ESTADOS UNIDOS

"Sin paciencia no puedo lograr nada, solo quiero un lugar seguro"

El peregrinaje de Buta, desde la India hasta Seattle pasando por la selva centroamericana.

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Buta Singh: En la corte de Seattle, su audiencia está fijada para octubre de 2020. Foto: AFP

En la primavera de 2013, Buta Singh, un sij de 34 años oriundo de Punyab, India, huyó de su país por temor a la persecución política y religiosa, con la ilusión de una nueva vida en Estados Unidos.

Su viaje se transformó en una extenuante y brutal odisea que se prolongó durante 10 semanas, luego en un arresto de 11 meses y desde hace años vive en un limbo legal sin fin a la vista y con la atemorizante perspectiva de la presidencia de Donald Trump. Días atrás, en un tribunal de migración de Seattle, la sentencia sobre la solicitud de asilo de Singh fue fijada para el 8 de octubre de 2020.

"Sin paciencia no puedo lograr nada", dice. "Solo quiero tener un lugar seguro, mi vida en India terminó".

La peripecia de Singh ilustra un nuevo y complejo aspecto de la continua evolución de la estrategia migratoria estadounidense, que la nueva administración, con su dura posición puede tener dificultades para manejar en el marco de las obligaciones legales de asilo del país.

Singh es uno de las decenas de miles de personas —procedentes no solo de América Latina— que intentaron entrar a Estados Unidos en los años recientes, realizando peligrosas travesías por el hemisferio.

Aunque en número inferior a los centenares de miles de mexicanos y centroamericanos que llegan anualmente, estos emigrantes económicos y refugiados representan una significativa y creciente proporción de quienes alcanzan la frontera sur de Estados Unidos. El año pasado Estados Unidos detuvo allí a 75.778 personas provenientes de países no centroamericanos, que intentaban entrar ilegalmente o fueron consideradas inadmisibles, un incremento de 59% en relación al año anterior, según datos de la autoridad fronteriza. La mayoría de ellos provenía de Cuba (43.304) y Haití (6.503), luego de Brasil (4.665), India (3.622), Ecuador (2.996), China (2.595) y Rumania (2.569).

La peripecia de Sing pone de relieve los peligros que deben sortear quienes sueñan con establecerse en Estados Unidos.

Luego de que su padre vendiera tierra y pagara a los traficantes en India unos 40.000 dólares, viajó a través de Europa a Sudamérica. En Nicaragua fue ocultado en sofocantes camiones de carga, cruzó ríos en destartalados botes y atravesó junglas. Un traficante le robó su pasaporte en Surinam y militares hondureños le exigieron sobornos. Siendo vegetariano, le era difícil encontrar comida y pasó largos períodos sin agua. "Creo que nadie trata así a un animal. Creí que iba a morir", recuerda.

Singh llegó finalmente a la ciudad fronteriza de El Paso, Texas, donde solicitó asilo. Según la ley estadounidense, quienes entran al país sin visa son asimilados en los procesos migratorios a los que cruzan ilegalmente la frontera.

Sin embargo, los oficiales entrevistan individualmente a quienes expresan temores de persecución en sus países de origen. Si los consideran creíbles, pueden apelar contra la orden de deportación, en un largo proceso de asilo. AFP.

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