Se cumplieron ayer 7 meses y sólo se sabe que era espiado

El misterio en torno al caso Nisman persiste

Se cumplieron ayer siete meses de la muerte del fiscal especial Alberto Nisman y el caso continúa empatanado en un torbellino de indicios contradictorios y, aún, lejos de ser esclarecido. De hecho, el expediente continúa bajo la carátula de "muerte violenta", sin especificar si se trata de un suicidio o un homicidio.

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La camioneta forense de la Policía transporta el cuerpo de Alberto Nisman. Foto: Reuters

El abogado que representa a la familia de Nisman en la causa hizo algunas revelaciones en los últimos días, las mismas apuntan a que el fiscal estaba sometido a una vigilancia estricta de diversos servicios.

"Hemos detectado la existencia de otro grupo más que pertenecería a la Prefectura Naval Argentina que hacía una suerte de vigilancia". El abogado Juan Pablo Vigliero, nombrado por Sandra Arroyo Salgado en la causa que investiga la muerte del fiscal Alberto Nisman, reveló anoche que "detectaron" una "custodia" o "vigilancia" extra de la que no se tenía conocimiento y que "se han borrado todos los registros" del celular de Nisman del domingo 18 de enero, día en que fue encontrado muerto en el baño de su departamento en Puerto Madero con un balazo en la cabeza. "Además de la custodia regular que ejercía la Justicia federal y de la custodia privada del complejo y del servicio adicional de custodia que daba la Prefectura Naval Argentina, hemos detectado la existencia de otro grupo más que pertenecería a la Prefectura Naval Argentina que hacía una suerte de vigilancia de la que todavía no hemos podido establecer la naturaleza", sostuvo.

Espiado.

Cada paso en el avance de la investigación ha estado marcado por una revelación contradictoria con lo que se sabía hasta el momento. Es casi un sello del caso.

El abogado querellante reveló que Nisman estaba bajo una vigilancia que iba bastante más allá de su protección personal.

"En una de las declaraciones (en la causa) se dejó trascender que el mismo día, ese fatídico sábado (17 de enero), había personal de Inteligencia, concretamente nos refieren a uno, que estaba vigilando, mirando o casualmente parado en la plaza frente a las torres Le Parc", aseguró, en referencia al último día en que Nisman fue visto con vida.

Pero además de vigilancia física, Nisman era objeto de espionaje electrónico. Las pericias forenses en torno al celular personal del fiscal revelaron que todos sus registros, particularmente las llamadas y los mensajes por WhatsApp del último día fueron borrados.

Unos días antes, un experto en seguridad informática ofreció pruebas de que el celular de Nisman había sido infectado por un poderoso programa espía. El canadiense-neozelandés Marquis-Boire, un referente en la materia, dijo que Nisman "había sido blanco de un RAT, siglas de Remote Access Toolkit". Y explicó que "se trata de una clase de software que permite a un hacker o a un espía acceder de forma remota a la computadora o al dispositivo móvil de alguien".

"Esta clase de programa le permitiría a terceros grabar los correos electrónicos, mensajes de texto, obtener capturas de pantalla, incluso oír a esa persona por medio del micrófono o tomar fotos usando la webcam de la notebook o la cámara del teléfono", detalló el experto.

A la luz de estas revelaciones recientes el abogado Vigliero expresó su sorpresa de que "siga habiendo novedades a siete meses de que empezó la investigación" y que "no se hubieran sabido antes estas cosas".

"Se murió en circunstancias que hay que aclarar en las narices de la Policía Federal, de la Prefectura, en un complejo privado resguardado con cámaras y custodia privada. Es realmente llamativo: no sabemos qué pasó", concluyó.

La investigación paralela que la expareja de Nisman, la jueza federal Sandra Arroyo Salgado, encargó a un prestigioso equipo de peritos reveló hace meses la certeza de que el fiscal había sido asesinado de modo de simular un suicidio. De hecho, la fiscal Viviana Fein que dirige la investigación oficial se ha inclinado por esa hipótesis y no la de un homicidio.

La pistola utilizada, una Bersa calibre 22, que el técnico en informática Diego Lagomarsino le prestó al fiscal es otra de las piezas clave del caso. El arma no dejó las esperables marcas de pólvora en la mano de Nisman y solo poseían sus huellas dactilares cuando poco antes la había manipulado el propio Lagomarsino. La parte querellante ha solicitado que se pericie el arma, pero la fiscal lo ha descartado por el momento.

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