Jefes terroristas abatidos son hasta ahora el logro máximo de Ee.uu. y aliados

La guerra a distancia da escasos resultados

Dos veces, la semana pasada, Estados Unidos enfocó su vasta maquinaria de cacería humana para seguir y abatir a líderes terroristas en países que, en otro tiempo, representaron para la Casa Blanca la promesa de las revoluciones árabes a los largo de Medio Oriente.

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EE.UU. lidera una coalición internacional contra el Estado Islámico. Foto. Reuters

Un ataque con dron en Yemen mató a Nasir Al Wuhayshi, el líder de Al Qaeda en la Península Árabe, quien había construido una franquicia de terror que es temida en Occidente. Pocos días después, el Pentágono envió aviones F-15 a Libia para matar a Mokhtar Belmokhtar, quien en 2013 planificó la toma de una planta de gas en Argelia, en la que murieron 38 rehenes occidentales. Pero, no se confirmó que hubiera muerto.

Los ataques pueder ser las victorias duraderas para el modelo de guerra a larga distancia abrazado por el presidente Barack Obama, pero queda por verse el efecto definitivo de matar a líderes terroristas como Al Wuhayshi. El gobierno estadounidense y sus aliados extranjeros no han podio frenar el caos en Yemen y Libia, y la esperanza de que un nuevo orden democrático surgiera después de la caída de los dictadores se ha reducido a metas mucho más humildes. En los 18 meses que le quedan de mandato a Obama, y con los combatientes de Al Qaeda y del Estado Islámico (EI) llenando el vacío de poder tanto en Yemen como en Libia, la muerte ocasional de líderes extremistas sería lo máximo que podría lograr el gobierno estadounidense en los dos países desgarrados por la guerra.

"Hasta el momento, es muy limitado lo que podemos hacer en lugares como Yemen y Libia", dijo Adam B. Schiff, el principal legislador del Partido Demócrata en la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes. Sostuvo que en Yemen, los funcionarios del gobierno estadounidense hablaron en un momento de desarrollo económico, de mejorar el suministro de agua y de reconstruir la sociedad civil. "Ahora, estamos de vuelta en operaciones de contraterrorismo", indicó.

El colapso del gobierno de Ali Abdullah Saleh, en 2011, en Yemen, hizo surgir destellos de esperanza de un futuro más brillante. Saleh gobernó durante décadas, generando enfrentamientos entre distintos sectores para afianzar su poder. Su sucesor, Abed Rabbo Mansour Hadi se convirtió en socio estrecho de Estados Unidos y trabajó para desarrollar una estrategia de contraterrorismo, así como una campaña más amplia de desarrollo económico y político en Yemen. Pero, la nación fue envuelta por una guerra civil, el año pasado, a medida que los rebeldes hutíes (pertenecen a una rama musulmana chiíta) tomaron Sanaa, la capital, y obligaron al gobierno a ir al exilio. Al Qaeda ganó fuerza en la situación de anarquía yf orjó nuevas alianzas con tribus suníes para combatir a los hutíes. La violencia fue incrementada por una campaña de bombardeos aéreos liderada por Arabia Saudita para desalojar a los hutíes de Sanaa. El gobierno de Obama respalda la ofensiva con inteligencia y apoyo logístico, lo que ha puesto a Estados Unidos en la extraña posición, en Yemen, de atacar a la vez a Al Qaeda y al principal enemigo de éste que son los hutíes.

En 2011, mientras la revuelta contra Saleh se afirmaba, en Libia se produjo la sublevación contra Moamar Gadafi. Cuando Gadafi amenazó con matar a miles de civiles, una coalición amplia de países europeos y árabes acompañó a Estados Unidos para contener y luego expulsar al dictador libio.

Al comienzo, la perspectiva pareció buena y abrió la posibilidad de un progreso pacífico. Sin embargo, esa perspectiva fue dominada por una lucha tribal e ideológica por el poder.

"La esperanza fue trabajar con aliados y grupos locales para reducir o contener el caos", indicó Daniel L. Byman, profesor de la Universidad de Georgetown y director de investigación del programa de Medio Oriente en la Brookings Institution. "Pero, la violencia adquirió vida propia".

Cuando Obama fue candidato a presidente, en 2008, hizo críticas al gobierno de George Bush por no haber mantenido el orden tras la caída de Saddam Hussein, en Irak, apuntó Byman. Ahora, Obama enfrenta acusaciones similares sobre Libia, Yemen y otros países.


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Estremece


DE ALUMNO A BOMBARDERO SUICIDA DEL TERRORISMO.

En Gran Bretaña tenía apenas la edad para conducir. Pero, hace ocho días, Talha Asmal, un estudiante liceal de 17 años, de West Yorkshire, aparentemente detonó una camioneta llena de explosivos en Irak y se convirtió en el comando suicida más joven de su país. Asmal dejó su hogar pocas semas antes de los exámenes finales, y viajó a Siria para incorporarse al Estado Islámico (EI).

Después del ataque con bombas a 33 kilómetros de la ciudad norteña de Baiji, donde se encuentra la refinería más grande de Irak, relatos de redes sociales vinculadas al grupo anunciaron el ataque y postearon imágenes en las que también apareció Asmal, cuyo nombre como combatiente es Abu Yusuf Al Britani. El ataque involucró a cuatro vehículos que atacaron cuatro objetivos de seguridad y mataron al menos a diez personas.

El Foreign Office británico no pudo confirmar si Asmal era uno de los atacantes suicidas, dijo una vocera, el martes pasado. Pero, miembros de su familia en la ciudad de Dewsbury, en West Yorkshire, indicaron en una declaración que el adolescente con barba en los posteos del EI se parece a su hijo. Los padres de Asmal lo describieron como cariñoso, bondadoso y afable y señalaron que creen que su hijo fue radicalizado a través de Internet y en el espacio de las redes sociales, en pocos meses. Acusaron a los jefes del EI de cobardía por haber inducido a su hijo a hacer su "trabajo sucio".

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