La Bitácora

Irán y la furia saudita en Oriente

Arabia Saudita sinceró brutalmente el verdadero enfrentamiento en el Oriente Medio. La madre de todas las pulseadas en el corazón del mundo musulmán es la que enfrenta a las monarquías sunitas de la Península Arábiga, lideradas por Riad, con la teocracia chiita de Irán y sus aliados árabes de Irak, Siria, Líbano y Yemen.

Como el dividido cristianismo europeo del siglo 17, hundido en la Guerra de los Treinta Años, los musulmanes viven el conflicto armado que emana de su sisma, sin que se vislumbre aún cuándo llegará su Paz de Westfalia.

También como la reforma y contrarreforma en el Sacro Imperio Romano Germánico, por detrás de los dogmas religiosos esgrimidos por sunitas y chiitas, lo que hay es una disputa de intereses y de ambiciones hegemónicas.

La parodia de juicio que terminó en la injusta ejecución del clérigo chiita de Arabia Saudita, Nimr al Nimr, junto a decenas de activistas que lo acompañaron en las protestas del 2011, podría ser la gota que colme el vaso y convierta en confrontación directa lo que, hasta ahora, ha sido una guerra indirecta entre los dos archienemigos musulmanes.

En 1992, la monarquía saudita ejecutó al poeta chiíta Sadiq Malallah, acusándolo de "blasfemia" por haber criticado al régimen. Ahora, sabiendo el sismo que provocaría, hizo lo mismo con 47 presos políticos. ¿Por qué? Para patear el tablero que modificó en el Oriente Medio la negociación que condujo al acuerdo nuclear entre Irán y las potencias de Occidente.

Riad busca impedir, por cualquier medio, que los iraníes salgan de su condición de parias.

Irán y Arabia Saudita son, desde la caída del sha Pahlevy en 1979, el equivalente mahometano de lo que Estados Unidos y la Unión Soviética fueron durante la Guerra Fría.

Parapetados en el wahabismo, los reinos de la Península Arábiga buscan someter al chiísmo y las demás minorías del Islam.

La familia Saud desciende de Muhamad bin Abd al Wahab, teólogo que en el siglo 18 predicaba un Islam extremo para el cual los chiitas, así como los drusos y los alauitas, constituyen herejías.

Con el ayatola Jomeini, llegó al poder en Irán un chiismo beligerante, dispuesto a competir por el dominio del mundo musulmán.

Como el extremismo de Jomeini lo enfrentó también a EE.UU., la propaganda occidental instaló a Irán como modelo de fundamentalismo, ocultando que el saudí es un régimen más medieval y oscurantista.

De hecho, la Casa Saud financió la creación de ISIS para conjurar la influencia iraní masacrando chiitas, alauitas, drusos, kurdos, asirios caldeos y siriacos.

Ahora, la injusta ejecución de un clérigo enemigo del régimen (Al Nimr) pero aferrado a la protesta pacífica, puso a los sauditas y a los iraníes en pie de guerra.

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