LA BITÁCORA

En el limbo

La realidad lo puso en jaque y Carles Puigdemont intentó hacer tablas. Fue la economía, y no el gobierno de Mariano Rajoy, la que encerró a los separatistas en una encrucijada.

Carles Puigdemont, presidente regional de Cataluña. Foto: AFP.
Carles Puigdemont, presidente regional de Cataluña. Foto: AFP.

La fuga de empresas y la Unión Europea (UE) diciendo que no recibirá con los brazos abiertos una Cataluña independiente, le hicieron ver a Puigdemont que declarar la independencia no es lo mismo que conquistar la independencia. Y cuando estaba por declararla, al entender que aún no la había conquistado, terminó buscando una cuadratura de círculo que desdibujó su liderazgo.

Puigdemont intentó dar marcha atrás por una pendiente empinada, en un vehículo que no tiene reversa. Hace tiempo quemó las naves. O avanza a la secesión, o renuncia al cargo.

En rigor, hay otra alternativa: que actúe como Alexis Tsipras. El líder griego llegó al poder prometiendo salir de la UE si Bruselas insistía en imponer ajustes a Grecia. Incluso hizo un referéndum en el que una abrumadora mayoría apoyó su desplante, pero a renglón seguido hizo exactamente lo contrario a lo prometido y refrendado. Echó al heterodoxo Yanis Varoufaquis y dejó que se fuera el ala radical de Syrisa, para gobernar en sintonía con Berlín y Bruselas.

¿Terminará Puigdemont siendo el Tsipras del independentismo catalán? ¿Terminará Oriol Junqueras siendo el Varoufaquis del giro de Puigdemont?

De momento, todo quedó congelado. El jefe del Govern comprendió que los catalanes no serían recibidos en la UE como lo fueron checos, lituanos, eslovenos, croatas y bosnios, entre otros. Esas naciones venían de totalitarismos que las sojuzgaban.

Cataluña no podría separarse de España como lo hicieron checos y eslovacos: con la misma suavidad de su "Revolución de Terciopelo". Por eso terminó apostando a la fórmula que usó Eslovenia para iniciar su salida de Yugoslavia: en 1990 hizo un referéndum que aprobó la independencia, la proclamó y suspendió sus efectos para negociar con Belgrado. No hubo negociación sino la guerra con que Slobodan Milosevic intentó retenerla. Pero ganó Eslovenia y Europa la reconoció y la ayudó, porque era evidente la artificialidad del Estado creado por el mariscal Tito y la hegemonía de Serbia en la supuesta federación.

España no es comparable a Yugoslavia y las torpezas de Rajoy no lo asemejan al sanguinario Slobodan Milosevic.

La pregunta es si Madrid sabrá aprovechar la crisis del liderazgo independentista, o cometerá torpezas como la represión a votantes el 1° de octubre.

Si mueve bien sus piezas, Madrid podría convertir el jaque que la economía le hizo a Puigdemont, en jaque mate al plan independentista.

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