ARGENTINA: ELECCIONES LEGISLATIVAS

Macri más fuerte; Cristina más débil

Cambiemos gana terreno en el Congreso, pero necesitando de acuerdos con la oposición.

Mauricio Macri. Foto: AFP
Mauricio Macri. Foto: AFP

El cambio de ciclo político iniciado en Argentina hace dos años terminó de consolidarse con las elecciones parlamentarias del domingo. El 40,6% de los votos a nivel nacional obtenido por los candidatos del gobierno y la derrota de Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires dan por cerrada una etapa signada por la confrontación y abre las puertas a otra que promete llevar la marca de la negociación política.

En un anticipo de ese nuevo tiempo, ayer el presidente Mauricio Macri adelantó que convocará a gobernadores, legisladores, sindicalistas y jueces para establecer un gran acuerdo nacional. A corto plazo, el Poder Ejecutivo prevé enviar al Congreso un proyecto de reforma tributaria que incluye poner límites al gasto de las provincias. También impulsará en los próximos meses otras reformas, entre las que sobresalen la laboral, previsional, educativa y electoral.

"Se viene una etapa de negociación, aunque se dará en el marco de un fuerte enfrentamiento entre los gobernadores peronistas, que están preocupados por su supervivencia política, y la oposición firme que propone Cristina Kirchner", dijo a El País el analista político Julio Burdman, director de la consultora Observatorio Electoral.

Aún con el triunfo electoral, la bancada oficialista continuará siendo minoritaria en el Congreso. Pero podrá acudir a las negociaciones con los sectores más dialoguistas desde una posición de mayor fortaleza. En la Cámara de Diputados, compuesta por 257 miembros, los representantes del gobierno pasarán de los actuales 86 a 107 a partir del 10 de diciembre. En el Senado, la bancada oficialista saltará de 17 a 25, sobre un total de 72 legisladores. "En los últimos dos años ha habido negociación entre el oficialismo y la oposición, pero ahora se inicia una etapa de negociación más equilibrada", señaló a El País el analista político Carlos Fara.

El gobierno no solo contará a favor con el crecimiento del número de legisladores propios, sino también con el debilitamiento de los sectores de la oposición que propician un rechazo cerrado a las políticas oficiales. La derrota de Cristina Kirchner da oxígeno a los sectores peronistas más dispuestos a negociar con el gobierno.

Ese escenario amenaza con acelerar el proceso de pérdida de poder que viene sufriendo la expresidenta desde la salida del gobierno en diciembre de 2015. A corto plazo, los analistas anticipan dos destinos posibles para el kirchernismo: una aceptación de su debilidad mediante la integración como una línea interna más a un peronismo que promete transformarse con estilo y caras nuevas, o una radicalización de sus posturas que lo aleje aún más no solo del peronismo, sino de las nuevas demandas de la sociedad.

"Cristina Kirchner planteó la creación de un partido nuevo y opositor. Esto recién empieza, declaró en la noche de la elección. Tengo algunas dudas de cuán acompañada estará por los peronistas que gobiernan: gobernadores, intendentes, legisladores. Sin embargo, ella está decidida a no pactar con Macri. Hay que ver cómo evoluciona esto, pero no parece interesada en acercarse al peronismo", señaló Burdman.

Aún con todas sus debilidades a cuestas, la expresidenta cuenta todavía con una carta fuerte: hacer valer los 3,5 millones de votos que obtuvo con su candidatura a senadora en la provincia de Buenos Aires en un contexto de tierra arrasada en el peronismo tras la elección del domingo. El hartazgo de un vasto sector de la sociedad argentina con las prácticas y resultados que dejaron en los últimos 30 años las gestiones peronistas, tanto a nivel nacional como provincial, empujó a ese partido a una derrota histórica.

La oleada macrista provocó el derrumbe incluso en provincias que parecían feudos inexpugnables, como en Santa Cruz —gobernada por Alicia Kirch-ner— y La Rioja, donde el expresidente Carlos Menem perdió aunque renovó su banca en el Senado. Peor aún, dirigentes con proyección presidencial, como el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, y el de Córdoba, Juan Schiaretti, también cayeron derrotados.

Para el gobierno de Macri asoma, entonces, un escenario que parece ideal. No solo cuenta desde el domingo con un mayor capital político propio, sino que el principal partido de oposición ingresa en un proceso de recomposición que amenaza con ser traumático. "La renovación del peronismo será lenta. Eso le da espacio a Macri para acelerar su agenda de reformas", señaló Fara.

Los mercados financieros festejaron ayer ese panorama. La bolsa porteña alcanzó un nuevo record histórico, el dólar cayó 0,5% y el riesgo país descendió a 342 puntos básicos, el menor nivel en más de una década. "Cambiemos se consolida como el actor político dominante de la Argentina sin demasiados obstáculos a la vista, y ayudado por la división del peronismo en el Congreso y las provincias. Eso no quiere decir que Macri no enfrente desafíos por delante. Pero, en 2018, al menos, su gobierno tendrá el camino allanado para implementar políticas", dijo Burdman.

Los K y el freno al gobierno.

El kirchnerista Unidad Ciudadana, de la expresidenta Cristina Fernández, prometió poner un freno a las iniciativas del gobierno de Mauricio Macri.

"Somos la fuerza con responsabilidad de parar el ajuste que está llevando adelante el Gobierno", dijo el exministro kirchnerista Daniel Filmus, que encabezó la lista a diputados de Unidad Ciudadana en la capital argentina.

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