LA BITÁCORA

El péndulo catalán

Los vientos cambian vertiginosamente de dirección. En un momento, soplan a favor del independentismo, luego rotan bruscamente en dirección a Madrid. Y luego se siguen produciendo hechos que hacen girar la veleta una y otra vez.

Concentración frente al ayuntamiento de Barcelona para exigir la libertad de los exconsellers. Foto: EFE
Concentración frente al ayuntamiento de Barcelona para exigir la libertad de los exconsellers. Foto: EFE

La diáspora de empresas catalanas y la advertencia de Bruselas de que Cataluña podía quedar afuera de la UE, volvieron el viento hacia Madrid. Pero la desmesura policial el día del referéndum, hizo que una encuesta registrara por primera vez más apoyo a los separatistas que a los españolistas.

Ese apoyo empezó a tambalear por la ambigüedad de Puigdemont al proclamar y suspender la independencia. Sumó desconcierto la votación parlamentaria en la que los legisladores separatistas votaron en secreto, para evitar el castigo de la justicia del Estado del que estaban escindiéndose.

La desilusión se agigantó cuando el lunes siguiente a la proclamación del Parlament, en lugar de amanecer atrincherado en la Generalitat para resistir la aplicación del artículo 155, Puigdemont y varios miembros de su gabinete amanecieron en Bruselas.

El presidente que comandaba la secesión, terminó pareciéndose al personaje que encarnó Vittorio Gassman y comandaba un ejército de inútiles miedosos en "La Armada Brancaleone".

Lo que debía tener un desenlace épico, parecía terminar como comedia.

La semana empezaba con la porción independentista de la población, viendo que, lo que creía un formidable globo aerostático despegando valiente y majestuoso, estallaba como una pompa de jabón.

Cataluña parecía encaminarse a la elección convocada por Rajoy con la decisión de alinearse con Madrid. Pero es posible que las detenciones ordenadas por una jueza Lamela hagan rotar nuevamente el viento.

Puigdemont difícilmente deje de parecerse al personaje de la entrañable película de Mario Monicelli, pero Oriol Junqueras quizá se fortalezca. El destituido vicepresidente y sus camaradas de Esquerra Republicana, en lugar de huir se quedaron a dar la cara y fueron encarcelados. Esas detenciones volvieron a tensionar el ambiente en Cataluña. La jueza que los encarceló ayuda a que el independentismo tenga una chance más el 21 de diciembre. Esta victimizando como "presos políticos" a esos dirigentes que, aún encarcelados, tienen derecho a postularse.

Si les va bien en el comicio que impuso el gobierno español, se lo deberán a esa jueza que, siguiendo el razonamiento de Max Weber, debió actuar desde la "ética de la responsabilidad", pero prefirió agravar la crisis por actuar desde la "ética de la convicción".

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