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La mucama de Nisman clave para resolver algunas interrogantes

La mujer que trabajaba dos veces por semana en la casa del fiscal argentino asegura que la puerta de servicio siempre estaba cerrada por dentro cuando estaba su jefe. Dice que la lista de compras la dejó ella y no Nisman.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Fiscal Nisman investigó delicado caso internacional. Murió y Argentina se estremece. Foto: Reuters.

Cuando Gladys Gallardo, la empleada doméstica de Alberto Nisman, escuchó por televisión al cerrajero hubo un dato que le llamó la atención. Siempre que su jefe estaba solo en el departamento dejaba la puerta de servicio cerrada con una traba que únicamente se abría por dentro. El día que lo encontraron muerto, no.

Gallardo no tiene dudas y conoce el funcionamiento de la casa de Nisman como nadie. Ella iba a limpiar dos días por semana, unas diez horas cada vez, desde hacía más de un año. "Él siempre que estaba solo ponía la traba. Era una traba de esas redondas. Tiene que haberle abierto a alguien", dijo Gallardo.

Ella tenía llaves de la puerta de servicio, pero siempre debía tocarle timbre a su jefe para entrar. El diálogo de Gallardo con LA NACION duró unos pocos minutos. Fue después de que ella hubiera declarado en el expediente. Terminó muy rápido porque Gallardo dijo que por el momento prefiere no hablar más.

En la fiscalía, ella contó que la última vez que vio a su jefe, "el doctor", fue el jueves anterior a su muerte y que fue ella la que le dejó una nota con cosas que necesitaba del supermercado. No al revés. Al ex presidente de la DAIA Jorge Kirszenbaum un primo hermano de la madre de Nisman le había contado que en el departamento del fiscal habían encontrado una nota dirigida a su empleada doméstica, encargándole una lista de cosas que ella tenía que comprar el lunes. Gallardo explicó que fue al revés. Que ella nunca hacía las compras.

Declaró además que ese jueves no se despidió cuando se fue del departamento porque Nisman estaba dormido "como nunca". Que se había pasado el día trabajando y, sobre todo, atendiendo a las radios que lo llamaban por teléfono para hablar sobre la denuncia que había presentado el día anterior.

Gallardo le dejó una nota avisándole que se había asomado a su cuarto, pero que no lo había querido despertar y se fue. Siempre según la declaración testimonial que LA NACION reconstruyó de fuentes de la causa, quedaron en que ella iba a volver el lunes. Para ese día, él le había pedido un pastel de papas. Tenía que comer mejor. Le decían que estaba muy flaco.

El domingo por la noche, uno de los custodios de Nisman la llamó para avisarle que al jefe lo habían encontrado muerto. Ella conocía bastante a los custodios; la llevaban a la estación cuando tenía que volverse a casa y eran ellos los que subían las bolsas con las compras cada vez que el fiscal iba al supermercado.

Este verano, Gallardo pensó que iba a tener vacaciones hasta el 23 de enero. Así se lo había comunicado su jefe. Pero el 6 una secretaria le avisó que Nisman la estaba buscando. El doctor volvía antes por trabajo y la iba a necesitar. Él se lo confirmó vía WhatsApp y ella le contestó que no tenía problema.

El fiscal le contó también que el regreso era por unos días y que luego se volvía a ir con Iara, su hija mayor, a Barcelona. Pero después cambió de opinión. Iara había decidido quedarse en España con su madre y él no iba a regresar a Europa, le explicó ya en su departamento de Puerto Madero.

Otros testimonios ratifican este relato. El plan original de Nisman era permanecer de corrido en Europa desde el 1° de enero hasta el 23 para celebrar el cumpleaños de 15 de Iara. El 23 dejaría a las chicas (Iara y Kala, que tiene 7 años) con su ex mujer, la jueza Sandra Arroyo Salgado, y volaría de París a Buenos Aires.

Pero el 31 de diciembre compró en Iberia nuevos pasajes para hacer un intervalo en el viaje y poder estar en la Argentina la semana del 12 de enero (presentó la denuncia el miércoles 14).

Fue en Madrid donde su idea de volverse con Iara se frustró. Discutió fuerte con Arroyo y finalmente acordaron que la adolescente esperaría a su madre en el aeropuerto de Barajas para seguir viaje con ella. Así fue como Nisman llegó a Buenos Aires solo, con la valija de Iara, que ya había sido despachada.

Según supo LA NACION de fuentes del caso, Gallardo nunca conoció el detalle de estas internas familiares. Tampoco Nisman le contó nunca que hubiera recibido nuevas amenazas ni le dijo tener miedo. Sí lo vio trabajando mucho.

El último jueves, como siempre, Gallardo le tocó timbre y Nisman le abrió. Le habló de la denuncia que había presentado el día anterior; en realidad, de la repercusión que había tenido. "¿Viste?" Ella no sabía mucho. Y él le dijo: "Me van a querer voltear, pero no van a poder".

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