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La historia reducida a escombros

Extremistas del Estado Islámico (EI) arrasaron un monasterio católico del siglo V y volaron en pedazos uno de los templos del siglo I mejor preservados en Palmira, la antigua ciudad de Siria que es uno de los sitios arqueológicos más importantes del mundo.

Eso ocurrió en solo una semana, en una provincia siria.

De manera muy similar a la matanza que despedaza a seres humanos, la destrucción de antigüedades irreemplazables en Siria e Irak se ha convertido en una sombría rutina de guerra. Pero, la destrucción acumulada de antigüedades ha alcanzado niveles estremecedores que representan una pérdida irreversible para el patrimonio mundial y para estudios académicos futuros, señalaron autoridades y expertos en arqueología. Se aceleró en los últimos meses a medida que el autoproclamado EI incrementó su premeditada demolición y saqueo, que se agregan a los daños causados en las batallas por las fuerzas del gobierno del presidente Bashar Assad y otros insurgentes en la guerra civil que golpea a Siria desde hace cuatro años. Los amantes de las antigüedades están en un nuevo grado de desesperación.

"Me siento muy débil y muy pesimista", dijo Maamoun Abdulkarim, —director general de Antigüedades de Siria— en una entrevista telefónica desde Damasco.

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Las reliquias de Siria, incluyendo ciudades que por miles de años han estado entre los sitios de cruce de civilizaciones más importantes del mundo, "no son del gobierno ni de la oposición, sino de todos los sirios", indicó Abdulkarim. "También son del pueblo estadounidense, de los pueblos europeos, del pueblo japonés. Es el patrimonio de todos".

La destrucción del templo de Baalshamin, en Palmira, el fin de semana pasado, fue un nuevo impacto para los sirios y expertos y entusiastas de antigüedades alrededor del mundo. Fue la primera vez desde que tomaron Palmira, en mayo, que los integrantes del EI destruyen la mayor parte de un amplio complejo de edificios de piedra que surgen de manera majestuosa del desierto, veinte siglos después del apogeo de la ciudad.

Irina Bokova, directora general de Unesco, la agencia cultural de Naciones Unidas, calificó la destrucción de "nuevo crimen de guerra y una pérdida inmensa para el pueblo sirio y la humanidad".

El templo destruido es relativamente pequeño en comparación con las estructuras más grandes del complejo, como el templo de Bel. Pero, era una de las estructuras más completas y mejor preservadas del sitio, un edificio de piedra con una entrada sostenida por columnas.

Bokova señaló que la destrucción amenaza con borrar la diversidad que ha caracterizado a Siria por milenios. "El arte y la arquitectura de Palmira, levantados donde se cruzan varias civilizaciones, es un símbolo de la complejidad y riqueza de la identidad y la historia siria", afirmó. "Los extremistas buscan destruir esa diversidad y riqueza". Hizo un llamado a la comunidad internacional a enfrentar unida la acción destructora.

El EI se ha propuesto destruir objetos y edificios que considera una idolatría, de acuerdo con su interpretación del Islam, aunque ha demostrado estar dispuesto a venderlos para obtener ganancias. En el norte de Irak, el EI ha arrasado con palas mecánicas las ruinas de Hatra y Nimrod y saqueó el Museo de Mosul. En el este de Siria, hizo excavaciones ilegales y vendió innumerables artefactos, siguiendo el ejemplo de otros participantes de la guerra.

Daño.

En Siria, las incursiones del EI se produjeron después de años de choques entre otros combatientes: las fuerzas del presidente Assad y los insurgentes que intentan derrocarlo, desde la sangrienta represión de las protestas en 2011.

En el oeste, la parte más poblada de Siria, las batallas han provocado graves daños a varias de las antigüedades más famosas del mundo, como un castillo de la era de las Cruzadas y la ciudadela medieval de Alepo. Ni las fuerzas del gobierno ni sus opositores armados han tenido precaución para preservar las estructuras históricas y los dos han usado los castillos medievales y los callejones que serprentean en la ciudad con los propósitos defensivos para los que fueron originalmente construidos.

Sin embargo, al mismo tiempo, algunos sirios en las zonas dominadas por el gobierno o por los insurgentes han trabajado para preservar los sitios históricos, incluyendo a Abdulkarim y su antiguo colega Amr Al-Azm, un exfuncionario encargado de antigüedades, quien ahora apoya a la oposición.

El propietario de un café, oriundo de Palmira, quien apoya al gobierno, dijo que lamenta la destrucción y se prepara para viajar a Turquía y quizás no retorne. Agregó que es una tradición local realizar bodas en el templo. Un nogal creció en el predio, donde los residentes interpretaban temas musicales. "Los novios entraban al templo", dijo. "La gente bebía té o café allí. Eso desapareció".

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