CASO PROFUMO

Murió la modelo que hizo temblar a Gran Bretaña

Christine Keeler, protagonista del caso Profumo en 1963.

Lo joven Christine Keeler a principios de los 60, cuando estalló el escándalo. Foto: Reuters
Lo joven Christine Keeler a principios de los 60, cuando estalló el escándalo. Foto: Reuters

A las nuevas generaciones el nombre de Christine Keeler les dice poco, o nada. Pero probablemente escucharon hablar del caso Profumo, que tuvo como protagonistas al entonces ministro de Guerra británico, John Profumo, a una joven modelo y bailarina, y al agregado naval de la embajada soviética en Londres a principios de la década de 1960. Una explosiva mezcla de sexo y espionaje en plena Guerra Fría que desató uno de los escándalos políticos más sonados de Gran Bretaña.

Pues Christine Keeler era esa joven, que se vio envuelta en un juego de poderes que nunca pudo controlar y que la marcó hasta el último día de su vida. Falleció esta semana a la edad de 75 años.

La noticia la reveló ayer miércoles el diario The Guardian, citando al hijo de Keeler, que confirmó la muerte de su madre por una enfermedad pulmonar el lunes en un hospital del sureste de Inglaterra. "Se ganó su lugar en la historia británica pero pagando un alto precio personal", dijo su hijo Seymour Platt, de 46 años, residente en Irlanda.

El otro protagonista de esta historia es el médico Stephen Ward, encargado de reclutar a jóvenes como Keeler para sus fiestas sexuales con la alta sociedad británica. En 1961, en una de esas fiestas, mientras se bañaba desnuda en la piscina de la residencia de lord Astor, Profumo conoció a Keeler, 27 años menor que él.

Comenzó así una relación, que según contó la mujer duró solo algunas semanas, pero que dos años después desataría el escándalo que terminó costándole el cargo a Profumo y provocando la caída del gobierno del primer ministro conservador Harold MacMillan.

La cosa no habría pasado de una aventura extramatrimonial de uno de los políticos más importantes de Gran Bretaña y cuyo nombre se llegó a manejar como candidato a primer ministro. Pero un detalle lo cambió todo: Keeler, al mismo tiempo que mantenía su relación con Profumo, también se veía en encuentros sexuales con Yevgeny Eugene Ivanov, el agregado naval de la embajada de la Unión Soviética en Londres. Según los servicios de inteligencia británicos, Ivanov integraba una red de espionaje. Este hombre abandonó Londres apenas estalló el escándalo y nada más se supo de él. Ivanov era yerno del presidente de la Corte Suprema de la Unión Soviética.

Estaban los elementos para que comenzaran a tejerse todo tipo de teorías conspirativas, en las que la joven Keeler servía de vehículo de secretos de Estado de la cama del ministro británico a la del militar soviético.

Finalmente el 5 de junio de 1963 Profumo se vio obligado a dimitir, en medio de acusaciones de que había puesto en peligro la seguridad nacional y porque mintió en el Parlamento. Apenas tres meses después, en septiembre, ya enfermo de cáncer, renunció el primer ministro MacMillan, abriendo el camino para las elecciones del próximo año que ganarían los laboristas con Harold Wilson.

Profumo, casado con la actriz Valerie Hobson, no volvió más a la política, y a modo de "penitencia" se dedicó a las obras sociales, labor que le valió la condecoración de Comandante del Imperio Británico en 1975. Tenía el título nobiliario de barón pero que nunca usó. Murió en marzo de 2006 a la edad de 91 años.

"Nunca hablé de política con Profumo y nunca llegué a ser amante del soviético", contó Keeler en 1983, cuando presentó el libro Nothing but sobre su versión del caso. Definió su relación con el ministro británico de "puramente sexual", si bien reconoció que guardó un buen recuerdo de ese vínculo. Y sobre el soviético Ivanov, dijo que "solo nos acostamos una vez" y que nunca sintió nada por él.

Según Keeler, el único espía real en esta trama era Stephen Ward, el médico que le presentó a Profumo y le animó para que iniciara una relación con él. Ward, que fue acusado de proxenetismo, se suicidó en medio del escándalo.

Según el libro A matter of Trust, de Nigel West, el médico era un doble agente que trabajaba para los británicos relacionando a funcionarios soviéticos con mujeres.

En 1986 el caso llegó al cine con la película Escándalo, dirigida por Michael Caton-Jones.

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