MISA EN FÁTIMA

Dos pastorcillos ahora son santos

Francisco afirmó que recibirá a Trump sin hacer juicios, lo escuchará y le dirá lo que piensa.

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Francisco reza ante la tumba de los dos pastorcillos. Foto: AFP

El papa Francisco proclamó santos en una ceremonia en Fátima a los dos hermanos pastorcillos, Jacinta y Francisco, que junto con su prima Lucía presenciaron las apariciones de la Virgen hace 100 años, y a ella suplicó "esperanza y paz para la humanidad".

Horas después, a bordo del avión que lo llevó de retorno a Roma, Francisco conversó con los periodistas, como lo hace habitualmente al final de sus viajes y al referirse a su próxima reunión con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que "jamás hago juicios sobre una persona sin escucharla, lo tengo que hacer. Yo le escucharé y diré lo que pienso".

En su concepto, lo importante en cualquier situación es "buscar las puertas que no están cerradas. Seguir adelante y paso a paso". Ante ello, recordó que "la paz es artesanal y se hace cada día, así como también la amistad entre las personas, el conocimiento y la estima es artesanal y se tiene que trabajar todos los días".

Trump, que será recibido por el Papa el 24 de mayo, manifiesta ideas muy diferentes a las de la Iglesia Católica, sobre todo ante la inmigración.

Francisco aseguró que él siempre piensa en "el respeto, en caminar juntos y en ser muy sincero con lo que cada uno piensa". Explicó que en uno de los encuentros antes de viajar a Fátima con un grupo de cientificos, uno de ellos que se definió ateo le dijo: "Dígale a los cristianos que amen más a los musulmanes". Estimó que "eso es un mensaje de paz".

Miles.

Ayer, Francisco vivió una jornada de fe y paz. Ante medio millón de personas que se congregaron en la explanada del santuario en un día soleado, presidió la misa para canonizar a los dos primeros niños, murieron con 9 y 10 años, que subieron a los altares de la Iglesia por un milagro y no al ser considerados "mártires".

En esta ceremonia de canonización, la primera que se celebra en Portugal, Francisco proclamó santos a los dos pastorcillos con la tradicional fórmula, pero esta vez de manera excepcional la leyó en portugués y no en latín.

Los cientos de miles de fieles que se congregaron en la explanada recibieron esta proclamación con un fuerte aplauso.

En la procesión que abrió la ceremonia, las reliquias de Francisco y Jacinta, que murieron con 9 y 10 años, se colocaron junto al altar con la imagen de la Virgen.

El milagro por su intercesión que fue aprobado para poder ser santos es la curación de un niño brasileño, Luca Baptista, que sufrió una grave lesión cerebral al caer por una ventana en marzo de 2013, cuando tenía 5 años.

El niño, junto con su hermana y sus padres, João Baptista y Lucila Yuri, llevó las ofrendas en la misa y recibió un abrazo del pontífice.

De los nuevos santos, señaló que fue de Dios de dónde "recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos".

Antes de celebrar la misa, Francisco había visitado las tumbas de Francisco y Jacinta, y de Sor Lucía, quien después transcribió los llamados tres secretos revelados por la Virgen hace cien años.

Pero su visita a Fátima, como dijo en la homilía, fue para suplicar a la Virgen que conceda la esperanza y la paz a toda la humanidad. "Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas", afirmó.

Y agregó: "Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados".

También exhortó a una "movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía".

"No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida", subrayó.

Según Francisco, aunque "advirtiéndonos sobre el peligro del infierno al que nos lleva una vida —a menudo propuesta e impuesta— sin Dios y que profana a Dios", lo que hizo con sus apariciones la Virgen fue "recordarnos la Luz de Dios".

"Queridos Peregrinos, tenemos una Madre. Aferrándonos a ella como hijos, vivamos de la esperanza que se apoya en Jesús", agregó.

El papa pidió a los católicos que descubran "de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, pobre de medios y rica de amor".

A la misa acudieron además de las autoridades portuguesas, los Jefes de Estado de Paraguay, Horacio Cartes, y de Santo Tomé y Príncipe, Evaristo do Espírito Santo Carvalho.

Espera la verdad en la acusación a ONG.

Francisco deseó de que continúen las investigaciones y que "salga la verdad" respecto a las acusaciones en Italia a algunas ONG de tener presuntas relaciones con los traficantes de inmigrantes.

"He leído en los diarios este problema, pero no conozco bien los detalles como son y es por ello que no puedo opinar, pero sé que hay un problema y espero que las investigaciones sigan adelante y que la verdad salga", expresó el papa.

El caso estalló cuando el fiscal general de Catania, en Sicilia, Carmelo Zuccaro, aseguró que tenía pruebas de que las ONG que operan en el Mediterráneo salvando a los inmigrantes tenían contactos con los traficantes. Las declaraciones han causado la indignación por parte de estas asociaciones humanitarias y el Parlamento italiano abrió una comisión de investigación.

Una misa con 500.000 fieles que llegan de 55 países.

El santuario de la localidad portuguesa de Fátima acogió a medio millón de peregrinos de 55 países, atraídos por la visita del papa con motivo del centenario de las apariciones marianas a tres pastorcillos portugueses y la canonización de dos de ellos. El obispo de Leiría-Fátima, Antonio Marto, ofreció el dato de la procedencia de los peregrinos al final de la homilía, cuando tuvo palabras de agradecimiento al pontífice por su visita al santuario y al que calificó como "peregrino entre los peregrinos. Está en su casa", le dijo al papa, a quien transmitió "el abrazo y afecto del pueblo católico".

Marto se refirió a Francisco como una voz "capaz de abatir muros. Estaremos siempre unidos".

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