ATAQUE EN NIZA: TESTIMONIO DE SOBREVIVIENTES

"En ningún lugar estamos a salvo"

Niza amaneció en estado de shock; familiares y amigos de las víctimas no salen de su asombro.

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Homenaje: Turistas y familiares depositan flores en el Paseo de los Ingleses. Foto: AFP

Niza amaneció ayer sitiada por la policía y el Ejército tras el atentado que dejó al menos 84 muertos. Pasadas algunas horas del episodio, la conmoción y el dolor de los testigos que lograron salvarse continuaba. Muchos de ellos depositaron flores y cartas en el Paseo de los Ingleses en homenaje a las víctimas.

Samir, de 22 años, se postra, sentado en la acera con un ramo de flores, no lejos del altar donde se empiezan a acumular rosas y pequeñas notas de adiós. "Estaba allí ayer por la noche, tenía que encontrar a mis amigos, pasé la noche buscándolos y he sabido que uno de ellos, Ahmed, ha muerto", explica. "No he tenido el valor de avanzar más", se excusa con una voz en la que se adivinan las lágrimas.

Dos chicas, Becky, escocesa, y Alisa, finlandesa, avanzan de la mano para depositar su ramo en el terraplén de la rambla. Están comprometidas y habían ido a pasar unos días a Niza, reputada ciudad "gay friendly".

"Estamos en shock, tenemos la impresión de que podría pasar en cualquier sitio, que ningún lugar está a salvo de lo que ocurre en este momento en el mundo", dice Becky.

"Ayer por la noche tuvimos mucha suerte; corrimos y casi nos separamos, pero pudimos permanecer juntas".

Desmet Germian, un belga de 73 años, estaba viendo un concierto de jazz en la rambla. De repente, escuchó gritos desesperados.

"Los músicos tiraron los instrumentos al suelo y saltaron detrás del escenario. Yo tropecé y caí al suelo y otras personas me cayeron encima. No pude moverme durante un buen rato. Era horroroso. Las mujeres corrían con los carritos mucho más rápido de lo que eran capaces y los niños caían al suelo", cuenta.

Surgió el rumor de que podía haber otro terrorista y eso desató un pánico mayor. Camsarvararayen, dueña vietnamita de una tienda de comestibles de ocho metros cuadrados, contó que atinó a cerrar todo y dar refugio al mayor número de personas posible. "Había a unas 20 personas, unos tirados por el suelo, otros apoyados donde podían…", recuerda. "Teníamos mucho miedo, no sabíamos si podía aparecer un terrorista y matarnos a todos", dijo a El País de Madrid.

Muchos llegaron a saltar el muro de la rambla y tirarse al agua. "Corrieron a esconderse en el agua por si había algún terrorista disparando", recuerda Cons Gerard. "El problema es que no sabías hacia dónde correr. Nosotros nos fuimos tres minutos antes de que pasase el camión porque había empezado a lloviznar. Nos salvamos de milagro", relata.

Bebé rescatado.

Gracias a Facebook, una familia logró encontrar anoche en Niza a su bebé de ocho meses, perdido en el caos.

Minutos después del ataque, una familiar de los padres del niño —que resultó indemne en la masacre— lanzó un mensaje de búsqueda de un bebé "malgache laosiano con carrito azul", junto a una foto suya y un número de teléfono por "si alguien lo vio o recogió".

La solidaridad fue inmediata, el mensaje fue divulgado miles de veces y una hora después de su publicación la familia anunciaba por la misma vía que el niño había sido encontrado sano y salvo.

Tiava Banner, la familiar que redactó los avisos de búsqueda, agradeció la ayuda brindada por Facebook y por quienes propagaron la noticia y enviaron mensajes de apoyo tras encontrar al bebé.

Detuvieron a un hombre armado.

La Policía francesa arrestó ayer a un hombre armado con un machete en el Paseo de los Ingleses de Niza. El detenido, que iba acompañado de un cachorro de perro, fue detenido hacia las 20.50 hora local y transferido a un cuartel de la policía nacional. "Nice Matin" indicó que el hombre, cuya identidad no se ha facilitado, fue reducido por las personas que estaban allí.

TESTIMONIO DE ARGENTINOS.

A solo 100 metros de la muerte.

Balthazar es uno de esos bares del Paseo de los Ingleses que se convirtió en refugio cuando Mohamed Lahouaiej asesinaba a 84 personas con su camión. Allí, a 100 metros del episodio, estaban trabajando Agustín y Ginés, dos amigos argentinos que estuvieron escondidos cuatro horas a unos metros de la tragedia.

"Estaba en la barra y de repente empezó a entrar gente, como un río, tirando las vallas. Lo primero que pensé: Es una bomba. Entonces dejamos que se metieran en la cocina y en el almacén", señala Casini.

"Había más de 50 personas, estábamos todos callados, había rumores de bombas, seguíamos lo que pasaba por celular, dice.

"Lo más shockeante era ver a las familias con los bebés, había unos 15 niños pequeños. Había un padre con dos hijos y eran cinco en la familia, pedía que les ayudáramos a encontrarlos en la zona. Faltaba la madre y dos hermanos, pero no podíamos salir", explica Gailac.

"Uno junta energías, mantiene la calma e intenta ayudar. Con el cambio horario pudimos avisar a los nuestros, que se tranquilizaron", añade.

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