LA BITÁCORA

El giro del reino hacia el belicismo

Cuando Mohamed bin Salmán se siente en el trono, se convertirá en el rey más joven del país que creó su abuelo. Posiblemente, se convertirá también en el impulsor de la transformación más importante que haya experimentado Arabia Saudita en toda su historia.

Con sólo 31 años lo declararon sucesor y, teniendo en cuenta la frágil salud de su anciano padre, Salmán bin Abdulaziz al Saud, seguramente será "Rey, Guardián de los Santos Lugares y Jefe de la Casa Saud" antes de cumplir cuarenta. De todos modos, los cambios que lleva tiempo impulsando a la sombra del trono de su progenitor, no tienen que ver con su generación (será el primer monarca que no es hijo sino nieto de Abdulaziz, el fundador del reino), sino con imposiciones de la realidad.

Todos los jeques de la Península Arábiga están obligados a hacer, tarde o temprano, a lo que hizo el emir de Dubai. Como las reservas petroleras de su pequeño emirato serán las primeras en agotarse, Mohamed bin Rashid al Maktum tuvo la idea de crear una ciudad ultramoderna que sea Meca global del turismo.

Las reservas sauditas son oceánicas, pero las energías renovables avanzan inexorablemente. Por eso el heredero elaboró un vasto plan de transformación que diversificará una economía exclusivamente basada en el petróleo.

Pero ese cambio no modificará de manera significativa el oscurantismo medieval que caracteriza al reino de la familia Saud. Con el próximo rey seguirá imperando el wahabismo, la vertiente teológica más cerrada del Islam, impulsada en el siglo XVIII por uno de los fundadores de la dinastía: Muhamad bin Abd al Wahab.

El cambio que ya empezó con Mohamed como ministro de Defensa, es la conversión del reino en una activa potencia militar. Fue el príncipe heredero quien la involucró de lleno en la guerra de Yemén.

Otra demostración del giro hacia la beligerancia fue la dura cuarentena que impuso a Qatar, para castigar el acercamiento del emir Tamim bin Hamad al Thani a la teocracia de los ayatolas persas.

Mohamed impulsa el giro al belicismo para cerrar todos los pasos a la influencia iraní en tierras árabes. Ya sea combatiendo a los chiitas hutíes del Yemén o luchando en la región del Levante contra el Hizbolá libanés, el ejército de Bashar al Asad y las milicias chiitas iraquíes.

El hijo del rey Salmán está tan convencido como su padre del carácter "herético" que el wahabismo atribuye al chiismo. Pero está aún más decidido a llevar la confrontación con Irán, la máxima potencia chiita, al terreno de la guerra directa.

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