LA BITÁCORA

Intima enemiga

Una astilla del mismo palo se clavó en el talón de Aquiles del chavismo. Ese punto vulnerable de la revolución bolivariana es Nicolás Maduro y la astilla del mismo palo es Luisa Ortega.

Al presidente le salió al cruce la Fiscal General, una chavista de la primera hora que se puso al frente de la resistencia contra el intento de imponer un régimen de partido único que llevan adelante Maduro, Diosdado Cabello y la cúpula militar.

Luisa Ortega intenta vencer a un liderazgo inepto, corrupto y vinculado al narcotráfico que, a su vez, procura neutralizarla sacándola del cargo con la ayuda de los jueces supremos.

Nadie hubiese imaginado hace tan solo un año, que esa mujer le disputaría a la cabeza del régimen el apoyo de la dirigencia chavista, convirtiéndose al mismo tiempo en una aliada inesperada de la oposición. Ella fue quien dio justificación jurídica al encarcelamiento de Leopoldo López y otros cientos de presos políticos. Sin embargo, con el mensaje televisado que ha dado directamente al pueblo venezolano y la legitimidad que le reconoció a la Asamblea Nacional en el propio hemiciclo legislativo, ella misma se colocó al frente de la resistencia. Y ese rol fue convalidado por la ovación de los legisladores opositores que la recibieron y escucharon.

Luisa Ortega es la funcionaria chavista que está forzando una fractura en el chavismo, para que el sector disidente se una a la oposición y fuerce la caída de Maduro. El régimen puede adentrarse aún más en la ilegalidad destituyendo a la Fiscal General, a la que acusa de traidora, pero difícilmente puedan describirla como una "oligarca" de "la derecha antipatria". Ella pertenece al mismo partido y hasta hace muy poco tiempo se esforzaba desde el Ministerio Público para dar un camuflaje de legalidad a las arbitrariedades de un poder claramente autoritario.

Luisa Ortega se formó en el marxismo y abrazó con devoción la causa chavista. Difícilmente crea de verdad en los argumentos jurídicos y filosóficos con que está defendiendo el Estado de Derecho, las libertades públicas y el sistema pluralista. Lo que su inesperada rebelión contra el régimen chavista muestra, es que el estropicio causado por un poder inservible y corrupto ha ido demasiado lejos. Seguramente lo suyo no es una repentina conversión en demócrata, sino un destello de lucidez percibiendo una deriva condenada al hundimiento o al totalitarismo. Y en esa disyuntiva, Luisa Ortega optó por liderar un motín contra el capitán inepto y desvariante que está ahogando un pueblo entero.

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