba a la sombra de sus todopoderosos liderazgos.

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