LA BITÁCORA

El golpe de Nicolás Maduro

Hizo bien la mayor parte de la región al aislar a Pedro Carmona, cuando en abril del 2002 usurpó la presidencia mientras un puñado de militares mantenía secuestrado a Chávez. No había otra forma de entender aquel acontecimiento que como un Golpe de Estado.

También hicieron bien los países que consideraron "golpe" lo que ocurrió el 2009 en Honduras. Aunque el Congreso y el Poder Judicial lo aprobaran, que militares sacaran de la cama en medio de la noche a Manuel Zelaya, para arrojarlo fuera del país antes de que hubiera amanecido, no podía ser considerado de otro modo.

También tuvo lógica que el Mercosur aislara al gobierno de Federico Franco en Paraguay, tras el juicio político "exprés" que destituyó a Fernando Lugo. El proceso se ejecutó demasiado vertiginosamente para que se lo considere apegado a Derecho.

Incluso tiene lógica que la región no haya recibido a Michel Temer con los brazos abiertos. Si bien no hubo Golpe de Estado, aunque el proceso es legal también es injusto y plagado de anomalías. En definitiva, se utiliza el impeachment a modo de voto de censura de sistema parlamentario.

Lo inaceptable es que la región no esté denunciando el golpe de Estado que perpetra Nicolás Maduro en Venezuela. Si hubiera coherencia, se entendería que no hay diferencias sustanciales con lo que hizo Fujimori en 1992.

Al cierre del Congreso peruano se lo llamó "autogolpe", cuando en realidad fue cabalmente un golpe. Lo importante es que, más allá del nombre que se le dio, todos entendieron que hubo un Golpe de Estado y Fujimori quedó aislado en la región, hasta que reabrió el Congreso.

Lo mismo debe ocurrir con Maduro, quien desconoce la Asamblea Nacional porque tiene mayoría opositora y obstruye el referéndum revocatorio que se aprobó, mediante un "estado de excepción" que le otorga varios poderes dictatoriales.

Si el gobierno retrasa el referéndum hasta el 10 de enero, la oposición sacaría del cargo a Maduro, pero no al chavismo, porque no habría elecciones anticipadas, sino la asunción de un vicepresidente designado por él.

Maduro viola la Constitución, anula al poder legislativo y desconoce la voluntad popular.

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