FRANCIA ELIGE EL PARLAMENTO

Macron se juega todo para gobernar

Lograría la mayoría con más de 390 bancas en elecciones legislativas que se realizan hoy.

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Emmanuel Macron, presidente de Francia, en Oradour-sur-Glane. Foto: Reuters.

El presidente Emmanuel Macron comienza a jugarse, hoy domingo, en las elecciones a la Asamblea Nacional, la posibilidad de impulsar las reformas que prometió en la campaña electoral para transformar y mantener a Francia en el primer nivel mundial. Las encuestas indican que su partido La República en Marcha obtendrá una mayoría amplia con más de 390 bancas.

La última encuesta de intención de voto, difundida el viernes por el instituto Ipsos, otorga al partido centrista de Macron el 31% de los votos, dos puntos más que en el relevamiento anterior realizado el martes. Traducida a bancas, la encuesta del instituto demoscópico le otorga a la fuerza política de Macron entre 397 y 427 diputados, muy por encima de los 289 en que se sitúa la mayoría absoluta. La Asamblea Nacional se compone de 577 diputados.

A gran distancia, los conservadores Republicanos alcanzarían el 22% (de 95 a 115 bancas), el Frente Nacional que lidera Marine Le Pen —de extrema derecha, derrotada por Macron en el balotaje presidencial— el 17% (entre 5 y 15 bancas), el izquierdista Francia Insumisa de Jean-Luc Mélénchon el 11,5% (entre 11 y 21 bancas) y el Partido Socialista tendría 8% (de 22 a 32 bancas).

Los votos que pueden emitir hoy los 47 millones de ciudadanos habilitados confirmarán la magnitud de la mayoría que logrará el presidente, que no tendrá necesidad de formar una coalición con otros partidos, y tampoco se abre la eventualidad de un gobierno de "cohabitación" con el presidente de un partido y el primer ministro de otro, como ya ocurrió en tres periodos.

Sin impacto.

Las elecciones legislativas se desarrollarán en dos rondas hoy y el domingo 18, debido a que el sistema electoral de Francia establece que se puede obtener una banca conquistando la mayoría absoluta o con los votos de al menos 25% de los inscriptos.

Las encuestas muestran que las sospechas de corrupción y nepotismo que recaen sobre algunos aliados de Macron, apenas han hecho mella en las perspectivas electorales de su partido.

La Fiscalía de París abrió, el viernes, una investigación preliminar a la formación centrista Modem, aliada del presidente, por sospechas de abuso de confianza y ocultación al usar a asistentes parlamentarios europeos para trabajar en el partido y no en la Eurocámara.

El caso remite al que afecta también al Frente Nacional, por el que es investigada Le Pen.

Modem es la agrupación que lidera el ministro de Justicia, François Beyrou. Pero, no parece sencillo que los conservadores vayan a cobrarse esa pieza fácilmente. El gobierno recurrió al primer ministro, Edouard Philippe, para sofocar la polémica y no permitir que se abra un "caso Bayrou". Philippe consideró que el ministro es creíble para impulsar la ley de regeneración de la vida pública, que debería ser la primera que se aprueba bajo el nuevo presidente.

Cambio.

La hegemonía de los diputados pro-Macron en la Asamblea Nacional confirmaría la necesidad de renovación política que tienen los franceses, que han dejado fuera de juego a los antiguos líderes políticos de los partidos tradicionales y elegido un presidente de 39 años, aún desconocido por todos hasta hace no mucho.

Su voluntad de poner fin a los viejos atavismos políticos lo condujo a formar un gobierno mezclando personalidades de derecha, izquierda y de la sociedad civil.

Entre los 530 candidatos presentados por La República en Marcha solo figuran 28 parlamentarios salientes, y buen número de ciudadanos procedentes de variados horizontes: torera, matemático, piloto de caza, entre otras profesiones.

Los primeros pasos de Macron en el escenario internacional, considerados exitosos frente a los pesos pesados Trump, Merkel o Putin, sumado a la fascinación que suscita la atípica pareja de un presidente y su mujer 24 años mayor, ha generado una verdadera "Macronmanía". Necesita una sólida mayoría para asentar su política de reformas sociales y liberales: moralización de la vida política, flexibilización del mercado de trabajo o la reducción de los déficits públicos, para satisfacer las normas europeas impuestas desde Bruselas.

El imperativo es doble: se trata de respetar las promesas hechas a los electores, pero también de recuperar la confianza de Alemania, que desde hace años reclama a París reformas estructurales. Macron tiene la intención de formar con Alemania un dúo a la cabeza de la UE, en momentos en que Estados Unidos se distancia y Gran Bretaña optó por el Brexit.

"La elección de Macron devuelve a Europa una frágil esperanza. Trump y el Brexit pueden ejercer de acelerador de partículas para la pareja franco-alemana". Pero "Francia debe traducir sus intenciones en actos para convencer a Alemania de que esta vez sí llevará a cabo totalmente sus reformas", según indica en una nota de análisis el experto en política internacional, Dominique Mosi.

EL TELETRABAJO ESTÁ INCLUIDO.

La reforma laboral abre polémica.

La polémica reforma de la ley del trabajo que promueve Macron animó los últimos días la campaña de las legislativas y enfrentó a los partidarios del mandatario con la oposición, desde la izquierda radical hasta la ultraderecha.

El cambio en las reglas del trabajo entró de lleno en el debate electoral después de que el diario Libération publicase algunas de las líneas maestras de esta norma, que busca limitar las indemnizaciones por despido y dar más poder a las empresas en las negociaciones salariales y de horarios.

"Estamos en pleno ejercicio democrático, pero el presidente quiere cambiar la ley sin que pase por el Parlamento", denunció Bastien Lachaud, el director de la campaña del partido de la izquierda radical La Francia Insumisa. Lamentó no haber tenido tiempo suficiente de debate por haber conocido los detalles de la reforma laboral poco antes de las elecciones. Sin embargo, se felicitó de que "por fin" haya elementos "para discutir sobre el fondo".

"Salarios, duración del trabajo (en Francia son 35 horas semanales) y la existencia incluso de contratos indefinidos... Todos estos elementos van a ser pisoteados por el gobierno y su política a través de decretos", señaló.

Las revelaciones que publicó Libération dan a las empresas un mayor margen de maniobra para despedir, recurrir a los contratos temporales y negociar con sus empleados el número de horas.

La ministra de Trabajo, Muriel Pénicaud, afirmó que "los contratos indefinidos serán la norma. El objetivo no será fomentar la precarización". Abogó por una norma que se adapte a aspectos como el teletrabajo o la globalización.

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