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El guerrero de mil batallas que soñó la paz para Israel

Era el último de los padres fundadores del Estado judío y figura mundial.

Soy un perdedor, porque perdí elecciones. Pero soy un ganador, porque he servido a mi gente". Así se definió una vez Shimon Peres, el último de los padres fundadores de Israel, fallecido el martes a los 93 años.

Peres fue uno de los grandes artífices de los históricos acuerdos de Oslo (1993 y 1995) entre Israel y la Organización de Liberación de Palestina (OLP), y por eso recibió el Premio Nobel de la Paz junto al primer ministro israelí Isaac Rabin y el líder palestino Yasser Arafat, en 1994.

El acuerdo fue firmado el 13 de septiembre de 1993 en Washington; había sido negociado en secreto en Noruega y apadrinado por el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton.

"Siempre fue especial por su habilidad para ponerse de pie", dijo su biógrafo. Foto: Reuters

"Dejamos atrás la era de beligerancia y avanzamos juntos hacia la paz", dijo Peres al recibir el Nobel de la Paz.

Sin embargo, su profecía no se cumplió y en el momento de su muerte el objetivo de la paz está más lejos que nunca.

Peres igual defendió esos acuerdos hasta el final de sus días, como la solución para Medio Oriente.

Dos Estados, uno israelí y otro palestino, coexistiendo en paz, "es la única vía posible para acabar con el terrorismo, la violencia y el odio", decía en febrero a la revista Time.

Compañero de viaje de David Ben Gurion, se erigió en autoridad respetada, aunque criticado con frecuencia en sus innumerables cargos, tanto en el gobierno como en la oposición.

También es considerado como el que sentó las bases del programa nuclear israelí con la construcción del reactor de Dimona. "No me cabe ninguna duda de que Dimona confirió a Israel una dimensión disuasiva. Para mí, Dimona fue el primer paso a Oslo", decía en 2014.

Nacido en 1923 bajo el nombre de Shimon Perski en una familia acomodada en la actual Bielorrusia (entonces territorio polaco), emigró en 1934 a Palestina bajo mandato británico.

"Quiero que nuestro país esté basado en sus raíces históricas muy profundas, pero también que se proyecte hacia el futuro, hacia los éxitos de la ciencia", decía.

"No se olviden de ser osados y curiosos y de soñar en grande", les recomendó Peres este mes en su página de Facebook a los alumnos que comenzaban la escuela primaria.

Para comprender a Shimon Peres puede ser útil volver a su infancia en la localidad polaca de Vishnyeva.

El pequeño Perski tenía una compañero de escuela más robusto que él. De regreso de la escuela a menudo se agarraban a los golpes, e invariablemente Peres terminaba en el piso.

La abuela estaba preocupada: "¿No sería mejor —sugería— renunciar a esas pruebas de fuerza? Pero Shimon no se dejó persuadir: "No descarto —respondía— que en el próximo round sea yo el ganador".

El episodio lo cuenta su biógrafo, Michael Bar Zohar.

También biógrafo de Ben Gurion, Bar Zohar publicó hace años una vasta biografía de Peres titulada significativamente: El fénix, es decir el pájaro de fuego de la mitología griega conocido por su capacidad de renacer de sus propias cenizas después de la muerte.

"Peres siempre fue especial por su habilidad de volver a ponerse siempre en pie", recordó Bar Zohar.

"Frente a las adversidades nunca miró hacia atrás. Nunca tuvo recriminaciones. Siempre buscó nuevas fuentes de energía", añadió.

Un ejemplo tangible vino con los acuerdos de Oslo "cuando mitad del país se volcó en su contra y la otra fue fuente de admiración".

Con el transcurrir de los años, sus detractores cambiaron de idea "y una vez elegido Jefe de Estado sorprendió porque gozaba del apoyo del 85% de los israelíes".

Para Bar Zohar, había varios defectos en los acuerdos de Oslo: tanto en la estructura, como en su formulación, como en el comportamiento del socio palestino.

"Sin embargo Peres mantuvo fijo su sueño. Buscaba siempre el lado positivo de las cosas. Y estaba convencido de que a pesar de todo la fórmula de dos Estados podía ser posible".

Ciertamente el personaje tenía contradicciones. Era israelí en todo y por todo, destacó Bar Zohar en la biografía, pero aún tenía el acento de la Diáspora.

Era un experto de la seguridad, pero nunca había usado uniforme. Era un político mediocre, aunque un gran estadista. Fue controlado en su comportamiento exterior, pero también en el interior, "le quemaba el fuego".

Peres fue un "kibbutznik" privado de educación formal, sin embargo "chorreaba cultura". "Era un verdadero devorador de libros. Nosotros —recordó su biógrafo— estábamos cerca de su casa. Yo veía que en su habitación la luz se encendía a las dos de la madrugada: continuaba leyendo hasta las cuatro para luego comenzar la jornada normal de trabajo".

Además de la lucha por la paz, ayer los periodistas le preguntaron a Bar Zohar cuál fue el otro gran compromiso de Peres. "Deseaba que Israel fuese un país grande, en la ciencia y en el progreso", respondió el biógrafo.

En Israel estuvo entre los primeros en interesarse por las potencialidades de la nanotecnología, de la alta tecnología, de la exploración del espacio, y estaba fascinado por los progresos en los estudios del cerebro.

En el mundo científico israelí, muchos confirmaron que Peres fue para ellos un motor propulsor determinante, indicó el gran conocedor del expresidente israelí.

"La suya era una visión global", explicó Bar Zohar.

"Pensaba en que Israel debía ser de ayuda para las otras Naciones. No es de extrañar entonces que su nombre estuviese en boca de mucho: incluso en China, en India y en Vietnam", explicó Bar Zohar. En base a AFP, ANSA, REUTERS y EFE.

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