UN TIEMPO NUEVO

La paz gana lugar paso a paso en los poblados

FARC comienzan a adaptarse a la vida civil en Colombia en proceso con desavenencias.

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Tras la guerra: miembros de la FARC se saludan en poblado de Pondores. Foto: EFE

En La Paz, Colombia, el nombre de la ciudad será puesto a prueba en estos días. Después de medio siglo de guerra, los rebeldes colombianos se desarman y preparan para ingresar en la vida civil bajo el acuerdo de paz que se firmó el año pasado. En esta ciudad en la montaña, un nuevo asentamiento de ex combatientes, que suman 80 y sigue creciendo, cobra forma, al igual que otros diseminados por el país. Los uniformes desaparecieron y han sido reemplazados por la ropa habitual de los habitantes que viven en las cercanías y miran con desconfianza. Las carpas también han sido reemplazadas.

"Pasamos 52 años en hamacas", dijo el comandante de los excombatientes, que sigue usando su nom de guerre, Aldemar Altamiranda. "Ya es hora de que nos mudemos a casas pequeñas".

A lo largo del país, se estima que unos 7.000 rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) entregarán sus armas a monitores de Naciones Unidas, este año. Las armas serán fundidas para cobrar la forma de monumentos de la guerra. Las FARC también esperan transformarse en un grupo político que represente a la izquierda, como los que surgieron después de las guerras de guerrillas en Nicaragua y El Salvador.

El nuevo asentamiento en La Paz, llamado Tierra Grata, es la vanguardia de un esfuerzo destinado a aplicar el controvertido acuerdo de paz en Colombia. El acuerdo fue rechazado por votación popular el año pasado, para luego ser impulsado a través del Congreso por el presidente Juan Manuel Santos, quien ganó el Premio Nobel de la Paz por haber buscado el final de décadas de conflicto.

La Paz es una muestra clara de la división que persiste en Colombia: mientras el referéndum fue apoyado aquí, cuatro de cada diez residentes votaron en contra del acuerdo. Algunos todavía tienen recuerdos amargos de la guerra y de un enemigo que en otros tiempos los asedió y de pronto se ha convertido en vecino. "Muchos tienen la capacidad de perdonar, pero no podemos olvidar la violencia que todos vivimos", dijo Julio Fuentes, de 42 años, un médico que señala que votó en contra del acuerdo de paz. Fuentes, cuyo hermano fue muerto por las guerrillas a fines de los años 90, dijo que él hizo las paces con los guerrilleros.

Este nuevo centro poblado para combatientes es uno de los más desarrollados. Las únicas personas armadas son los rebeldes. El perímetro es custodiado por los militares colombianos, que se ajustan a un nuevo papel: proteger a los guerrilleros y no combatirlos. También hay un contingente de Naciones Unidas.

La historia conflictiva estuvo presente para Alcides Danza Quintero, de 27 años, el vicealcalde, cuando encendió el televisor en agosto de 2016 y vio a Santos anunciado el acuerdo de paz desde el palacio presidencial. Con el anuncio, llegó la sorpresa porque el gobierno dijo que junto con las FARC habían elegido a La Paz como uno de las zonas donde los guerrilleros se establecerían y desarmarían. "Fue como un sacudón", indicó Quintero. "Debíamos recibir a un grupo al margen de la ley que nos había golpeado con dureza".

REPERCUSIÓN.

Un pedido de perdón para forjar la unidad.

Hubo opiniones divididas en La Paz tras anunciarse el acuerdo. Así como Alcides Daza Quintero expresó que no habían sido consultados para que los guerrilleros residieran allí, otros como Juan Martínez, un líder comunitario del poblado cercano de San José del Oriente, argumentaron que la presencia de los rebeldes sería buena porque el Estado pondría la atención en un lugar que recibe agua durante solo dos horas por día. "Hemos recibido promesas de estos acuerdos", dijo. "Se puede decir que es el comienzo de la reconciliación".

Las FARC bajaron de las montañas a las tierras cercanas a La Paz. Pero, en octubre se realizó el referéndum y se produjo el rechazo sorpresivo para los rebeldes. "Estábamos al lado de la radio, escuchando el resultado y para saber lo que dirían los comandantes sobre lo que ocurriría a continuación", recordó José, un combatiente de 25 años de la ciudad costera de Barranquilla.

Los jefes de las FARC rápidamente aseguraron al público que, pese al rechazo del acuerdo, estaban abiertos a negociaciones y no retornarían a la guerra. Altamiranda, el comandante en La Paz, decidió que era hora de encontrarse con los escépticos en un lugar público. Hizo un pedido de disculpas por los crímenes de los guerrilleros. Eso permitió unir a la comunidad.

En otros lugares no resultó tan fácil.

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