Llegan hasta 1.500 migrantes desesperados por día huyendo de guerra y penuria

Grecia está abrumada por otra crisis

El centro de inmigración, un conglomerado de edificaciones prefabricadas rodeadas de filas de rejas y alambre de púas, volvió a llenarse en una noche reciente, dejando a cientos de familias, algunas con niños, para encontrar un lugar entre los montones de basura acumulados afuera. Los baños estaban obstruidos y la temperatura superaba los 32°C. Había moscas y mosquitos por todas partes.

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Inmigrantes de Afganistán llegan a la isla de Lesbos en Grecia. Foto: Reuters

"Mire, sus ojos muestran que está enferma", dijo Ibrahim Nawrozi, un mecánico afgano desesperado, de 27 años, que tenía en sus brazos a su hija de diez meses para que fuera revisada. "Estamos entre la basura desde hace tres días. No podemos quedarnos aquí ni un día más".

Desde comienzos de año, el número de refugiados y migrantes que llega a Lesbos y otras islas de Grecia ha crecido hasta constituir un crisis humanitaria total. Los arribos por mar superaron los 107.000 hasta julio, de acuerdo con cifras de Naciones Unidas, eclipsando hasta el número de personas que llega a Italia. La mayoría de los que desembarca en las costas de Lesbos —un destino turístico popular cerca de la costa de Turquía, en el Mar Egeo— huye de las guerras en Siria y Afganistán con la esperanza de adentrarse en Europa Occidental.

En junio, 15.254 migrantes y refugiados arribaron a Lesbos, de acuerdo con la Guardia Costera de Grecia, en comparación con 921 el mismo mes de 2014.

Pero, solo les espera adversidad. Llegan a un país que está en profunda crisis, con una tasa de desempleo superior al 25% y con un Estado casi en quiebra.

Hay voluntarios, tanto turistas como griegos, que juntan la asistencia que pueden, ofreciendo galletas, agua y a veces ropa seca. Pero, lo que reúnen no cubre las necesidades.

Grupos de derechos humanos califican las condiciones en las islas de consternantes.

El alcalde de Lesbos, Spyros Galinos, coincide en que las condiciones son horribles. Pero, señala que la magnitud del problema supera todo lo imaginable, debido a que algunos días llegan 1.500 personas. "El otro día, tuvimos 3.000 personas en las afueras del centro", señaló.

Los migrantes y refugiados desembarcan a toda hora, amontonados en botes inflables que no pueden transportar más de 15 personas. Pero, habitualmente tienen 40 y a veces más. Cruzan desde Turquía, donde pagaron a traficantes alrededor de US$ 1.200 por un lugar en un bote y una suma mayor si quieren salvavidas.

La distancia en algunos lugares es tan corta como 5,8 kilómetros. Pero, hacer la travesía puede llevar horas, debido a que los botes van sobrecargados y les entra agua. Los pasajeros que arriban por la noche, con frecuencia, están exhaustos y congelados. Otros llegan con quemaduras del sol.

Los voluntarios que observan los botes desde las colinas comentan que muchos de los pasajeros se arrodillan de alegría cuando llegan a las playas rocosas en una de las islas. Fue el caso de Rosh A., una docente siria de 32 años, que pidió no ser identificada por su apellido por temor a lo que pueda ocurrirle a su familia en Damasco. Relató que hizo el viaje en menos de 24 horas, volando de Beirut a Estambul antes de tomar el bote inflable con sus dos hijos y tres amigos. Indicó que en Damasco, hay bombardeos frecuentes y se carece de los servicios básicos. "Allí moría cada día", dijo. "Sí, el bote asustaba, pero cuando lo tomé tuve de nuevo un futuro".

"Pensar que hasta ahora, nunca había tenido que preocuparme por el dinero ni un solo día de mi vida", comentó Rosh.

Deben atender a los más débiles.


La ministra de Política de Migración de Grecia, Anastasia Christodoulopoulou, dijo que espera comenzar a recibir más fondos de la Unión Europea. "Hay una crisis humanitaria aquí, con 1,5 millón de desempleados y 3 millones de pobres, y no podemos cubrir sus necesidades básicas", indicó. "En esta situación, también debemos cubrir necesidades de personas que son aún más débiles".

SABER MÁS

ACELERAN LA PARTIDA.


El destino deseado es más lejano.


La ola de migrantes y refugiados ocurre en el peor momento del año para muchos residentes de la isla de Lesbos. La temporada turística está en auge y los restaurantes y hoteles dependen de los meses del verano para continuar funcionando.

Hasta los voluntarios que ayudan a los migrantes señalan que los turistas encontrarán que la isla no ha cambiado. Ello es así, en gran medida. Pero, en el norte, hay botes desinflados y montones de chalecos salvavidas diseminados por las playas.

Alrededor del 60% de quienes arriban procede de Siria. El grupo siguiente es de afganos que representa un 20%. Pero, también provienen de Somalia, Congo, Eritrea y Paquistán, entre otros países.


Pocos permanecen en la isla por un tiempo prolongado. Las autoridades han acelerado los trámites con los documentos para que la mayoría pueda tomar un transbordador —a su propio costo— con destino al continente en tres o cuatro días. La mayoría dice que se irá de Grecia, cruzará Macedonia, Serbia y Hungría hacia Austria y más allá. Muchos tienen la esperanza de dirigirse a Alemania, Suecia, Dinamarca o Noruega.

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