FELIPE DE EDIMBURGO, EL FIN DE UNA ETAPA

El hombre dos pasos detrás de la reina Isabel

El duque Felipe de Edimburgo, que el 19 de junio cumplirá 96 años de edad, se retira de la vida pública.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Isabel II y Felipe de Edimburgo se casaron el 20 de noviembre de 1947. Foto: Reuters

Felipe de Edimburgo, marido de Isabel II, abandona la vida pública. Así lo anunció ayer jueves el palacio de Buckingham. El duque, que cumplirá 96 años el próximo 19 de junio, dejará la actividad oficial a partir del otoño europeo. Durante estos años, Felipe de Edimburgo ha ido siempre un paso detrás de la reina de Inglaterra, sin hacerle sombra jamás pero manteniendo un férreo compromiso mutuo hacia la Corona británica y también una enorme disciplina.

A pesar de sus legendarias meteduras de pata, o de las tensas relaciones que históricamente ha tenido con su hijo Carlos, heredero de la Corona británica, o del atractivo que siempre ha despertado en las mujeres —se le atribuyen varios sonados romances—, el duque de Edimburgo siempre ha contado con el apoyo absoluto de su esposa y reina. Un compromiso que arrancó el 20 de noviembre de 1947, con el enlace de la entonces princesa y el apuesto teniente Felipe Mountbatten en la abadía de Westminster, en Londres, y que aportó alegría y color a los difíciles años tras la II Guerra Mundial.

Cinco años más tarde, Isabel era coronada soberana en la misma gran iglesia gótica tras la muerte de Jorge VI. Felipe tuvo que renunciar a su carrera en el Ejército para ejercer de consorte, un papel que ha desarrollado eficazmente. Aunque en los últimos años ha tenido algunos problemas leves de salud siempre ha intentado mantener su agenda oficial activa. Este miércoles asistió a la inauguración de unas instalaciones en un club de cricket. Incluso la pasada Navidad cuando la reina tuvo que guardar reposo durante tres semanas por una fuerte gripe, él adoptó más visibilidad pública, en un gesto que fue interpretado como de normalidad ante los rumores.

El duque de Edimburgo ha sido siempre un hombre polémico y ha disfrutado de ello. Los comentaristas más monárquicos subrayan que detrás de sus meteduras de pata se esconde un gran sentido del humor y el espíritu libre de un hombre que pertenece a una generación del pasado, que ni puede, ni quiere, ni debe cambiar. Y destacan, sobre todo, la buena pareja que hace con la reina: ella, de profesionalidad indiscutida, es fría como un témpano y de muy pocas palabras; él, de profesionalidad más dudosa, es dicharachero y cálido, aunque su probado clasismo y sus amagos racistas ponen en cuestión esa calidez.

Sus resbalones han dado hasta para un libro Prince Philip: wise words and golden gaffes (Príncipe Felipe: palabras sabias y pifias de oro), que recoge las frases más polémicas del duque. Una edición previa, titulada Duke of Hazard (Duque del riesgo) fue lanzada aprovechando el 85º cumpleaños del príncipe y se convirtió en best seller en Reino Unido. Sus autores, el periodista especializado en monarquía Phil Dampier y el ex corresponsal real para el Daily Express Ashley Walton, mantienen que el tomo dista de ser una burla. "Es una muestra de cariño para un tesoro nacional", declaró Dampier.

Muchos atribuyen su carácter a una adolescencia solitaria de hijo único con padres que vivían de hecho separados: él, el príncipe Andrés de Grecia, ejerciendo de playboy exiliado por Europa; ella, la princesa Alicia de Battenberg, encerrada en un sanatorio con esquizofrenia. Felipe tiene sangre griega, danesa, británica, sueca, rusa y alemana y es primo distante de Isabel II: los dos son tataranietos de la reina Victoria. Habían coincidido de niños, pero Isabel le descubrió de verdad cuando tenía 13 años y visitó con su padre en 1939 la escuela naval de Dartmouth.

Además de su tensa relación con su hijo Carlos, el duque fue un firme opositor a la llegada de Diana de Gales a la familia real y una vez que esta estuvo en ella encontró en él a un enemigo. En cambio, Felipe de Edimburgo mantiene con sus nietos, en especial con Guillermo y Enrique, una relación cordial y cercana.

La pareja real con buen estado de salud.

No hay razón para la alarma sobre la salud de la reina Isabel de Inglaterra y su marido Felipe, dijo una fuente del Palacio de Buckingham a Reuters. La reina Isabel II, que celebró su cumpleaños número 91 el mes pasado, se reunió este miércoles con la primera ministra Theresa May para acordar formalmente la disolución del Parlamento antes de las elecciones de junio. Ese día su esposo, Felipe de Edimburgo, acudió a una inauguración en el Lords Cricket Ground, en el centro de Londres.

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