Marco Antonio Carvalho Teixeira

"Es la mayor crisis de la historia"

El prestigioso cientista político e investigador de la Fundación Getúlio Vargas advierte que aún si la presidenta Dilma Rousseff logra mantenerse en el gobierno, la inestabilidad será cada vez peor y provocará consecuencias impredecibles.

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Miles salieron a protestar contra el gobierno de Dilma Rousseff en Brasil. Foto: AFP

Al experto le preocupa aún más que la posibilidad de un juicio político que termine en su destitución, el extremadamente bajo nivel de aprobación popular con que cuenta la mandataria. Sostiene que esta es la peor crisis política en la historia de Brasil, ya que tampoco los partidos de la oposición presentan alternativas sólidas.

—¿Cuánto incidió en la gestión de Dilma la presión social que se ha manifestado a través de multitudinarias protestas como las del domingo 16?

—La interferencia de las manifestaciones en la gestión cotidiana del gobierno de Dilma por ahora se nota poco, sobre todo porque los líderes en torno a estos movimientos sociales se niegan a dialogar, lo que incluso impide que algunos logros ya alcanzados en estas manifestaciones puedan ser capitalizados por los movimientos. Por ejemplo, las manifestaciones masivas de julio de 2013 pusieron en la agenda pública el tema de la movilidad urbana, con énfasis en el transporte público. Frente a esto, el gobierno federal aumentó el volumen de los recursos dedicados a este problema, varias administraciones municipales, como San Pablo, cambiaron sus prioridades a la luz de esta demanda social y se creó incluso el "pase libre" en el transporte público para los estudiantes necesitados. La mayor parte del programa "Más Médicos" también puede ser atribuido a una respuesta del gobierno a lo que ocurría en las calles en 2013. La Ley de Lucha contra la Corrupción, que salió a castigar fuertemente a las empresas, fue aprobada en 2013 y promulgada en 2015, justo después de esas manifestaciones. Lo mismo ocurrió con el voto secreto de los parlamentarios para algunos temas, el que cayó en 2013. Ninguna de estas conquistas ha sido reclamada por los movimientos sociales debido a esa posición que asumen al negarse a negociar con el gobierno, ya que ellos quieren el fin del gobierno.

—Hay 11 pedidos de juicio político o impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff. ¿Pueden poner fin al mandato antes de tiempo?

—Muchas de estas peticiones han sido archivadas por ser consideradas inconstitucionales. Hay un ambiente político, referenciado por la opinión pública medida por Datafolha, que presiona por hacer lugar al impeachment. Más del 60% de los brasileños apoyaría la destitución de la presidenta de acuerdo con una encuesta hecha en agosto de 2015. Sin embargo, el delito de responsabilidad que caracteriza a dicha solicitud todavía no existe. Yo creo que las condiciones económicas que han empeorado son las que explican que la popularidad de Dilma haya caído. Pasó de una aprobación de su gobierno del 40% en diciembre de 2014 a un 7% en agosto de 2015. Ese juicio es más grave y preocupante que el apoyo a juicio político dado que las condiciones legales para el mismo no están dadas. Además, vale recordar que la apertura de cualquier juicio político tomaría al menos seis meses para ser analizado y concluido. Si no se hace dentro de las reglas de juego, con amplio respeto por el Estado de Derecho y pruebas concretas, va a generar pleitos interminables y un mayor clima de inestabilidad del que ya tenemos.

—Con un índice de aprobación de gestión mínimo y acosada por las denuncias de corrupción, ¿puede Rousseff sostenerse en el poder o es posible un quiebre institucional o un llamado a elecciones anticipado? ¿Está Brasil en riesgo de caer en un vacío de poder?

—Una aprobación de la gestión en índices tan bajos afecta la legitimidad del gobierno. Esto tiene más que ver con el aumento del desempleo y el deterioro de las condiciones económicas que con los hechos de corrupción, una vez que esos hechos ilícitos no afectan directamente a los ciudadanos. Si Dilma puede conseguir —lo que opino que es harto difícil— una mejora de la situación económica, su aprobación podrá subir. En caso contrario, deberá convivir con esa inestabilidad, cuyas consecuencias son impredecibles.

—¿Qué tipo de alianzas puede concretar la presidenta para fortalecer su posición y qué costo deberá pagar en dicha negociación?

—Ese es un gran desafío. Buscar apoyos en los movimientos sociales acaba fracasando por las medidas de ajuste fiscal a las que esos movimientos se oponen. Si apunta al Congreso, tendrá que hacer concesiones en puestos de gobierno y órganos estatales con nominaciones bajo su responsabilidad. Tendrá que gobernar negociando puntualmente cada uno de los temas de interés, lo que le impone a Dilma un alto costo político y de transacción con la oposición para poder gobernar.

—¿Qué falló en los últimos años que permitió que se generaran esos enormes bolsones de corrupción?

—La falla radica en el modelo de financiación de las campañas en las que se gasta mucho, y de la incapacidad de los miembros de la clase política para separar el interés público del interés privado cuando utilizan sus cargos para direccionar contratos públicos para empresas que les hacen donaciones. Con la aprobación de la ley anticorrupción y la mejora en los órganos de control, este tipo de acciones tenderá a disminuir.

—¿Cuál ha sido el impacto en la economía de la crisis política que vive hoy Brasil?

—Gran parte del clima de inversión negativo es causado por la incertidumbre política. La crisis política es un obstáculo concreto para la recuperación de la economía, lo que contribuye a las dificultades del gobierno.

—¿Cómo mide esta crisis con relación a la historia de Brasil?

—Es la mayor crisis de la historia porque pone en cuestión el sistema político y revela un vacío de liderazgos capaces de encontrar una salida. Investigaciones de instituciones afirman que el prestigio de los partidos y los políticos está en una situación aún peor que la de la propia presidenta. La oposición tiene un diagnóstico de la crisis, pero no presenta alternativas y se encuentra dividida por las aspiraciones de poder de sus líderes.Brasil, crisis, política, Dilma Rousseff, corrupción, Marco Antonio Carvalho Teixeira

La ciencia de gobernar

Se graduó en Ciencias Sociales en la Pontificia Universidad Católica de San Pablo en 1996. Obtuvo asimismo un doctorado en Ciencias Sociales, concentrado en el área de Ciencias Políticas.

Marco Antonio Carvalho Teixeira. Foto: Archivo El País
Marco Antonio Carvalho Teixeira. Foto: Archivo El País

Actualmente es profesor en el Departamento de Gestión Pública de la Fundación Getúlio Vargas de San Pablo, donde imparte el curso de Administración y Gobierno y una maestría en Gestión Pública y Política. Es profesor de Relaciones Internacionales en la Fundación Santo André. Ha desarrollado investigaciones y es autor de una frondosa bibliografía académica.

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