Aung San Suu Ky

En la década del '90 ganó el Nobel de la Paz, hoy juntan firmas para revocárselo

La Consejera de Estado de Birmania fue premiada por su lucha por la democracia en su país; hoy es responsabilizada por su inacción ante la matanza de musulmanes rohinyás a manos del Ejército.

Aung San Suu Kyi ganó el Nobel de la Paz en 1991. Foto: Reuters.
Aung San Suu Kyi ganó el Nobel de la Paz en 1991. Foto: Reuters.

La más que centenaria historia de los nobeles de la Paz está salpicada de galardonados como la birmana Aung San Suu Kyi que, ensalzados durante un tiempo, acabaron defraudando las enormes esperanzas que habían generado.

Cada mes de octubre, los anuncios del comité Nobel noruego suelen causar protestas más o menos virulentas y, en algunos casos, debates exaltados. Pocas son las personas elegidas que suscitan unanimidad, pero Aung San Suu Kyi era una de ellas.

La "Dama de Rangún" recibió en 1991 el Premio Nobel de la Paz por su resistencia prodemocrática frente a la junta militar que dirigía Birmania.

Pero, más de dos décadas después, la actual Consejera de Esatado y líder de facto del país, es objeto de numerosas críticas por su inacción ante la campaña de su ejército contra la minoría musulmana rohinyá, que la ONU calificó de "limpieza étnica".

"Estoy decepcionado", admite Geir Lundestad, que fue secretario del comité Nobel entre 1990 y 2014. "Aung San Suu Kyi era una galardonada extremadamente popular y meritoria, heroica, dadas las circunstancias, pero no puedo aprobar su comportamiento respecto a los rohinyás".

Cerca de 430.000 personas han firmado una petición online para reclamar la revocación del premio, y varios nobeles de la Paz como Desmond Tutu o el Dalái lama Tenzin Gyatso han criticado públicamente a la líder birmana.

A principios de septiembre, la ONU dio la voz de alarma sobre la situación en Birmania (Myanmar), donde unos 300.000 miembros de la minoría musulmana rohinyá huyeron a Bangladesh, instando a Aung San Suu Kyi a "movilizarse" ante la crisis.

Los miembros de esa minoría llevan décadas instalados en Birmania, un país de mayoría budista donde se les niega la ciudadanía y en el que las autoridades religiosas los consideran inmigrantes ilegales de Bangladesh.

Musulmanes denuncian un "genocidio rohinyá" en Birmania. Foto:
Foto: AFP.

El actual éxodo de esa minoría es consecuencia de la violencia desatada en el estado occidental de Rakáin, donde el ejército birmano lanzó a finales de agosto una operación tras varios ataques de los rebeldes del Ejército de Salvación Rohinyá de Arakán (ESRA) contra comisarías.

La relatora especial de la ONU en Birmania, Yanghee Lee, aseguró a la AFP que más de un millar de personas, sobre todo rohinyás, podrían haber muerto desde el inicio de los disturbios.

Exhortó asimismo a la premio Nobel de la Paz a "mostrarle al mundo que aquello por lo que luchó era una Birmania libre y democrática".

"Creo que ésta va a ser una de las peores catástrofes que el mundo y Birmania vieron en los últimos años", añadió Yanghee Lee, que lamentó la ausencia de acceso al estado de Rakáin.

Discriminación y pobreza extrema.

En Birmania, los rohinyás "no tienen acceso a los derechos fundamentales como la libertad de movimiento, el derecho a la educación y al trabajo", recordó ACNUR, que instó al gobierno birmano a permitir su regreso "de forma segura y digna".

Desde 2011, cuando se disolvió la junta militar que dirigió Birmania durante casi medio siglo, han aumentado las tensiones intercomunitarias en el país asiático, atizadas por el poderoso movimiento 969 de monjes budistas nacionalistas.

En mayo de 2012, tres hombres violaron y asesinaron a una joven budista en Rakáin. Dos de ellos fueron detenidos y condenados a muerte, mientras que el tercero se suicidó.

Seis días después del crimen, budistas asaltaron un autobús donde viajaban 10 líderes musulmanes que fueron apaleados hasta la muerte. Desde entonces se sucedieron los ataques.

Varios niños rohinyás han muerto a manos de los monjes del Movimiento 969. Foto: AFP.
Varios niños rohinyás han muerto a manos de los monjes del Movimiento 969. Foto: AFP.

El abad del monasterio de Ooyinm, U Jotika, dijo en 2013 que los rohinyás "son inmigrantes ilegales venidos de Bangladesh con los británicos" que "no son capaces de coexistir en paz". Afirmó que "pagan a las mujeres locales para que se casen con ellos y se conviertan al islam. Y luego tienen muchos más hijos" que los locales de Rakáin, lo que "resta recursos a la población nativa".

"Además", continuó el abad, "son una comunidad violenta y endogámica que busca la segregación del resto de religiones".

Acusaciones.

La situación de Aung San Suu Kyi "es dramática", dice el historiador del Nobel, Asle Sveen. "Que una persona que luchó tanto por la democracia y ha sido tanto tiempo popular se encuentre en semejante situación, es algo poco usual".

Poco usual, pero no inédito. Otros nobeles perdieron parte de su popularidad tras recibir el premio.

Uno de ellos fue el expresidente estadounidense Barack Obama. Su elección como Premio Nobel de la Paz en 2009, tan solo nueve meses después de su llegada a la Casa Blanca, suscitó cierta incredulidad, aunque todavía gozaba de una gran popularidad en aquel momento.

Ocho años después, muchos siguen pidiendo, sobre todo en las redes sociales, que se le retire el premio.

"Era imposible para cualquiera estar a la altura de las expectativas generadas. Eran totalmente irrealistas", afirma Lundestad. "No creo que el comité se esperara a que Obama revolucionara totalmente la política internacional: no se trata de cambiarlo todo, sino de avanzar en la buena dirección".

Barack Obama. Foto: AFP
Foto: AFP.

Otros premiados fueron blanco de acusaciones más graves, como el exlíder histórico del sindicato polaco Solidaridad, Lech Walesa.

El premio Nobel de la Paz de 1983 es objeto de denuncias persistentes sobre su supuesta colaboración con los servicios secretos comunistas. Walesa, que niega esas acusaciones, amenazó en 2009 con abandonar Polonia y devolver el premio.

Lech Walesa en Venezuela, en 2016. Foto: Reuters.
Lech Walesa en Venezuela, en 2016. Foto: Reuters.

Décadas antes, el pacifista italiano Ernesto Moneta fue criticado por apoyar la entrada en guerra de su país contra el Imperio Otomano en 1911, cuatro años después de recibir el Nobel.

La austriaca Bertha von Suttner, una íntima amiga de Alfred Nobel, que recibió el premio de la Paz en 1905, propuso que Moneta perdiera su galardón y sus títulos en el movimiento pacifista, recuerda el historiador Ivar Libaek en el libro colectivo "Cien años por la paz".

'Ninguno es perfecto'

Tras la Segunda Guerra Mundial, hubo dos casos en los que la elección del Nobel de la Paz fue tan controvertida que algunos de los cinco miembros del comité dimitieron.

Dos renunciaron en 1973 cuando el dúo formado por el secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger y el representante de Vietnam del Norte Le Duc Tho obtuvo el galardón por firmar una tregua efímera en la guerra de Vietnam.

En 1994, un miembro renunció para protestar contra el premio otorgado al palestino Yaser Arafat junto con los israelíes Shimon Peres e Isaac Rabin, un año después de la firma de los Acuerdos de Oslo.

Le Duc Tho no aceptó el premio, mientras que Kissinger no concurrió a buscarlo a Oslo por temor a manifestaciones de protesta.

Henry Kissinger fue secretario de Estado de Estados Unidos entre 1973 y 1977. Foto: AFP.
Henry Kissinger fue secretario de Estado de Estados Unidos entre 1973 y 1977. Foto: AFP.

Kissinger amagó con devolverlo en 1975, pero el comité rechazó categóricamente la propuesta. El estatuto de la Fundación Nobel no admite la devolución del galardón ni tampoco la revocación del premio.

"Ninguno de los premios Nobel es perfecto", opina Lundestad. "Muchos sienten sin duda la responsabilidad de ser ejemplares pero, una vez entregado el premio, el comité no puede hacer nada".

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