SALIDA DEL REINO UNIDO

Líderes europeos en la encrucijada

Divididos por cómo responder al reclamo ciudadano de seguridad, empleo y crecimiento.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Merkel, Hollande y Renzi se dirigen a encuentro con periodistas en Berlín. Foto: Reuters

Con la ausencia del primer ministro del Reino Unido, David Cameron, los líderes de la Unión Europea (UE) comenzaron a abordar, el mércoles pasado, una cuestión existencial: cómo salvar la integración que ha dado paz y prosperidad relativa a 500 millones de personas, pero ha perdido apoyo de los ciudadanos.

"Todos necesitamos despertarnos y sentir el aroma del café", dijo la presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaite, al comienzo de las conversaciones privadas en Bruselas dedicas a cómo relanzar a la UE después del impacto que significó la votación en el Reino Unido para salir del bloque continental.

Ante la ausencia del primer ministro Cameron, quien ya habia retornado a Londres después de participar del día inicial se reuniones, los restantes 27 líderes del bloque coincidedieron que la UE necesita un cambio en la manera como funciona si va a frenar una creciente ola de populismo impulsada, en gran medida, por la hostilidad hacia Bruselas.

Al presentar a los líderes su propio análisis de porqué 52% de los británicos votaron en favor de retirarse de la UE, Cameron, en una sombría cena a hora tardía del martes, expuso que el principal motivo fue la inmigración. Las encuestas en otros países muestran profunda oposición al flujo de extranjeros. Pero, reducir la inmigración —al menos el derecho de los ciudadanos de la UE a moverse adonde quieran en el bloque— actualmente resulta imposible, debido a que el movimiento libre de los ciudadanos es un principio inviolable del proyecto europeo.

Al mismo tiempo, enlentecer el flujo de inmigrantes de fuera de Europa es un hecho que las autoridades en Bruselas consideran es un éxito notable. Requirió de mucho tiempo y muchas reuniones, pero bajo un polémico acuerdo con Turquía, el torrente de casi un millón de personas que llegó a Europa a traves de las islas griegas, el año pasado, se enlenteció hasta llegar a un goteo.

Los migrantes todavía llegan a Europa después de un viaje azaroso a través del Mediterráneo desde el Norte de África, pero son muchos menos que los arribos que el año pasado se produjeron por Grecia. Son las personas usadas por la campaña en el Reino Unido para convocar a oponerse a la UE.

Sin soluciones fáciles a la imagen pública de Europa ni consenso sobre lo que puede ser una unión reformada, el acuerdo principal que lograron los líderes, el miércoles pasado, fue sostener otra reuinión en Bratislava, Eslovaquia, en septiembre.

En una declaración final, los líderes reconocieron que el referéndum británico "crea una situación nueva a la UE" y que "muchas personas expresan su falta de satisfacción con el estado actual de las cosas". Agregaron que los ciudadanos europeos "esperan que actuemos mejor en lo que respecta a proveer seguridad, empleo y crecimiento, así como dar esperanza de un futuro mejor".

Cambiar un sistema complicado que tiene tres presidentes, dos sedes del Parlamento en ciudades situadas a cientos de kilómetros de distancia y, al menos hasta que el Reino Unido parta formalmente, 28 países miembros, no podía resolverse en pocas horas.

"Llevará tiempo encontrar la respuesta a este nuevo desafío para Europa", advirtió Frans Timmermans, un ex ministro de Relaciones Exteriores de Holanda y primer vicepresidente de la Comisión Europea, que es el brazo ejecutivo de la unión. "Debemos ser brutalmente honestos con nosotros mismos a medida que discutimos el camino hacia adelante. Hoy, hay más preguntas que respuestas".

Complejo.

François Lafond, profesor de integración europea en la universidad Sciences Po, en París, estimó que la tarea de encontrar respuestas es tan grande que debería ser encomendada a una convención especial de expertos y autoridades a los que se daría al menos seis meses para crear un nuevo enfoque. De otra manera, "los populistas seguirán creciendo", indicó. "Debemos dar una señal clara de cambio".

Lafond consideró que un tema crucial es qué funciones deben ser reintegradas a las naciones individuales y cuáles deben caer dentro de los poderes de la unión. Los argumentos sobre esta división del trabajo han acechado al proyecto europeo desde que comenzó hace más de seis décadas.

La crisis desatada por el voto británico no ofrece una solución burocrática, debido a que involucra a los que han sido desde siempre los puntos más vulnerables del proyecto europeo: su lejanía del ciudadano común, y la falta de legitimidad democrática. El Parlamento Europeo, elegido por voto popular desde 1979, tiene por finalidad llenar esa brecha. Pero, al no tener poder para introducir leyes, es visto como un foro ruidoso y caro que simplemente aprueba las medidas propuestas por la Comisión.

David Cameron en la evocación de la batalla de Somme. Foto: AFP
David Cameron en la evocación de la batalla de Somme. Foto: AFP

Hablan de la necesidad de cambio, pero no hay claridad para hacerlo.

Los miembros del Parlamento Europeo se unieron en llamados para el cambio en la UE, pero no ofrecieron una visión común de cómo lograrlo. "Europa necesita un cambio. Pero queremos mejorarla, no destruirla", dijo Manfred Weber, un aliado de centro-rerecha de la canciller Angela Merkel. Sostuvo que el voto británico "fue una victoria de los populistas y Europa ahora está en una encrucijada".

Conscientes de que la crisis de indentidad de Europa no se resolverá en poco tiempo, los líderes de la República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia, urgieron a la UE a "volver a su esencia" y enfocarse en reforzar las libertades básicas y la construcción de un mercado único. "En lugar de debates teóricos interminables sobre más Europa o menos Europa, necesitamos enfocarnos en una "Europa mejor", indicaron los líderes de los cuatro países, todas naciones que estuvieron bajo dominio comunista, en una declaración.

No surge con claridad cómo sería esa "Europa mejor" —un eslogan popular ahora usado por políticos que se ponen de acuerdo en eso y poco más. Sin embargo, lo que está claro es que el escepticismo sobre el propósito y los méritos de la UE como está ahora crece a lo largo de amplias zonas del continente.

Una encuesta del Pew Research Center reveló que mientras el apoyo al bloque sigue fuerte en Polonia y Hungría, que se han beneficiado de los fondos de Bruselas, solo 27% de los griegos, 38% de los franceses y 47% de los españoles, tienen una visión favorable.

EL ESCENARIO TRAS EL BREXIT.

Todas las crisis han resurgido.

Después de participar de su última cumbre en la UE, el primer ministro del Reino Unido, David Cameron declaró a los periodistas que lamentaba haber perdido el referéndum, y que haría todo lo que esté en su poder para "alentar una estrecha relación" con los otros miembros del bloque.

Pero si había alguna esperanza que de alguna manera el Reino Unido deshiciera su decisión, la canciller de Alemania, Angela Merkel la aplastó, al decirle a los periodistas: "Quiero indicar con toda claridad que no veo la manera de revertir esto". Merkel asumió una posición dura respecto del Reino Unido cuando dijo que su país defenderá sus propias prioridades económicas y explicó que el Reino Unido debe usar el mecanismo legal establecido para salir de la UE. "La discusión que sostuvimos reflejó con toda claridad que todos sentimos que este es un cambio total, un momento histórico", afirmó. La meta es dar forma a la nueva relación con el Reino Unido "como una relación de amistad", pero "también vamos a guiarnos por nuestros propios intereses".

El impacto del voto británico hizo más que envalentonar a los movimientos populistas que denuncian a la UE como una fuerza distante y entrometida que sirve a las elites. También hizo resurgir la profunda amargura y enojo que dejaron las crisis anteriores, sobre todo un enlentecimiento económico y un flujo sin control de migrantes a lo largo de la Europa de fronteras abiertas.

En lugar de abordar solo la crisis de confianza abierta por el voto en favor de la salida de la UE, los líderes efectivamente confrontan a la vez todas las crisis sucitadas en los últimos años. Aún sin resolver los argumentos sobre la austeridad, la receta de Alemania para la crisis financiera que comenzó en Grecia en 2008, y si la UE solo debe ser una zona de libre comercio o la locomotora de un programa mucho más ambicioso de "una unión cada vez más estrecha".

El primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras —cuyo país rechazó el año pasado en un referéndum el rescate financiero ofrecido por Bruselas y después aceptó términos más duros— describió el voto británico como "un triste llamado a despertar" que debería obligar a la UE a abandonar las políticas de austeridad y "las interminables negociaciones detrás de puertas cerradas".

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