LA BITÁCORA

Luces y sombras dela paz en Colombia

Quedará un sabor amargo. Crímenes abyectos como el reclutamiento de niños, la industrialización del secuestro extorsivo, el confinamiento de rehenes en "gulags" de la selva, además de asesinatos, masacres y narcotráfico, no recibirán las condenas merecidas.

Esa impunidad podrá ser semilla de futuras tentaciones del negocio de la guerra. Aún así, la paz firmada en Cartagena implica una vuelta de página cargada de promesas.

Si en las últimas dos décadas, Colombia pudo tener logros como el triunfo sobre los grandes carteles de Cali y Medellín, un crecimiento económico importante y la modernización de ciudades que se convirtieron en modelos urbanos, cargando la pesada mochila de la guerra, es posible imaginar que, sin semejante carga, la economía colombiana tendrá una posibilidad cierta de avanzar al desarrollo.

Con Brasil atribulado por la descomposición de la dirigencia que le dado el liderazgo sudamericano, será Colombia la que pueda motorizar el avance regional hacia una integración de economías abiertas y modernas y, además, crear un nuevo eje en el que tendrán un rol preponderante Argentina, Perú y Chile.

Si se mira hacia atrás, la paz deja el sabor amargo de la impunidad. Desde hacía décadas las FARC ya no tenían la legitimidad que habían heredado de las milicias campesinas que tomaron las armas tras el asesinato del líder liberal Jorge Elieser Gaitán, en 1948. Se extravió en el tiempo la razón que tuvieron Jacobo Arenas y Manuel Marulanda para crear las FARC en los años sesenta, repudiando el acuerdo entre liberales y conservadores. Tras la desaparición de la URSS y el debilitamiento de Cuba, empezó el envilecimiento de una guerrilla que envejeció en una guerra convertida en un negocio atroz.

Enriquecida por los secuestros extorsivos y por la sociedad con los narcos, su poderío empezó, no obstante, a recibir golpes demoledores a partir del "Plan Colombia".

Perdiendo en los campos de batalla y las guaridas selváticas a sus líderes históricos (Tirofijo, Raúl Reyes, Luis Briceño y Alfonso Cano, entre otros), las FARC se debilitaron hasta verse obligadas a negociar en serio, y no jugar a la negociación para ganar tiempo y reorganizarse como hicieron, traicionando la buena voluntad pacificadora del presidente Andrés Pastrana, a fines de los 90.

La paz tiene puntos oscuros y tiene enemigos, pero también tiene un futuro posible. Y en ese futuro asoma la modernidad, el desarrollo y el liderazgo regional de Colombia.

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