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La Meca, un viaje de alto riesgo para musulmanes

Irán y Arabia Saudita intercambian acusaciones e insultos previo a la peregrinación de millones de fieles.

En vísperas de la peregrinación a La Meca, la guerra verbal entre Irán y Arabia Saudita alcanzó niveles máximos con agresivas acusaciones mutuas. En un último ataque virulento, el ayatolá iraní Alí Jamenei maldijo a la familia real saudí que "no merece gestionar" los lugares más sagrados del islam (hach).

El ataque estuvo secundado por otro del presidente iraní, Hasan Rohani, que, en un llamado sin precedentes, pidió a los países musulmanes se coordinen para "castigar" a Arabia Saudí por sus crímenes.

La crisis está exacerbada por la incapacidad de los dos países rivales de Medio Oriente para hallar un acuerdo para la participación de los iraníes en la peregrinación.

En 2015 una estampida gigantesca en La Meca provocó la muerte de 2.300 personas, de las cuales 450 era iraníes.

Teherán acusó en mayo a Riad de "sabotaje", y el reino saudí consideró inaceptables las exigencias iraníes —en particular la de organizar manifestaciones— para la participación de sus ciudadanos en el peregrinaje, uno de los cinco pilares del islam.

Más allá de la disputa por la peregrinación, la República Islámica (chiita) y el reino saudí (sunita) están inmersos en una lucha de influencia en la región, tanto en Siria como en Yemen.

Desde enero rompieron sus relaciones diplomáticas. La decisión la tomó Riad tras el ataque a su embajada en Teherán por manifestantes que protestaban contra la ejecución en Arabia Saudita de un dignatario religioso chiita.

"Los países de la región y el mundo islámico deben coordinar sus acciones para solucionar los problemas y castigar al gobierno saudí", declaró Rohani en un consejo de ministros.

La Meca: a partir de mañana esperan 1,4 millones de peregrinos. Foto: Reuters
La Meca: a partir de mañana esperan 1,4 millones de peregrinos. Foto: Reuters

"Irán no perdonará".

"Si el problema con el gobierno saudí se limitara al hach, quizá habríamos hallado una solución. Pero desgraciadamente este gobierno, con los crímenes que comete en la región y su apoyo al terrorismo, derrama la sangre de musulmanes en Irak, en Siria, en Yemen y bombardea a diario salvajemente a mujeres y niños yemeníes", añadió.

Rohani aboga por una coordinación entre los Estados musulmanes para que "el hach se desarrolle" normalmente y "los países de la región se libren del apoyo de este régimen al terrorismo y el pueblo yemení pueda vivir en paz y en seguridad".

Irán "no perdonará nunca la sangre derramada por estos mártires", advirtió Rohani. Teherán acusó a Riad de "incompetencia" en la organización del hach luego del drama.

Es la primera vez en casi tres décadas que los iraníes no participan en el hach.

Poco antes el jefe de la diplomacia iraní, Mohamad Javad Zarif, acusó a las autoridades sauditas de "fanatismo" en respuesta al gran muftí de Arabia Saudita que había declarado en la víspera que los iraníes no son musulmanes.

El jefe de la diplomacia iraní, Mohamad Javad Zarif, respondió entonces que no había "efectivamente ninguna semejanza entre el islam de los iraníes (...) y el del extremismo fanático que predican (los saudíes)".

Monarquías del Golfo.

Las monarquías sunitas del Golfo acusaron esa semana a Irán de buscar "politizar" el peregrinaje anual a La Meca, luego de la violenta diatriba lanzada por Teherán contra Riad.

Las declaraciones "inapropiadas y ofensivas" del ayatolá iraní, Alí Jamenei, son "una clara incitación y un intento desesperado de politizar el rito", denunció en un comunicado Abdelatif Zayani, secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), organización que reagrupa a Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar y el sultanato de Omán.

"Los países del CCG rechazan las declaraciones sucesivas de los altos dirigentes iraníes contra el reino saudita" que "contienen acusaciones y alegaciones totalmente incompatibles con los valores y preceptos del islam", dijo Zayani.

En tanto, el gobierno de Marruecos alabó ayer viernes "las medidas tomadas por Arabia Saudita" para organizar la actual peregrinación a La Meca, y pidió que ésta "quede fuera de todo intento de politización".

El gobierno marroquí, aliado sin fisuras de Arabia Saudita en toda su política exterior, ha saludado este año, como lo ha hecho en los pasados, las medidas tomadas por el gobierno saudí y su monarca "para garantizar la seguridad, la quietud y el confort de los peregrinos".

Marruecos cree que la peregrinación, como pilar del islam, debe "quedar fuera de todo intento de politización y de todo lo que contribuya a alterar el ambiente de recogimiento" que debe observarse en la ciudad santa.

Negocio en auge detrás del ritual religioso.

nAdemás de gastar miles de dólares para viajar a La Meca con motivo de la peregrinación del hach, los fieles musulmanes tienen otro gasto ineludible: el de los numerosos regalos que tienen que llevar a sus casas.

A unas decenas de metros de la Gran Mezquita, en la avenida Ibrahim Al Jalil, donde las tiendas rivalizan entre sí con luces intermitentes y carteles en todas las lenguas para atraer al gentío, Mohammed Hasan hace sus compras. "Ya he comprado abayas" (los largos vestidos tradicionales del Golfo para las mujeres), "bonetes, perfumes, alfombras de oración, incienso", cuenta este ingeniero egipcio de 61 años.

En total, su presupuesto asciende a 3.000 riyales saudíes", afirma, unos 800 dólares. Una cantidad que se suma a los 6.700 dólares que le han costado el viaje en avión y las noches de hotel en La Meca y en Medina, las dos ciudades santas de Arabia Saudita.

"Mis hijos podrán decir papá me ha traído esto de la Kaaba", la construcción cúbica alrededor de la cual fue construida la Gran Mezquita, hacia donde los musulmanes rezan cinco veces al día, continúa Hasan.

Pues si, ante todo, el hach es para los musulmanes una aventura espiritual, una vuelta a los mismos lugares en los que Mahoma cumplió los ritos que han permanecido inalterados, la peregrinación también supone una industria que Arabia Saudita quiere desarrollar todavía más, como una alternativa al rédito que le proporcionan los hidrocarburos, casi el 50% del PIB.

La temporada del hach, con los 1,4 millones de peregrinos extranjeros que deberían llegar a La Meca en unos diez días, es la más importante, unos visitantes que son un maná que aporta al país miles de millones de dólares cada año.

En 2015, según la Cámara de Comercio y de Industria de La Meca, los peregrinos extranjeros gastaron unos 5.300 millones de dólares. Por ejemplo, una pequeña tienda de alfombras de oración y atuendos islámicos, tiene un volumen de negocio diario que varía entre US$ 5.300 y 6.600. AFP

Comercio: los peregrinos esperados como potenciales clientes. Foto: AFP
Comercio: los peregrinos esperados como potenciales clientes. Foto: AFP

TESTIMONIO DE UN SOBREVIVIENTE.

"Una herida que no se cura nunca".

Pese a seguir afectado por la muerte de dos amigos de la infancia durante la trágica estampida de la peregrinación anual de los musulmanes el año pasado, Mohammed Sani ha decidido volver a La Meca. Este farmacéutico nigeriano de 46 años, afirma que su fe sigue intacta pese a la muerte de unos 2.300 peregrinos durante el ritual de lapidación de Satán el 24 de septiembre de 2015 en Mina, a unos kilómetros al este de la Gran Mezquita, la peor tragedia acaecida durante el hach en Arabia Saudí. "Salí milagrosamente indemne, pero estos acontecimientos dejaron una herida en mi corazón que no se curará nunca", destacó Sani a su llegada al reino, acompañado de su esposa.

El hach es uno de los cinco pilares del islam y cada musulmán está obligado a hacerlo, al menos, una vez en la vida si dispone de los medios físicos y económicos.

Este año, la peregrinación tendrá lugar tras el atentado suicida que costó la vida en julio a cuatro agentes de seguridad cerca de la mezquita del profeta Mahoma en Medina. El ataque, no reivindicado, provocó una oleada de críticas en los círculos sunitas y chiitas del reino saudí, al contrario de lo que ocurrió tras la estampida de 2015.

El drama de Mina fue duramente criticado en el extranjero, en particular en Irán, país del que eran oriundos 464 muertos.

Durante la estampida de 2015, los peregrinos acusaron a la policía de haber cerrado las carreteras y de haber gestionado mal los movimientos de la multitud.

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