JUICIO POLÍTICO EN BRASIL: LA GRIETA SE AHONDA

La muralla que divide a dos países

La discusión sobre la destitución de la presidenta se refleja hoy en las calles entre partidarios y opositores.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Partidarios del Impeachment con carteles con la frase: "Chau Querida". Foto: Reuters.

EFE / RÍO DE JANEIRO

El simbólico "muro" levantado en el corazón de Brasilia para evitar enfrentamientos entre los partidarios de Dilma Rousseff y sus detractores refleja con claridad la fractura social del país ante el proceso destituyente que amenaza a la presidenta.

Una valla levantada en la Explanada de los Ministerios de la capital brasileña, de alrededor de un kilómetro de longitud y unos tres metros de altura, separará las multitudinarias movilizaciones convocadas por simpatizantes y detractores de Rousseff para mañana, cuando el pleno de la Cámara baja vote si aprueba avanzar en el proceso de destitución de la presidenta. Un fuerte dispositivo policial se ocupará de la seguridad para evitar incidentes frente al Congreso.

Las medidas de seguridad se repetirán en las principales ciudades del país, donde también se esperan movilizaciones masivas, en especial en Sao Paulo y en Río de Janeiro, en medio de un clima de tensión.

País dividido.

En las últimas semanas, las manifestaciones en la calle se han convertido en una expresión de la profunda fractura de la sociedad brasileña. De un lado, los "coxinhas", apelativo de origen despectivo que define a los defensores de la destitución de la presidenta, acorralada y con la popularidad más baja de un mandatario desde la dictadura, han tomado el amarillo y el verde —los colores de la bandera nacional—como un símbolo y reclaman la retirada inmediata Rousseff.

Entre sus argumentos, no solo el maquillaje de las cuentas públicas de 2014 y 2015 en que se basa el proceso de juicio político contra la mandataria.

También la crisis económica que ha sumido al gigante suramericano en un bache del que le resultará difícil salir, con un desplome del crecimiento y un aumento del desempleo y de la deuda, agravado por el mayor escándalo de corrupción de las últimas décadas en la que era considerada la "joya de la corona" del país, la petrolera estatal Petrobras.

De otro, los partidarios de Rousseff y de su antecesor y mentor político, Luiz Inácio Lula da Silva, a los que se denomina de forma despectiva "petralhas", abrazan el rojo que distingue al Partido de los Trabajadores (PT), acusan a la oposición de golpista y temen un giro a la derecha si cae la presidenta y la pérdida de programas sociales y subsidios que benefician casi a un 20 por ciento de la población.

Dos movimientos muy parejos —según las últimas encuestas el 60 % de los brasileños estaría a favor de la salida de la presidenta— que parecen dispuestos a mantener su reclamo en la calle, donde también se abre paso un colectivo que reclama una depuración en el sistema político al grito de "fuera todos". "Hay sin duda una crisis de credibilidad en las instituciones", sostiene el analista Juan Soldano, que subraya la importancia de la crisis económica como telón de fondo del caos político que vive el país.

"A caballo de la bonanza económica, el Partido de los Trabajadores benefició a millones de familias a través de programas sociales. Hoy, parte de esa gente, que no vive necesariamente del Estado, siente que está perdiendo poder adquisitivo y empiezan a operar también contra el Gobierno, sumándose a la oposición a Rousseff de buena parte de la clase media y alta", explica.

La fractura del país, continúa, es también geográfica: El sur, más rico, apoya mayoritariamente la destitución de la presidenta, mientras el norte y el noreste, donde se concentran las regiones más empobrecidas y castigadas, pero también las más favorecidas por los programas gubernamentales, defiende a Rousseff y a su mentor político, Lula.

Con independencia del resultado del proceso de "impeachment", apunta a Efe el especialista Manuel Sanches, "una buena parte de la sociedad brasileña quedará frustrada, ya sea la mitad que apoya a Rousseff o la que está en contra". "Existe un riesgo de fractura. Veo que hasta las elecciones municipales de octubre o, incluso un poco más allá, hasta las presidenciales de 2018, la sociedad brasileña va a presentar una división muy clara", añade este profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), sobre este panorama político.

Diputado Da Forza: "El PT no volverá en 20 años".

"Tenemos una marea contra Dilma Rousseff que nadie puede parar, la gente dijo basta y en el Congreso ya entendieron el clamor de la calle, esto se acabó", afirmó el opositor diputado brasileño Paulinho da Forza. El legislador, quien podría ser el nuevo ministro de Trabajo si prospera el "impeachment" contra la presidenta y el actual Gobierno cae, considera que es inexorable la salida de la presidenta en la votación en el Plenario del Congreso, "porque nadie aguanta más esto". "Habrá un efecto dominó, primero la sacaremos a ella, después vendrá el fin del Partido de los Trabajadores, de Lula, que puede ir preso,vamos a terminas con este proyecto de poder podrido que destruyó al país", se regodeó el legislador.

"Ellos (por el oficialismo) no vuelven nunca más al poder, van a pasar por lo menos 20 años para que los tengamos de vuelta", insistió. Da Forza es uno de los hombres de confianza del poderoso Eduardo Cunha, el titular de la Cámara baja que llevó adelante la eficaz estrategia del "impeachment".

Paulinho da Forza ve el futuro con optimismo pero reconoce que no todas serán rosas en el eventual gobierno de transición . "Van a venir algunos meses más o menos duros, inevitablemente, es necesario arreglar algunas cosas para empezar a salir adelante con un gobierno de transición que sepa dialogar con los empresarios, con los trabajadores, con los demás partidos", apuntó el congresista que es titular del partido Solidaridad. "Pero todo lo que pase con Temer va a ser mejor que lo que tenemos ahora con la incompetencia de Dilma y los ladrones que están con ella", señaló. "Esta gente nos hundió, llevamos dos años de recesión, las inversiones no llegan, las tasas de interés están a 14,25% las más altas del mundo. Qué ironía, un partido que se dice de izquierda engordando los bolsillos de los banqueros y los usureros", insistió terminante. ANSA

Taiana: "Ofensiva sin sustento legal de grupos".

El presidente del Parlamento del Mercosur (Parlasur), el excanciller argentino Jorge Taiana, llamó ayer a respaldar a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y repudió las "claras muestras de desestabilización" contra su gobierno. "Mañana, domingo, se juega buena parte del futuro de los derechos y conquistas sociales de los pueblos de nuestra región", advirtió Taiana en un comunicado de prensa.

Taiana, que fue canciller entre 2003 y 2010 durante los gobiernos de los expresidentes Néstor Kirchner (2003/2007) y Cristina Kirchner (2007/2015), destacó la importancia de "defender a la mandataria de Brasil frente a la ofensiva sin sustento legal de los grupos concentrados del país vecino", señala el parte.

"Enviamos un fuerte abrazo a la Presidenta Dilma Roussef expresando nuestra solidaridad y compromiso con el pueblo hermano de Brasil", agregó Taiana en nombre de los parlamentarios del kirchnerista Frente para la Victoria, (peronismo de centroizquierda), al que pertenece.

Presidente del Parlasur desde el 1 de enero, Taiana expresó el "más enérgico repudio a las claras muestras de desestabilización al gobierno de Dilma Rousseff, a través de una campaña mediática, política y económica para terminar con un gobierno popular elegido por la mayoría de los hermanos brasileños". "Estas maniobras de desestabilización han sido comunes en toda Latinoámerica, con el objetivo de eliminar los proyectos políticos populares y democráticos", advirtió.

Consideró que se busca "volver a implementar las políticas de ajuste, destrucción de los sectores productivos y el empleo, beneficiando así a grandes grupos corporativos".

El viernes la presidenta recibió el apoyo personal del secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien planteó sus dudas en cuanto a la legitimidad del proceso de destitución, gesto reprobado por la oposición brasileña. AFP

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