EL DÍA DESPUÉS

Masacres: Trump pide no culpar a las armas

El presidente dijo que se trató de un “acto de maldad” y lo atribuyó a “problemas de salud mental”

El FBI desplegado en Sutherland Springs; todo apunta a que el detonante fue una disputa familiar. Foto: AFP
El FBI desplegado en Sutherland Springs; todo apunta a que el detonante fue una disputa familiar. Foto: AFP

Estados Unidos está de duelo tras la matanza de 26 personas en una iglesia de Texas el domingo, un hecho por el que el presidente Donald Trump pidió no responsabilizar a las armas, mientras se intensificaban los llamados a aumentar su control.

Esta masacre, ocurrida solo cinco semanas después del tiroteo más mortífero perpetrado en Estados Unidos (el 1° de octubre en Las Vegas, 58 muertos), ocurrió cuando un hombre con chaleco antibalas abrió fuego con un rifle de asalto contra los feligreses en una iglesia bautista, dejando además una veintena de heridos.

Trump, de gira por Asia, calificó lo ocurrido como "espantoso tiroteo" y "acto de maldad", pero volvió a descartar que el acceso a las armas sea el causante. Lo mismo dijo cuando la masacre de Las Vegas.

"Tenemos un montón de problemas de salud mental en nuestro país, pero no es una situación imputable a las armas", declaró en Tokio.

Las víctimas, con edades entre cinco y 72 años, asistían al servicio de la Primera Iglesia Bautista de Sutherland Springs, una localidad rural de unos 500 habitantes y ubicada 50 kilómetros al sureste de San Antonio.

El tirador, identificado como Devin Kelley, de 26 años, aparentemente se suicidó cuando huía en su auto y era perseguido por dos ciudadanos.

La Fuerza Aérea informó que Kelley prestó servicio en una base de Nuevo México desde 2010, antes de ser juzgado por una corte marcial en 2012 por agredir a su esposa e hijo. Fue sentenciado a 12 meses de confinamiento y recibió una baja por mala conducta.

Vestido completamente de negro, Kelley abrió fuego afuera de la iglesia antes de entrar y seguir disparando. Múltiples armas fueron encontradas en el vehículo en el que huyó Kelley.

"Tenemos roto el corazón. Nos congregamos, unimos nuestras fuerzas (...) A través de las lágrimas y nuestra tristeza permanecemos fuertes", dijo Trump, que también ordenó que las banderas ondeen a media asta en la Casa Blanca y edificios federales.

Debate por las armas.

El presidente insistió en que "es un poco pronto para abordar el tema", al ser consultado por los pedidos de que aumente el control de armas en el país. Pero prometió "apoyo total" de su gobierno a la investigación.

Como en tantos otros tiroteos, los demócratas aprovecharon para renovar los llamados al control y regulación de las armas de fuego, un tema candente en Estados Unidos, país que considera casi sagrado el derecho a portar armas.

Denunciando un "acto de odio", el expresidente demócrata Barack Obama declaró: "Que Dios nos conceda a todos la sabiduría de preguntarnos qué medidas concretas podemos tomar para reducir la violencia y las armas entre nosotros".

Esta nueva masacre ocurre a un mes del tiroteo en que un contador jubilado abrió fuego desde una habitación de hotel de Las Vegas matando a 58 personas e hiriendo a cerca de 550, de una multitud que asistía a un concierto. Fue el más mortífero en la historia reciente del país.

El 17 de junio de 2015, un supremacista blanco, Dylann Roof, entró a la iglesia de Emanuel, en Charleston, Carolina del Sur, símbolo de la lucha de los negros contra la esclavitud, y mató a tiros a nueve personas. En enero pasado, Roof fue condenado a la pena capital.

Cada año, más de 33.000 personas mueren en Estados Unidos víctimas de las armas de fuego (22.000 de los casos son suicidios), de acuerdo a un estudio reciente.

El debate sobre la reglamentación de las armas se relanza tras cada tiroteo, sin que la legislación pueda ser modificada, debido, entre otros motivos, a la influencia ejercida por la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés), el poderoso lobby de las armas que ha apoyado la campaña del presidente Trump. Uno de los hijos del presidente integra además esta organización.

Luego de la masacre de Las Vegas del 1° de octubre, la Casa Blanca evitó ingresar en el debate sobre el control de armas, pero la oposición demócrata dijo que insistiría para la aprobación de una ley que restrinja la tenencia por parte de civiles.

Es más, la excandidata demócrata Hillary Clinton pidió un debate de fondo sobre las armas. "Nuestra pena no es suficiente. Podemos y debemos dejar la política de lado, enfrentar a la NRA y trabajar juntos para intentar que esto no vuelva a ocurrir", dijo en Twitter.

El "cowboy" texano que le dio caza al asesino.

Corrían las 11.30 de la mañana del domingo cuando el joven Johnnie Langendorff se topó con el episodio más violento y mortal de la historia de Texas en un escenario inesperado: el templo de la Primera Iglesia Bautista de la pequeña localidad de Sutherland Springs.

Escondido tras unas gafas de sol y un sombrero de "cowboy", Langendorff relató ayer cómo persiguió con su propia camioneta a Devin Kelley.

El oriundo de Seguin, una ciudad a media hora de Sutherland Springs, se dirigía a ver a su novia cuando escuchó un intercambio de disparos delante de la iglesia y vio cómo un hombre blanco vestido totalmente de negro, Kelley, entró en su automóvil y se escapó.

En ese momento, otro hombre que perseguía al asesino disparándole con un rifle se acercó a la camioneta de Langendorff y le explicó rápidamente que Kelley acababa de tirotear a decenas de feligreses.

"Tenemos que perseguirlo, ha matado a muchas personas", recordó el joven, que dijo que no hizo ninguna pregunta y actuó sin pensarlo, dejando subirse al vehículo al otro individuo.

Ambos siguieron al asesino varios kilómetros hasta que Kelley perdió el control de su vehículo y salió de la ruta para estrellarse contra una zanja, presumiblemente después de autoinfligirse un disparo mortal.

"Nos acercamos con el rifle del otro hombre gritándole a (Kelley) que saliera del auto, pero no se movió: ya estaba muerto", aseguró un Langendorff convertido en héroe local.

"No fue un gesto heroico, hice lo que cualquier persona hubiera hecho en la misma situación", comentó Langendorff.

El atacante de Texas: ateo, asocial y violento.

Descrito por quienes le conocieron como un hombre inquietante con una vida personal y profesional frustrada, el exmilitar Devin Kelley (26), autor del tiroteo en Texas, fue dado de baja de la Fuerza Aérea estadounidense por violencia conyugal. Cuando cometió la masacre, vestía de negro de la cabeza a los pies. Algunas fotografías de su rostro —tez clara, sin sonreír, con o sin barba, cabello corto— aparecieron ayer lunes en la prensa estadounidense.

Residía en New Braunfels, una ciudad ubicada a unos 50 km de Sutherland Springs, donde perpetró el tiroteo. Kelley era de esas personas que exponían abiertamente su frustración en las redes sociales. Sus diatribas en Facebook iban dirigidas contra la religión, la iglesia y los creyentes. Muchos de sus antiguos compañeros de clase se habían distanciado de él.

La carrera militar de Kelley fue breve, sin logros, y marcada por un fin abrupto. Fue reclutado en 2010 como especialista en logística en una base de la fuerza aérea en Nuevo México. Dos años más tarde fue juzgado por una corte marcial por violencia contra su esposa y un hijo de ambos. Ella pidió el divorcio ese mismo año. Por las agresiones fue condenado a un año de detención. También fue degradado.

Kelley mató sin contemplación a mujeres y niños con su fusil de asalto AR-15. En Facebook publicó una foto del arma sobre un sofá, con la leyenda: "Es una mala zorra".

¿Por qué disparó contra los parroquianos de la iglesia? Los investigadores apuntan a un "diferendo" familiar. La suegra de Kelley frecuentaba ese templo, aunque no se encontraba allí el domingo.

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