Tensión en el mundo islamista

Irán y Arabia se enfrentan por un conflicto que es milenario

Cisma originado tras la muerte de Mahoma; 85% de musulmanes es sunita.

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Familia real saudita controla los lugares más sagrados de La Meca y Medina. Foto: Reuters.

Al haber ejecutado al clérigo chiita, el jeque Nimr al Nimr, Arabia Saudita hizo escalar la tensión en el mundo musulmán. En la teocracia chiita en Irán, el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, advirtió que Arabia Saudita, gobernada por una monarquía sunita, enfrentaría "la venganza divina" por haber matado al extrovertido clérigo, quien fue uno de los 47 hombres a los que se ejecutó en masa. Al Nimr fue defensor de mayores derechos para los chiitas en Arabia Saudita y los países a su alrededor. Arabia Saudita lo había acusado de incitar a la violencia en contra del Estado.

La embajada saudita en Teherán y el consulado en el noreste del país fueron blancos de ataques por manifestantes enardecidos.

La crisis tuvo derivaciones, ya que Bahrein y Sudán siguieron los pasos sauditas y rompieron relaciones diplomáticas con Irán, mientras Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos llamaron a consultas a sus embajadores en Teherán. Bahrein suspendió los vuelos con destino o procedentes de Irán.

Una división milenaria entre musulmanes está detrás del conflicto que enfrenta a Irán y Arabia Saudita. Esta es una explicación de la historia que repercute en la actualidad.

—¿Qué causó la división?

—Se produjo un cisma después de la muerte del profeta Mahoma en el año 632. Murió sin haber nombrado a un sucesor que dirigiera a la comunidad musulmana y surgirán disputas por quién debería guiar a la nueva fe en crecimiento rápido.

Algunos creían que se debería escoger a un dirigente nuevo por consenso; oros pensaban que solo los descendientes del profeta deberían ser califas. El título se le pasó a Abu Bakr, un ayudante de confianza, aunque algunos pensaron que debió habérsele dado a Ali, el primo y yerno del profeta. Al final Ali se convirtió en el califa después de que asesinaron a dos sucesores de Abu Bakr.

Después de que también asesinaron a Ali con una espada envenenada en la mezquita de Kufa, en lo que hoy es Irak, sus hijos Hasan y después Husein reclamaron el título. Sin embargo, masacraron a Husein y a muchos de sus parientes en Karbala, Irak, en 680. Su martirio se convirtió en un principio central para quienes creían que Ali debió haber sido el sucesor del profeta. (Se le llora cada año en el mes de Muharram). A sus seguidores se les llegó a conocer como chiitas, una contracción de la frase Shiat Ali o seguidores de Ali.

Los sunitas, no obstante, consideran a los tres primeros califas anteriores a Ali como legítimamente guiados y a sí mismos como los verdaderos seguidores de la suna o la tradición del profeta. Los gobernantes sunitas se embarcaron en una conquista arrasadora que extendió los califatos al norte de Africa y a Europa. El último califato terminó con la caída del Imperio otomano, después de la Primera Guerra Mundial.

—¿En qué difieren sus creencias?

—Las ramas sunita y chiita del islam abarcan un amplio espectro de doctrinas, opiniones y escuelas de pensamiento. Las ramas concuerdan en muchos aspectos del islam, pero existen desacuerdos considerables dentro de cada una. Ambas incluyen a fieles que recorren la gama desde los laicos hasta los fundamentalistas. Los chiitas consideran que Ali y los dirigentes que le siguieron fueron imanes. La mayoría cree en una línea de 12 imanes, y se piensa que el último de ellos, un muchacho, desapareció de Irak en el siglo IX, después de que asesinaron a su padre. Los chiitas a los que se conoce como imamíes esperan su retorno como el mahdi o mesías. Debido a los distintos caminos que tomaron las dos sectas, los sunitas enfatizan el poder de Dios en el mundo material y, a veces, incluyen a los reinos de la población y la política, mientras que los chiitas valoran el martirio y el sacrificio.

—¿Cuál es la rama más grande y dónde se concentra cada una?

—Más de 85 por ciento de los 1.500 millones de musulmanes del mundo es sunita. Viven por todo el mundo árabe, así como en países como Turquía, Pakistán, la India, Bangladesh, Malasia e Indonesia. Irán, Irak y Baréin son mayoritariamente chiitas. La familia real de Arabia Saudita, que practica una forma de islam sunita austera y conservadora, conocida como wahabismo, es la que controla los santuarios más sagrados de La Meca y Medina. Los chiitas reverencian a los santuarios de Karbala, Kufa y Nayaf.

Arabia Saudita e Irán, las potencias sunita y chiita dominantes en Oriente Próximo, adoptan, a menudo, lados opuestos en los conflictos regionales. En Yemen, los hutis o rebeldes chiitas del norte, derrocaron al gobierno dominado por sunitas, lo que llevó a una invasión de una coalición liderada por Arabia Saudita. En Siria, donde hay una mayoría sunita, la secta chiita alauita del presidente Bashar Asad, que ha dominado de largo al gobierno, se aferra al poder en medio de una sangrienta guerra civil. Y en Irak, los amargos resentimientos entre el gobierno liderado por chiitas y las comunidades sunitas han contribuido a las victorias del Estado Islámico.

Sauditas ignoraron el pedido de Kerry.

Según los estadounidenses, los nuevos líderes de Arabia Saudita que luchan por tener influencia bajo el Rey Salman son obstinados, y "están más interesados en la acción que en la deliberación", señala Martin Indyk, de Brookigns Institution.

Cuando el secretario de Estado, John Kerry, advirtió a los sauditas que no ejecutaran a Nimr al Nimr —el clérigo chiita que desafió a la familia real— fue ignorado. "Esta es una preocupación que planteamos a los sauditas con anticipación", reconoció el secretario de Prensa de la Casa Blanca, Josh Earnest. Agregó que la ejecución "precipitó el tipo de consecuencias que nos generaba preocupación".

Pero, esa fue la crítica más fuerte que el gobierno estadounidense estuvo dispuesto a hacer. Presionados para que condenaran la ejecución de al Nimr, los funcionarios exhortaron a la calma a todas las partes. El vocero del Departamento de Estado, John Kirby pidió a toda la región que se enfoque en enfrentar al Estado Islámico y en abordar la crisis de Siria. "Si preguntan si intentamos ser mediadores en todo esto, la respuesta es no", dijo Kirby.

En privado, funcionarios estadounidenses han expresado indignación por el momento en el que los sauditas hicieron las ejecuciones. Señalaron que el presidente Barack Obama y el secretario Kerry han estado en contacto habitual con miembros del liderazgo saudita. Obama habló para exhortar a los sauditas a incorporarse al proceso de conversaciones de paz sobre Siria. Kerry viajó a Riyad, la capital de Arabia Saudita, y posteriormente solicitó a los sauditas que organizaran a los rebeldes sirios en un solo grupo con la finalidad de negociar un cese el fuego con el presidente de Siria, Bashar Assad.

Pero, los sauditas fueron socios renuentes, indicando a su contraparte occidental que acompañarían, pero estimando que el esfuerzo de Kerry colapsaría.THE NEW YORK TIMES

EL CLIMA HA CAMBIADO.

EE.UU. en relación cada vez más dificil.

El gobierno de Estados Unidos enfrenta una contradicción fundamental en su relación cada vez más tensa con Arabia Saudita. Al menos en público, no condenó la ejecución del clérigo disidente que desafió a la familia real, por temor a minar al frágil liderazgo saudita, al que necesita para combatir al grupo terrorista Estado Islámico y terminar la guerra en Siria.

Estados Unidos habitualmente ha mirado para el otro lado o emitido advertencias cuidadosamente calibradas en informes sobre derechos humanos a medida que la familia real saudita reprimió el disenso y la libertad de expresión y permitió que su elite financiara a extremistas islamistas. A cambio, Arabia Saudita suministró información de inteligencia y fue un valioso contrapeso a Irán.

Durante años, el petróleo afianzó la relación entre los dos países, que tienen pocos valores en común. Ahora, con el incremento de la producción petrolera de Estados Unidos, la dependencia mutua que se retrotrae a comienzos de los años 30, con la primera inversión estadounidense en los campos petroleros del reino, ya no une a las dos naciones como en otros tiempos.

La agitación política en Medio Oriente, y la percepción de Estados Unidos de que los sauditas son cruciales para la estabilidad de la región, continúa manteniendo junto a un matrimonio cada vez más fisurado. Cuando Arabia Saudita ejecutó a 47 personas, los esfuerzos del gobierno estadounidense para explicar la relación se hicieron más difíciles.

Las ejecuciones fueron la culminación de una serie de hechos que llevaron a divergencias entre los dos países.

Martin S. Indyk, vicepresidente de la Brookings Institution, indicó que "no estamos en sintonía con los sauditas desde hace tiempo".

En 2011, los líderes sauditas fustigaron al presidente Barack Obama por no haber apoyado al presidente de Egipto, Hosni Mubarak, durante la Primavera Árabe, por temor a que Obama hiciera lo mismo si la sublevación se extendía al reino.

El acuerdo nuclear con Irán alimentó la sensación de los sauditas de que Estados Unidos tiene otro enfoque de la relación, en tanto autoridades sauditas, en visitas a Washington, cuestionaron abiertamente si podían seguir dependiendo de Estados Unidos como su aliado. El gobierno estadounidense ha intendado dar seguridades. THE NEW YORK TIMES

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