LA BITÁCORA

Filadelfia y la sombra de Putin

Los demócratas pudieron cerrar su fractura interna, a pesar de que un sorpresivo sismo político con epicentro en Wikileaks amenazó con una profunda ruptura. Hasta la Convención de Filadelfia, Bernie Sanders estaba dispuesto sólo a un tibio apoyo a la postulación de su vencedora.

Era tan calculadamente tibio ese apoyo, que dejaba a sus seguidores un guiño para votar a la candidata del izquierdista Partido Verde, Jill Stein.

Pero sobrevino el sismo de la revelación de los miles de mails mostrando que la cúpula partidaria había apoyado a Hillary Clinton en las primarias. Sanders halló una razón para victimizarse y patear el tablero. Pero a renglón seguido, el FBI y otras fuentes de inteligencia señalaron que el presidente de Rusia había usado al ex KGB para obtener y dar a Wikileaks la información. Y como la excelente sintonía entre Vladimir Putin y Donald Trump está a la vista, si Sanders se victimizaba, le hacía el juego a Putin, que estaba intentando favorecer a Trump. Ergo, no sólo tuvo que guardarse sus quejas, sino decir en voz bien alta y en términos bien claros que los demócratas tienen que votar a Hillary y que la ex secretaria de Estado es una "gran candidata".

Hasta Hollywood había expuesto la fractura demócrata a través de dos grandes actrices. Meryl Streep respaldó enfáticamente a Hillary, mientras que Susan Sarandon parecía preferir que Sanders haga lo que hizo Ted Cruz en la convención republicana: negar su apoyo al candidato ungido por la mayoría de los delegados.

Sarandon habría preferido que Bernie Sanders diera la orden de emigrar los votos hacia Jill Stein y su pequeño partido ecologista. Pero si esa hubiera sido la intención del senador por Vermont, la jugada de Wikileaks y la sombra de Vladimir Putin le cortaron el paso.

Pastorear votos hacia el diminuto corral de Stein implica abrirle a Trump la puerta del Despacho Oval. La fractura demócrata había quedado remendada.

Pero también el polémico candidato republicano tuvo que entablillar el quebrado apoyo del partido de los conservadores. Ted Cruz había pateado el tablero al criticarlo y negarle su apoyo, en el discurso que dio durante la convención partidaria realizada en Cleveland. Y Cruz representa el ala fundamentalista del conservadurismo americano.

Para evitar el quiebre total, Trump eligió como compañero de fórmula a Mike Pence, el recalcitrante y religioso gobernador de Indiana.

Falta ver cuál de las dos fracturas internas, la demócrata y la republicana, resiste la pulseada final por el sillón que deja Obama.

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